Mientras Petro claramente no tiene rival en la izquierda radical, el centro y la derecha aún no consolidan ni candidaturas ni alianzas.

Gustavo Petro, desde hace más de un año, viene punteando en las encuestas sobre preferencias entre los posibles candidatos a la Presidencia. Y con clara diferencia.

En algún momento estuvo cerca del 40 por ciento de las preferencias, pero especialmente después del paro nacional de abril, mayo y junio pasados, del cual fue uno de los impulsores, bajó a niveles alrededor del 25 por ciento. En todo caso su porcentaje ha estado muy por encima de sus potenciales rivales, entre los cuales el líder ha sido Sergio Fajardo, con una cifra que se ha movido entre el 5 y el 12 por ciento.

¿Cómo se explica la situación? Con sus 8 millones en la segunda vuelta presidencial del 2018, Petro no solo se situó como la opción clara de la izquierda para el 2022 sino que se puso en campaña desde el primer día del gobierno Duque, al que le declaró una oposición férrea y le pronosticó cuatro años de protestas que él mismo ha  promovido.

Su identificación como gran jefe de la oposición lo hicieron receptor de los beneficios políticos de las dificultades del gobierno, incluida por supuesto la crisis de la pandemia que motivo el paro nacional. Petro moviliza sindicatos, organizaciones populares, dirigencia índigena y afrodescendiente, y grupos juveniles; concentra a casi toda la izquierda, incluida gran parte de la guerrilla desmovilizada.

El caso Fajardo

Y mientras Petro ha trabajado su proyecto durante los últimos tres años largos, tratando incluso de captar fuerzas de centroizquierda de todo pelambre alrededor de la defensa del Acuerdo de Paz, las fuerzas distintas de centro y derecha se han mantenido disgregadas y sin proyectar figuras poderosas que le hagan contrapeso en el escenario de la opinión pública.

Fajardo, quien es el otro precandidato con una carrera electoral larga y podría haber tomado las banderas de la oposición de centro, no ha tenido el escenario del Congreso como Petro: ni ha tenido curul ni se puede decir que ha tenido bancada. Y, además, ha sido más tímido a la hora de la crítica al Ejecutivo de Duque. Ha sido más crítica del gobierno su aliada Claudia López, quien en la Alcaldía de Bogotá tiene un escenario de mayor visibilidad.

Hoy Fajardo, llamado por su trayectoria a tener menos diferencias con Petro en las encuestas, es uno más de los aspirantes a la candidatura de la Coalición de la Esperanza, con poca ventaja sobre sus aliados, lo cual indica que no les sacó todo el provecho a sus 4,6 millones de votos de la primera vuelta presidencial del 2018.

Han surgido liderazgos nuevos como el de Juan Manuel Galán, quien está en la Coalición de la Esperanza y tiene un apellido poderoso, y el exministro Alejandro Gaviria, quien está hoy por fuera y tendría la estructura partidista liberal detrás.

En todo caso, ni Fajardo ni Galán ni Gaviria marcarán lo suficiente para acercarse a Petro mientras sigan compitiendo por los mismos votos. Tendrían que definir uno de ellos como candidato para acortar distancias.

La derecha en el poder

Entre tanto, la derecha ha mantenido sus liderazgos más prominentes en dos figuras: el expresidente Álvaro Uribe, quien puede jugar políticamente pero no ser opción presidencial, y el presidente Iván Duque, quien está en el poder y no puede aspirar a la reelección. Y a lo largo del cuatrienio, ni dentro del Centro Democrático (CD) ni entre sus aliados se proyectó una figura que pudiera identificarse claramente como el heredero del testigo, al menos de la coaliación del CD-Partido Conservador.

Eso dejó al Centro Democrático en el escenario de cinco políticos, unos cercanos al gobierno del presidente Duque, otras más bien críticos, peleándose una nominación presidencial. Quien gane tendría dos opciones: hacer una candidatura radical de derecha, confiando en ganarse el voto contra la izquierda radical -y con el riesgo de perder el voto moderado de derecha- o construir una coalición de centroderecha amplia -inclusos con fuerzas independientes que han colaborado con el Gobierno, por ejemplo- para intentar sostenerse en el poder.

Cuando el CD defina su candidato y su línea de acción, las diferencias con Petro deben empezar a acortarse en la encuestas, pero se debe reducir más cuando se concreten las coaliciones de derecha y de centro, antes o después de las elecciones legislativas, en las cuales se esperan que haya consultas interpartidistas para facilitarlas

Queda el interrogante sobre si será suficiente para ‘voltear las cifras’ antes de la primera vuelta presidencial. Si eso no es posible, quien quede segundo en la primera vuelta presidencial de mayo, bien sea el candidato de la derecha o el candidato del centro, tendrá que  ganarse el voto en contra de la izquierda radical para vencer.