Si se convierte en el candidato del Centro Democrático participaría en una consulta interpartidista amplia en marzo de 2022, para llevar un aspirante único y fuerte a la primera vuelta presidencial en mayo.

Su carrera política empezó como concejal y alcalde de su municipio, Pensilvania (Caldas).

Por Juan Carlos Bermúdez

Editor General de Revista Alternativa

En la memoria de siete millones de colombianos está que escogieron en 2014 a Óscar Iván Zuluaga como su Presidente, pero el exministro de Hacienda caldense vio frustrada su llegada a la Casa de Nariño por el escándalo del llamado “hacker”, que le restó votos en la segunda vuelta y lo metió en un berenjenal judicial de siete años, en el cual ganó todas las batallas.

Sin embargo, dice que realmente esos siete años no fueron tiempo perdido porque pudo dialogar con muchos ciudadanos de todos los ámbitos, para entender la realidad de país y construir las propuestas que trae ahora con el firme propósito de ganar desde ceros la candidatura presidencial de su partido, el Centro Democrático, y construir una alianza amplia que salve al país de la amenaza socialista y lo rescaten de diversos problemas agravados por la pandemia. 

Sus primeras tres propuestas: generar dos millones de empleos dignos, crear una red de bienestar para los niños, y hacer por referendo las reformas a la política y la justicia para frenar la corrupción. 

Este fue el diálogo con Revista Alternativa.

Alternativa: Después de siete años de una batalla legal que no solo lo afectó a usted, sino a un amigo cercano y a su propio hijo, ¿cuál es su balance?

Óscar Iván Zuluaga: Primero, recordemos los hechos. En 2014 yo era candidato presidencial. Gané la primera vuelta. Y en medio de ese debate surgió el escándalo del supuesto hacker. Un escándalo que tenía como argumento principal que desde mi campaña queríamos chuzar e interferir las negociaciones en La Habana. El propósito de eso, como efectivamente se comprobó, era un montaje para desestabilizar mi campaña y evitar que yo ganara la Presidencia. Sin embargo, logré casi siete millones de votos en la segunda vuelta, pero ese hecho impidió que yo ganara. Terminé en el peor de los mundos porque judicializaron a mi hijo David, a Luis Alfonso Hoyos, a mi campaña, y a mí también de manera directa. Siete años después queda evidente la realidad judicial, la verdad. Se confirma el montaje. 

¿Quiénes, según usted, son los responsables de ese montaje?

Eso no fue otra cosa que una burda estrategia del fiscal Eduardo Montealegre con el almirante Álvaro Echandía, en ese momento en la Dirección de Inteligencia, con la complacencia del presidente Juan Manuel Santos, para afectar, como lo hicieron, mi campaña. Jamás en ninguna de las instancias judiciales se pudo demostrar que hubiéramos cometido delito alguno. No hubo una sola prueba de chuzadas al proceso en La Habana. Ganamos todas las batallas judiciales. Todas.

Le tengo temor a esa propuesta liderada por Petro de democracia plebiscitada, el modelo típico que tuvo la dictadura de Venezuela; a eso de estar azuzando a la ciudadanía para que desde las calles se imponga.

¿Y cómo se siente ahora?

Esa verdad judicial me fortalece, me devuelve la tranquilidad. Sobre todo, me permite mirar a los ojos a cada uno de los siete millones de colombianos que votaron por mí, que depositaron su confianza en mí, porque les puedo decir con total certeza que mi campaña, como lo dijimos desde el primer día, fue honorable y cumplió la ley.

De todos modos, fueron siete años sin mucha exposición pública. ¿Usted se ve arrancando de ceros o cree que, con los siete millones de votos que logró en 2014, tiene mucho camino andado?

Hay muchos que ya votaron por mí y me conocen, pero se sabe que en la política cada momento es distinto. Han cambiado muchas cosas y yo arranco con mucha humildad a someterme al partido como si estuviera comenzando de ceros, pero lo hago porque ese es mi talante. Soy un hombre de partido. Vamos a hacer este ejercicio de ideas con mis otros compañeros precandidatos. Yo espero ganarme esa nominación porque le estoy presentado a Colombia una propuesta para generar dos millones de empleos formales, dignos y bien remunerados. 

Zuluaga tiene hoy 62 años.

Pero va a necesitar más que el apoyo del Centro Democrático…

Con mis propuestas, espero no solo ganar la nominación del Centro Democrático, sino también liderar un proceso, con otros sectores sociales y políticos, para armar una gran alianza por nuestro país, que resuelva los problemas sociales de empleo, educación y pobreza; que piense mucho en la mujer y los jóvenes.

¿Cómo le gustaría que se definiera primero esa etapa de la candidatura dentro del Centro Democrático? 

No me preocupo por los detalles de la mecánica política. Me someto a lo que decida el partido. Para mí la política es escuchar a la ciudadanía y reunirme con diferentes actores de la sociedad para avanzar en las propuestas que requiere un país con muchos desafíos.

A propósito, ¿qué desafíos le preocupan más?

Los de la pandemia. En 15 meses hemos retrocedido 15 años en propuesta social. Eso es dramático. Lo que hemos visto en las expresiones de la propuesta pacífica es tremendo. La ciudadanía esta hastiada de la corrupción. Colombia no resiste más desigualdades y desequilibrios. Tenemos que reaccionar porque lo que está en riesgo es la democracia. Hemos perdido la confianza de los ciudadanos. El 80 %, según recientes encuestas, no cree en nada: ni en la justicia, ni en la política. No se siente representado. Se ha debilitado el apoyo al sector privado. Hay un estado de desesperanza.

Al presentar su aspiración frente al empresariado, usted habló de una propuesta innovadora, incluyente y que permita consensos. ¿Qué innovaciones haría? 

Por ejemplo, acabar con el impuesto del 4 x 1.000. Ese recaudo se puede compensar ahorrando en gasto burocrático y parando despilfarros del gobierno. Dar ejemplo construye confianza ciudadana. Imagínese la trascendencia de eliminar ese impuesto fastidioso para la pequeña y mediana empresa, para los hogares y las familias. Otras propuestas: hagamos realidad la reducción del Congreso y de los salarios de los congresistas; acabemos entidades como las contralorías departamentales y municipales. Y hay algo central para mí: una red de bienestar social para los niños y niñas entre los cero y los cinco años. Ahí nos jugamos el presente y el futuro de nuestra sociedad. No hay una política de más equidad que decirles a las mamás: el Estado le garantiza que va a educar y a cuidar a cada uno de sus hijos y sus hijas. Ahí es donde nos la tenemos que jugar a fondo.

Esperar a la primera vuelta para hacer una alianza sería un riesgo altísimo. En marzo debemos tener un solo candidato.

Voy al tema de los consensos. ¿Son consensos en la coalición amplia que quiere formar a su alrededor o incluso con la izquierda?

Va en dos direcciones. Una, la propuesta central que yo estoy haciendo es un acuerdo sobre lo fundamental entre ciudadanos, no entre políticos, para enfrentar la corrupción. Y eso está en dos reformas: la de la política y la de la justicia. Llevamos 20 años y no hemos podido hacer esa tarea. Lo diferente ahora sería que, si yo gano la Presidencia, tendría el mandato ciudadano y la legitimidad para que se convoque al pueblo a través de un referendo para hacer esas dos reformas que recuperarían la confianza de la ciudadanía y que marcarían un camino para fortalecer nuestra democracia. Ese es un acuerdo de todos, sin exclusiones, porque no hay ideologías.

Zuluaga se dedicó durante siete años a oír a colombianos de todas las condiciones.

¿Y cuáles serían los otros?

Es generar una alianza con sectores afines desde el punto de vista político y de visión de Estado para poder perfilar un candidato único. Es construir una alianza alrededor de los dos millones de empleos dignos y bien remunerados, de priorizar la primera infancia, del combate al gasto burocrático, de reformas que ataquen la informalidad y permitan generar inversión y crecimiento económico, de crear un modelo de transformación productiva.

¿A quiénes ve dentro de la alianza que plantea y a quiénes no?

Hay un punto de partida: Centro Democrático, Partido Conservador, grupos cristianos. Y entrarían personas como Federico Gutiérrez y Enrique Peñalosa, más Cambio Radical y el Partido de la U. Hay muchas coincidencias entre varios actores que hoy son visibles en la política alrededor de un modelo de país con libertades, empresa privada, estrategia para resolver la pobreza, crear empleo, etc.

¿Cómo se sacaría de todos ellos un candidato?

Lo más sano es hacer una consulta interpartidista en marzo del año entrante y llegar con un solo candidato a la primera vuelta. Un candidato fuerte, con representación, de discurso amplio y comprometido con un programa para gobernar a Colombia, incluso por varios periodos, porque allá hay mucha participación de líderes muy valiosos. 

¿Ahí cabrían también algunos amigos del centro y del centroizquierda que defienden el acuerdo de paz?

Ellos han planteado una coalición distinta. Ahí tenemos diferencias profundas. Lo importante es agrupar estos actores con los cuales tendríamos la munición suficiente para ganar la Presidencia.

Pero usted, por lo que ha dicho públicamente, quiere pasar la página del acuerdo de paz. ¿Es así?

En 2014 fui quien enfrentó esa negociación en Cuba. Siempre dijimos que era un mal acuerdo. Yo sufrí los rigores de ese acuerdo cuando mi campaña fue víctima del montaje. Luego vino el plebiscito. Lo ganó el No y nos hicieron trampa. Nos impusieron un acuerdo, supuestamente nuevo, con un pupitrazo en el Congreso y luego la Corte Constitucional lo refrendó. Dicho esto, yo planteo que hoy la situación del país, atribuible en gran parte a la pandemia, amerita que nos concentremos en dar solución a una problemática social y económica muy delicada, a una pérdida de confianza ciudadana muy grande, a un problema de corrupción muy serio. Eso hace que, desde el punto de vista político, práctico, no sea conveniente ni viable hablar, por ejemplo, de acabar la JEP o de retroceder y desconocer los acuerdos firmados. 

¿Pero reformas sí? 

Buscaría recoger tres temas que han sido fundamentales para el Centro Democrático. Primero, la necesidad inaplazable de fumigar, de hacer erradicación aérea. El narcotráfico es el gran cáncer de nuestra sociedad y el financiador del terrorismo. A Colombia ingresan, en promedio, entre 8.000 y 10.000 millones de dólares al año para financiar organizaciones criminales. Las disidencias de las FARC y el ELN hoy están aliadas con el narcotráfico para crear células de terrorismo urbano. El segundo punto sustancial tiene que ver con quienes han cometido crímenes atroces y delitos de lesa humanidad: no pueden llegar al Congreso. Eso debería ser de conciencia propia de los cabecillas de las FARC involucrados en tales actos. Así se daría una señal en el sentido correcto. Y el tercer punto es una sala especial para el juzgamiento de los militares. No podemos igualarlos con quienes cometieron acciones terroristas aliados con el narcotráfico. 

¿Cree, como otros, que en estas elecciones estará en juego la institucionalidad democrática del país? 

Sin duda, nos jugamos el país. Hay el riesgo de que llegue una izquierda populista y radical, un socialismo que pueda comprometer las libertades. Libertad que debe tener una familia para escoger el colegio para sus hijos. Libertad para que una persona pueda escoger en qué empresa quiere trabajar. Libertad para emprender. Eso no se puede perder y tenemos una corriente socialista con propósitos diferentes. Lo demostró en el Paro incitando a la violencia y al bloqueo; generando odio y diferencias de clase.

¿Le tiene temor a la izquierda de Gustavo Petro?

Le tengo temor a esa propuesta liderada por Petro de democracia plebiscitada, el modelo típico que tuvo la dictadura de Venezuela; a eso de estar azuzando a la ciudadanía para que desde las calles se imponga. Nos lo hizo ver durante el Paro con sus mensajes en redes sociales y demás. Sus actuaciones son una señal de alerta. Esta elección sí es un debate de fondo para el país. Está en juego la libertad, el tipo de país y de democracia que queremos defender y sostener. Por eso tengo tanto interés en participar en este debate político y liderar con estas propuestas una gran alianza para evitar que eso le ocurra a Colombia. Y el espejo hoy está en Perú con Pedro Castillo. Hay que tener un enorme cuidado porque ese riesgo lo tenemos con lo que está en juego en 2022. 

Usted dice que Petro puede ser un Pedro Castillo, pero otros lo ven como el expresidente Lula, menos radical…

No, yo le tengo mucho temor porque Lula no ha sido un hombre de odios de clase, Petro sí. Lo ha dicho, lo vimos cuando fue Alcalde de Bogotá en sus decisiones. Desde el primer día de este gobierno, Petro montó una oposición sobre la base de la protesta, de hacer imposible la gobernabilidad del presidente Iván Duque. Ahí se ve que su talante no es democrático. 

Hay políticos que quieren dejar las alianzas para después de la primera vuelta. ¿Podría ser tardío?

Esperar a la primera vuelta para hacer una alianza sería un riesgo altísimo. En marzo debemos tener un solo candidato. Eso fue lo que no hicieron los peruanos. Tampoco lo hicieron en Ecuador y estuvieron muy cerca de no pasar a la segunda vuelta. Si pensamos en el país, hay que actuar con grandeza y con espíritu de unión para tratar de encontrar fórmulas y una propuesta que realmente nos unifique y nos haga llegar fuertes a esa primera vuelta. 

Álvaro Uribe lo tuvo como ministro de Hacienda en su segundo periodo presidencial.

¿Esa grandeza es fácil de encontrar en medio de tantos intereses personales?

Es la responsabilidad de quienes actuamos en política. Yo respondo por lo que pienso. Por eso estoy buscando ser el candidato del Centro Democrático, para contribuir en la definición de esa propuesta. Mire la importancia de la elección del 20 de julio de la vicepresidencia en el Senado. Ese es un hecho que jamás había ocurrido en el Congreso. El voto en blanco derrotó al candidato petrista Gustavo Bolívar, conocido por su actitud en la protesta y en el Paro, y su desprecio permanente por el propio Congreso. Esa fue la demostración de que se puede cuando una sociedad se une alrededor de una causa. Es una señal para construir una alianza y tener un solo candidato.

¿Cómo ve al Centro Democrático internamente? 

La pandemia ha afectado mucho la presencia activa. Éramos un partido en contacto permanente con la gente. Así fue el gobierno del presidente Álvaro Uribe. Yo espero que este debate de la elección del candidato permita volver a reencontrarnos con esa base. Tenemos que armar unas buenas listas a Senado y Cámara, en las cuales por primera vez no estará la figura de Uribe. Será un gran desafío sostener esas votaciones tan importantes y la vocación del poder del partido, y construir la alianza para 2022.

En 2014 y en 2018 el Centro Democrático era alternativa de poder. Esta vez tendrá el desgaste natural de cuatro años de un gobierno que tuvo desafíos tan grandes como este de la pandemia. ¿Cómo neutralizar el efecto del desgaste? 

Eso le ocurre a todo gobierno, pero hay cosas positivas para rescatar y harán parte del discurso de campaña. Habrá que reconocer errores como en todo, pero aquí la mirada es hacia adelante: cómo vamos a construir una visión para el próximo año y más, a partir de esta unión de distintos sectores sociales y políticos, que incluso –la mayoría– están acompañando a este gobierno desde el Congreso. 

Hacia adelante hay un año más de Duque. ¿Qué esperaría usted del gobierno en este último tramo?

Este año vamos a tener una muy buena noticia en crecimiento económico. Eso le da un ánimo importante al país y muestra que la economía tiene capacidad de resistencia. Yo espero que se apruebe la reforma fiscal cuanto antes, para dar un mensaje claro, no solo a los programas sociales, sino también a los mercados, a los inversionistas. También viene una etapa muy importante de culminación de proyectos en materia de infraestructura, como las vías terciarias, y se van a mostrar resultados en el tema de la diversificación de energías limpias. Yo espero que este ejercicio de autoridad de los últimos meses, cuando se han capturado más de 125 personas miembros de la Primera Línea comprometidos en acciones terroristas, continúe para demostrar que cuando se actúa de manera preventiva, con inteligencia, se evitan muchos de los problemas que hubo en las protestas de mayo y junio.