Por Jorge Lesmes M. / Editor general revista Alternativa

El proceso electoral que se avecina marcará un punto de inflexión en un país polarizado como nunca antes, con el gobierno del presidente Duque en la recta final y que ha trazado su hoja de ruta apostándole a vacunar 35 millones de colombianos durante 2021, con una reactivación económica que despega lenta y a la que se le atraviesa el posible palo de la reforma tributaria y, en medio de los dos extremos políticos —la izquierda y la derecha—, un abanico de candidatos con pasado en partidos tradicionales, que buscan a un electorado cada vez más esquivo y preocupado por la situación de inseguridad, desempleo y pobreza

El diario La República se ha caracterizado, a lo largo de los años, por mantener una línea ponderada, conservadora y centrada en los temas económicos, en especial, del país. Sus editoriales son de lectura obligada para el empresariado colombiano por los profundos análisis que presenta y que, por lo general, evitan caer en la confrontación política. Por esa razón sorprendió a los lectores y al país económico con el titular del pasado 25 de marzo, “Borrar con el codo lo que se hace con la mano”, respecto a uno de los temas más polémicos de las últimas semanas: el proyecto de reforma tributaria que llegó al Congreso después del descanso de la Semana Mayor. 

Palabras más, palabras menos, el editorial señala que si el ministro de Hacienda, Alberto Carrasquilla, insiste en duplicar el impuesto al patrimonio, “no solo incurre en una emboscada tributaria, sino que genera una estampida de capitales”. Semanas atrás, en otro editorial, el periódico le sugirió al Gobierno que, por la difícil situación económica causada por la pandemia, no era hora de presentar una reforma que apretaría aún más el cinturón de las empresas y de los ciudadanos de a pie, porque había otras vías para cubrir el gasto fiscal por cuenta de la pandemia y cuadrar caja por medio de la venta tanto de ISA como de los bienes incautados al narcotráfico.

Los nervios crispados de los editorialistas de La República son un reflejo general de lo que está viviendo el país. La pregunta constante que surge en los foros virtuales y en las reuniones empresariales por Zoom es ¿para dónde vamos? ¿Qué gobernante se va a elegir en mayo de 2022 y hacia a dónde va a conducir el país? 

Por lo pronto, la polarización política ha llevado a una situación de extremos, que se acentúa con gran preocupación de cara a un año electoral y desembocará en la elección de un nuevo Congreso y un nuevo inquilino en la Casa de Nariño. Para los analistas, la suerte del próximo mandatario está ligada a dos temas fundamentales: vacunación masiva contra la covid-19, que conduzca a la inmunidad de rebaño, y reactivación económica, para rescatar el empleo y salvar de la ruina a cientos de negocios y empresas. 

No obstante, las aguas están muy agitadas. Existe la percepción de un enorme descontento en los sectores sociales por el alto índice de desempleo que originó el cierre de numerosos almacenes y compañías, por cuenta de un año de pandemia y cuarentenas. La economía informal la conforman más de 8 millones de ciudadanos que carecen de seguridad social y sus ingresos provienen del rebusque diario. A ello se suma la incertidumbre por el plan de vacunación, pues va muy lento —tan solo se ha inoculado a poco más de un millón de personas—, mientras se teme por la tercera ola de un virus que ha mutado y causa estragos en varios países de Europa. 

A esos males se añade la inseguridad en las principales ciudades, la cual es tema recurrente en la primera plana de los medios de comunicación. Solo en Bogotá, en el último mes, ha habido veintitrés casos de sicariato, balaceras en las principales avenidas a plena luz del día y estructuras criminales especializadas en robo de relojes de alta gama, bicicletas y celulares, y saqueos de viviendas. Frente a esta crispación de inseguridad, la alcaldesa Claudia López se ha limitado a responder que es una cuestión “más de percepción que de realidad de aumento de las cifras de robos”.

Hay una enorme tensión popular que hierve a fuego lento en una olla a presión a punto de estallar, como ocurrió en los meses previos a la pandemia, cuando la protesta social se tomó las calles y generó todo tipo de vandalismo y enfrentamientos con la fuerza pública que dejaron muertos de lado y lado. 

Petro: el hueso a roer

Las elecciones del próximo año son, hoy por hoy, el principal detonante de la alta tensión que vive Colombia. Una vez más, como hace cuatro años, los extremos políticos, representados por la extrema derecha y la extrema izquierda, enfrentan un pugilato de mutuas acusaciones, con frases de grueso calibre y en la hoguera infinita de las redes sociales que, en lugar de construir, ha provocado una enorme confusión entre los ciudadanos, que ya no saben a quién creerle. La virulencia de las redes sociales es uno de los matoneos políticos nunca visto, en donde todo vale. 

Gustavo Petro, el jefe de la Colombia Humana, es, sin duda alguna, el hueso duro de roer en la próxima contienda electoral que se llevará a cabo en mayo del próximo año, pero que desde ya tiene enfrentados a los partidos políticos y a sus jefes naturales. La última encuesta, realizada por el Centro Nacional de Consultoría y publicada el pasado 24 de marzo por la revista Semana, confirma el liderazgo del hombre fuerte de la Colombia Humana. Ante la pregunta: “Si las elecciones para presidente fueran hoy, ¿por quién votaría?”, Petro dobla en intención de voto a sus demás contrincantes. Para los analistas el tema político hasta ahora está despegando y todavía falta mucho por recorrer y si bien Petro lidera, otra será la situación en segunda vuelta. Pero también existen los análisis que señalan que el inconformismo social puede llevar a que todo se defina en la primera vuelta electoral. 

En esa maraña infinita en la que se convierte la elección presidencial, para la primera vuelta existe más de una docena de candidatos ubicada en la franja del centro, que busca convertirse en la opción fuerte para darle la pelea al exguerrillero del M-19, quien ha abierto la puerta para que políticos de otros sectores y con diferentes ideologías lleguen a su movimiento y lo presenten como una candidatura diversa, incluyente, que espante los miedos y los fantasmas referentes a que el país en sus manos iría directamente hacia el castrochavismo. 

Pero el cambio de bando de políticos como Roy Barreras, que ha pasado por Cambio Radical y el Partido de la U, o Armando Benedetti, quien enfrenta hoy un proceso ante la Corte Suprema de Justicia porque no encuentra justificación patrimonial por más de 3000 millones de pesos en sus cuentas bancarias, no es suficiente para calmar las aguas de un empresariado del sector económico cada vez más preocupado por la situación política y por la lenta reactivación económica en medio de la pandemia.

En estos tres largos años como jefe de la oposición, Gustavo Petro ha sido más un político incendiario, constructor de propuestas populistas. Durante las marchas sociales fue un provocador de los disturbios que ocasionaron vandalismo en Bogotá. Las redes sociales, donde se mueve como pez en el agua, han sido su trinchera para atacar sin piedad a sus posibles rivales: Sergio Fajardo, Federico Gutiérrez, Alex Char y, por supuesto, su archienemigo Álvaro Uribe Vélez. Su discurso ha sido de extrema izquierda, igual al que llevó a Hugo Chávez a la Presidencia de Venezuela. Ahora mira también hacia México, donde López Obrador ofrece soluciones para todo y finalmente no se compromete con ninguna, con su populismo rampante de que toda riqueza es corrupta. 

Un centro sin centro 

El crecimiento en las encuestas políticas de Petro no solo se debe a su discurso populista y de soluciones para todos los problemas. También es, en buena medida, por la carencia de líderes políticos que tengan formación de estadistas, como lo requiere un país como Colombia, tan complejo en todos sus temas: narcotráfico, guerrilla, paramilitarismo, pobreza extrema, carencia de empleo e inseguridad, los cuales marcan una galopante agenda que requiere experiencia para dirigir el barco y no zozobrar en la primera tormenta. 

El nuevo mapa político de cara a 2022 ha llevado a una serie de candidatos a matricularse en el espectro del centro; el problema de muchos de ellos es que vienen de la izquierda o de la derecha y a ese centro está llegando una maraña de aspirantes que, a la hora de la verdad, en lugar de mostrar un panorama claro, con programas políticos que atraigan simpatizantes, lo han convertido en una torre de Babel. 

Ahí confluyen, entre otros, los exalcaldes Sergio Fajardo, Federico Gutiérrez, Enrique Peñalosa y Alex Char.. Todos ellos con rótulos de independientes, pero con un pasado reciente en el que estuvieron cobijados por los partidos políticos de siempre. 

Al otro lado del extremo político se mantiene Álvaro Uribe Vélez, el jefe natural del partido de Gobierno que busca darle continuidad al Centro Democrático en la Casa de Nariño. Tiene un enorme desafío por delante para encontrar un candidato que recoja las banderas de un movimiento que está fraccionado por dentro. El ala fuerte del Centro Democrático no se ve reflejada en el presidente Duque, quien también se ha declarado un hombre de extremo centro. 

Los coqueteos con el Partido Conservador, con el exvicepresidente Germán Vargas y con Alex Char, un verdadero poder en la costa Caribe, van de aquí para allá por parte de Uribe, que busca con afán un candidato que le dé la suficiente tranquilidad de enfrentar al otro extremo político, representado por Petro.

Hay quienes afirman que, si el jefe político del Centro Democrático no encuentra la horma del zapato, echará mano de su hijo Tomás Uribe, un joven empresario que solo ha olido la política que se respira en su casa paterna las veinticuatro horas del día. 

A paso lento 

Los problemas de liderazgo político de la tradicional clase dirigente están irremediablemente atados a la situación que se vive hoy por cuenta de un año de pandemia. Han sido más de 365 días de incertidumbre; de un golpe seco contra las economías empresariales y familiares; de pérdidas enormes de empleos, y de una galopante pobreza, lo que conforma una bomba que puede estallar en mil pedazos. 

Buena parte de la solución para enfrentar la reactivación económica está en vacunar cuanto antes a 35 millones de colombianos y alcanzar la inmunidad de rebaño, pero como sucede en varios países latinoamericanos y tercermundistas, la inoculación va muy lenta. Las vacunas compradas se cuentan por millones, pero las dosis llegan al país a cuentagotas. Simbólicamente, el presidente Duque celebró la vacuna un millón que se aplicó en el brazo de un colombiano. Al mismo tiempo que comenzó la inoculación en Colombia se inició el proceso masivo en Estados Unidos, que ya supera los 120 millones y se espera que, para dentro de treinta días, se alcancen los 200 millones de personas vacunas contra la covid-19.

Si bien el problema de la lentitud de la vacunación tiene que ver con la distribución inequitativa que han hecho las grandes farmacéuticas, en el plano político la ciudadanía le pasa la factura al Gobierno, y le exige celeridad y que permita que los privados vacunen a sus empleados, un tema en el que ya se han dado los primeros pasos. Pero el problema vuelve al mismo punto: ¿de dónde van a sacar las vacunas? 

La reforma 

Quizás el reto más grande que enfrenta el último tramo del gobierno del presidente Duque es conseguir los recursos para seguir ayudando a soportar la economía del país, mientras se impulsa la reactivación. Para ello se requieren más de 20 billones de pesos en las arcas del Estado. 

El Gobierno cree que esos fondos se consiguen vía reforma tributaria, pero el solo nombre hace fruncir el ceño de empresarios que consideran que el palo no está para cucharas y que no hay de dónde sacar para un impuesto más. 

Ese mismo ceño fruncido está en los millones de colombianos que atraviesan por una situación económica dramática, en especial, la clase media, que ha soportado como pocos el impacto económico de la pandemia. 

La medida busca, entre otros, gravar insumos, que hace encarecer la canasta familiar, y elevar el impuesto del patrimonio del 1 % al 3 %. El duro término “emboscada tributaria”, del editorial de La República, tiene que ver con la modernización tributaria de 2019, que ofreció traer capitales del extranjero, legalizarlos sin penalidad e invertirlos en empresa e impulsar nuevos emprendimientos. Ahora se busca, en cuestión de meses, castigarlos con más impuestos. Y eso, para los expertos, no tiene otro nombre que generar inseguridad tributaria. 

Además de las fuertes críticas que ha recibido el articulado de la reforma tributaria por parte de los gremios, se afirma que el Gobierno hizo oídos sordos a los expertos en el tema, quienes manifestaron que, en tiempos electorales de Congreso, una reforma con la que van a clavar a los electores es, por lo general, archivada antes de tiempo, lo que sería un golpe político muy fuerte para el presidente Duque. 

A ello hay que sumarle que la oposición, en especial, Gustavo Petro, se abanderó del propósito de no permitir que los productos de la canasta familiar fueran gravados con IVA del 19 %, un tema que la comisión de expertos ha recomendado en reiteradas oportunidades al equipo económico en cabeza del ministro Carrasquilla. Al final, el Gobierno reculó y señaló que la canasta familiar se mantendría como estaba, pero pretende poner impuesto a los insumos. Resultado: el valor final de los productos tenderá al alza. 

Calles inseguras 

La tensión en las calles de las principales ciudades del país es notoria. Los índices de inseguridad se han disparado de manera alarmante. Un reciente estudio de la Cámara de Comercio de Bogotá halló que el 76 % de los ciudadanos considera que la inseguridad aumentó durante la pandemia en relación con 2019. Las bandas especializadas en robos de relojes de alta gama y bicicletas, y saqueo de apartamentos han sofisticado su modo de operar, sin que las autoridades puedan contrarrestarlas de manera efectiva. 

Los expertos sostienen que el aumento de la inseguridad en las calles está más relacionado con la órbita de la política criminal. De las 240 000 capturas realizadas el año pasado, 90 000 criminales tenían antecedentes penales. Se encontraron casos en los que delincuentes registraban entre cuarenta y setenta arrestos por los mismos delitos. Por esa razón, la reforma a la justicia se hace indispensable, pero durante estos tres largos años de Gobierno no ha sido posible sacar adelante el proyecto, que tampoco ha tenido suficiente eco en el Congreso de la República. 

Después de los días santos se avecinan tiempos de tormenta. El expresidente Uribe, la figura más representativa de la derecha en el país, espera la decisión de la justicia sobre el caso que pasó por la Corte Suprema de Justicia, donde provocó un vendaval de tal fuerza que arrasó con su curul en el Congreso y de ahí saltó a la Fiscalía General de la Nación, que no encontró mérito para continuar una investigación penal. Un juez de la República tendrá que decidir si el proceso llega a su fin o si, por el contrario, continúa.

La decisión no ha estado exenta de un virulento ataque de la oposición y de un enfrentamiento verbal mediante las redes sociales, que polarizan aún más esta contienda electoral, presagios que el periódico El País, de España, denominó “Un polvorín llamado Colombia”.