Por: JULIO E VILLARREAL N.
Director del Departamento de Ingeniería Industrial de la Universidad de los Andes, profesor adjunto de la
Universidad Nacional

Los hechos soportados en cifras son contundentes, la devaluación del peso frente al dólar americano es las más alta de Latinoamérica en lo corrido del último mes (después de las elecciones presidenciales del 19 de junio). Ahora bien, en lo corrido del 2022, Colombia se mete en el podio junto a Argentina y Chile con devaluaciones de sus monedas de dos dígitos.

tiene que ver sin duda con el riesgo político que representan los gobiernos de turno de los mencionados países, que se eligieron con programas populistas que podrían terminar en una incapacidad real de los mismos para reducir el déficit fiscal, y para controlar la devaluación y concomitantemente la inflación.

Si bien es cierto que la devaluación de las monedas frente al dólar americano es un fenómeno global, la media general está alrededor del 5%. La explicación de este fortalecimiento de la moneda de la Unión Americana se explica por la dinámica del mercado y la tendencia natural de los inversionistas en épocas de crisis de refugiarse en activos que son percibidos como menos volátiles y riesgosos. Como suele suceder, los factores que explican el nerviosismo del mercado cambiario son multidimensionales, pero quizás sea útil precisar en beneficio de entender la coyuntura al menos lo siguiente: 1. Presiones inflacionarias a nivel global fuertemente impulsadas por los precios de la energía. 2. La estrategia de elevación de las tasas de interés de la Reserva Federal de los EE. UU. para el control de la inflación. 3. La incertidumbre sobre una posible recesión mundial que podría complicar la recuperación global pospandemia. 4. La caída relativa y reciente del precio internacional de algunos “commodities” claves en Latinoamérica como el petróleo o el cobre.

Ahora bien, en el caso de Chile, Argentina y Colombia un factor adicional, a mi juicio innegable, que se suma a la ya difícil situación global y que quizás explique parcialmente nuestro podio regional, tiene que ver sin duda con el riesgo político que representan los gobiernos de turno de los mencionados países, que se eligieron con programas populistas que podrían terminar en una incapacidad real de los mismos para reducir el déficit fiscal, y para controlar la devaluación y concomitantemente la inflación.

Por supuesto las propuestas de cambio no son en sí mismas y per se negativas, ni más faltaba, pero la devaluación más allá de la media internacional de estos tres países quizás sea un mensaje claro de la gran incertidumbre que generan hoy en día en los mercados, las propuestas políticas llamadas por algunos “progresistas” y por otros “populistas”.
El mercado nos está dando un mensaje claro: “es la incertidumbre política, idiota”.

Sin duda cambios profundos y estructurales, requieren de un análisis juicioso y unas propuestas claras, sustentadas y creíbles y que sean acompañadas social y económicamente por los diversos sectores de un país.

Esto es precisamente lo que los mercados no perciben, no hay claridad como dirían los matemáticos de álgebra matricial, en la dirección, sentido y longitud del vector de cambio. Así las cosas, los anuncios en caliente, no apoyados en datos y análisis serios, y altamente contradictorios, de muchos de los futuros miembros del gabinete, terminan siendo percibidos por los mercados como opiniones con alto contenido ideológico-político y no resultantes de análisis rigurosos.

Nuestros gobernantes deberían ser mucho más ponderados en lo que los precios del mercado les están gritando (es útil no olvidar que la tasa de cambio es un precio de mercado) y lo que ello significa en la necesidad de hacer propuestas realmente maduras, alimentadas por análisis técnicos basados en datos reales. La torre de Babel que hemos vivido en las últimas semanas con las declaraciones de los futuros miembros del gabinete del presidente Petro y algunos de los más altos asesores del nuevo gobierno, altamente contradictorias, poco claras e incluso apoyadas en una falta de conocimiento de nuestro sistema jurídico y nuestra institucionalidad administrativa, ha aumentado la incertidumbre de los mercados.

Esto parece ser un denominador común con lo que sucede en Chile con el enredado presidente Boric y en Argentina con las acciones erráticas del presidente Fernández.

El podio está claro y bien merecido. Los mercados simplemente reflejan, no solo las expectativas negativas provenientes de las condiciones externas, sino también e igualmente la alta incertidumbre que perciben los inversionistas sobre las propuestas de reforma a implementar por los respectivos gobiernos. Los datos de devaluación deberían entenderse como un termómetro poderoso de la duda que en este momento tienen los inversionistas de la real capacidad de los gobiernos de Colombia, Chile y Argentina de implementar sus programas reformistas sin desestabilizar el funcionamiento económico e institucional, profundizando inclusive la ya precaria situación fiscal, inflacionaria y cambiaria por la que se atraviesa.

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