Juan Manuel Galán, hijo del líder asesinado y cabeza del revivido Nuevo Liberalismo, se lanza a la Presidencia para hacer lo que su padre no pudo.

Juan Manuel Galán tiene 49 años. A los 17 vio morir a su padre.

Exactamente 32 años después del asesinato de Luis Carlos Galán en la plaza central de Soacha, su hijo Juan Manuel acaba de realizar un acto simbólico en el mismo lugar para tomar sus banderas y anunciar que intentará llegar a la Presidencia de la República con el propósito de hacer lo que el dirigente liberal no pudo.

“Juro por mi padre que jamás traicionaré a mi país y que llevaré sus ideales para convertirlos en la realidad que a él no lo dejaron construir”, dijo en el acto conmemorativo.

Solo unos pocos días antes del evento en Soacha, el Nuevo Liberalismo, la organización partidista disidente con la cual Galán padre construyó su carrera política, había recuperado su vida legal por un fallo de la Corte Constitucional.

 Y esa será la base sobre la cual Juan Manuel Galán, a los 49 años, buscará consolidar la suya, después de haber sido senador por 12, bajo el ala del Partido Liberal, dirigido por César Gaviria, el mismo hombre al que él, frente a la tumba de su padre, le entregó las banderas de su lucha y prácticamente lo ungió como presidente ante un país que no salía de la conmoción del magnicidio.

“Nosotros aspiramos a construir un liderazgo colectivo. No creemos en los liderazgos caudillistas, mesiánicos, populistas”.

Alternativa: ¿Para qué quiere ser Presidente de Colombia?

Juan Manuel Galán: Yo quiero ser Presidente para representar a la Colombia marginada, sin derechos, ni oportunidades y para que podamos liberar al país de la corrupción y el clientelismo, que hacen parte de ese bloqueo político que le impide avanzar hacia la modernidad.

Es lo mismo que quería hacer su padre, pero 32 años después. ¿El país no ha cambiado mucho?

No ha cambiado mucho en términos de su cultura política. Al contrario, ha habido una degradación de las prácticas políticas que la gente rechaza y que la indigna. Es la política como instrumento de enriquecimiento ilícito personal, como plataforma para hacer negocios con los derechos de la población, no con vocación de servicio ni de defensa del bien común. A nosotros nos anima poder construir una nueva cultura política en Colombia. Por supuesto, de la mano de las regiones.

¿Su candidatura es también una rebelión contra el centralismo?

Ese centralismo asfixiante tiene a las regiones atropelladas, indignadas, sin capacidad de ser dueñas de su destino y del destino de los recursos y dineros que necesitan para modernizarse y progresar. Tenemos un reto muy grande y es construir un país que tenga un sentido de nación; que los colombianos nos sintamos colombianos, no solamente cuando nos ponemos la camiseta de la Selección Colombia para ver un partido, sino colombianos cuando compartimos valores comunes, un territorio, una cultura. Compartimos, además, la necesidad de construir acuerdos para adelantar las reformas que nos permitan tener una sociedad más justa, más equitativa, moderna e incluyente; y en donde cada colombiano se sienta respetado, representado y con oportunidades y derechos.

Usted habla de “liberar al país” de la corrupción. Todos los candidatos hablan del tema y dicen tener una fórmula. ¿Cuál es la de este nuevo galanismo?

Lo primero es que nosotros aspiramos a construir un liderazgo colectivo. No creemos en los liderazgos caudillistas, mesiánicos, populistas. Eso hace parte de la transformación de nuestra cultura política: aprender a trabajar en equipo, entender que la responsabilidad de los problemas que vive Colombia es compartida, colectiva. Las soluciones de Colombia no van a llegar de un presidente o de un gobierno ni van a llegar de un grupo de personas. Van a llegar en la medida en que los colombianos adquiramos conciencia de que somos parte del problema, pero podemos ser parte de la solución si aprendemos a construir acuerdos y, sobre todo, a cumplirlos, porque la única manera de construir confianza es cumpliendo los acuerdos. 

¿Pero cómo es su plan contra la corrupción?

Primero hay que garantizar que la justicia actúe a tiempo para judicializar y recuperar dineros que se embolsillen los criminales y los corruptos. Por ejemplo, los 70.000 millones de pesos que están perdidos del proyecto del Ministerio de las TIC para los puntos de conectividad de las regiones hay que recuperarlos. Hay que establecer mecanismos y formas de recuperación para que esos recursos se les arrebaten a los corruptos y se puedan devolver al erario.

Sin embargo, hay que desarrollar también una cultura preventiva, porque no solamente es tratar el problema y sus consecuencias cuando ya se han presentado, sino buscar cuáles son las causas e identificarlas; estas son también de tipo cultural.  

¿Está planteando una revolución cultural contra la corrupción?

Tenemos que crear una cultura de la legalidad, de la rendición de cuentas, de la transparencia; una cultura, además, formada en el sentido ético del que debe revestirse la política. Es tener una conciencia crítica y analítica sobre quiénes nos van a representar en las instancias de poder, sobre cómo se eligen esos representantes, de dónde viene su financiación, qué intereses representan. Estamos preparando una propuesta a partir de estos temas relacionados con la corrupción y su caldo de cultivo, que es principalmente el clientelismo.

Luis Carlos Galán rechazaba el populismo. ¿Petro y Uribe son populistas para usted?

El ejercicio de la política debe ser sincero y honesto. Hay que decirles a los colombianos lo que necesitan saber para tomar decisiones libres y conscientes frente a la política, y no decirles lo que quieren oír, con discursos seductores, o que les prometen milagros y transformaciones de la noche a la mañana. Nada se va a transformar de un día para otro en Colombia. Hay que sentar las bases del proceso de transformación, pero en la medida en que nos involucremos todos los sectores que se sienten marginados del ejercicio de la política y les demos protagonismo y respeto. Vamos a construir una nueva nación, a liberar a Colombia de esa cultura del enfrentamiento y del pleito que no construye los acuerdos que necesitamos. 

El narcotráfico también genera corrupción y violencia. Su papá lo enfrentó y lo mataron. ¿Usted seguiría con la guerra contra el narcotráfico o tiene en mente algo distinto?

Tenemos que cambiar la política contra el narcotráfico y las drogas. Debemos enfocarnos en desmantelar las estructuras criminales que no solamente viven del flagelo, sino de la minería ilegal, de la trata de mujeres, de la deforestación, del robo de la tierra. Hay que buscar un política que tenga más sentido y esté fundamentada en la experiencia; una política que no siga victimizando a los más pobres, los campesinos, los jóvenes y los negros, quienes son los que están muriendo en esta guerra contra las drogas. 

¿Usted, entonces, no perseguiría a los cultivadores?

No podemos quedarnos en la idea falsa de que el problema de las drogas en Colombia se reduce al número de hectáreas de hoja cultivada, sino que también hay que tratar temas de insumos y precursores químicos que permiten transformar la hoja en cocaína.

Un insumo muy importante es la gasolina. Para producir un kilo de cocaína se necesitan 75 galones de este combustible. Y hoy en Colombia hay un control muy pobre por parte del Ministerio de Minas y Energía, y de la autoridades competentes, sobre esa gasolina que se vende en esa zonas donde están asentados los cultivos ilícitos y los laboratorios. En Barbacoas (Nariño) hay 32.000 habitantes y 39 estaciones de gasolina. Tumaco tiene una estación de gasolina en plena selva rodeada de laboratorios y narcocultivos de hoja de coca, que vende más gasolina que la estación con más tráfico en Bogotá.

¿Qué hacer con la extradición?

También hay que revisarla. No para acabar con ella, pero sí para entender que pasó de ser un disuasivo en la década de los 80 y se convirtió en un atractivo para los narcotraficantes, que la buscan, se llevan todos los bienes acumulados ilícitamente con violencia y corrupción para entregárselos a la justicia estadounidense y con eso negocian unas penas cortas y salen ellos y sus familias con visa estadounidense a disfrutar ricos y limpios de pecados y crímenes. Y aquí nos quedamos con la criminalidad, la violencia y la corrupción. 

En vez de seguir con la guerra contra el narcotráfico, ¿usted no iría donde el presidente de Estados Unidos a pedirle que lidere la legalización de las drogas para acabar ese negocio?

Nosotros queremos establecer un nuevo diálogo con el Congreso y el Gobierno de Estados Unidos para analizar estas realidades y buscar alternativas en relación con la política de drogas, con base en las lecciones aprendidas. 

¿Por qué cree que, en medio de esa polarización, la Coalición de la Esperanza, de la que usted hace parte, puede tener una candidatura viable?

Estamos en el proceso de construir una tercera opción para Colombia y es una invitación a que construyamos unos acuerdos que respetemos y cumplamos, para darle al país una esperanza de transformación y de cambio democrático institucional. El cambio del establecimiento corrupto y clientelista por las vías de las democracia, sin acatar a las instituciones cuando a mí me son favorables y me convienen, y descalificándolas cuando toman decisiones que no nos convienen. 

El Nuevo Liberalismo nació como una disidencia del Partido Liberal. Su papá volvió cuando vio la Presidencia cerca. ¿Esta vez, con este Nuevo Liberalismo, ya no va a pasar eso? 

En esa época lo que hubo fue un engaño a Luis Carlos Galán porque él fue de buena fe a los acuerdos de la unión liberal y le incumplieron con la reforma constitucional que terminó hundida en el Congreso por un mico para hacer un referendo sobre la extradición, y no lo dejaron llegar vivo a la consulta. En su asesinato estuvieron involucrados miembros del Partido Liberal, incluido Alberto Santofimio Botero. Nosotros lo que queremos es construir un nuevo pensamiento liberal identificado con la justicia social y la igualdad plena de derechos.

¿En qué términos está su relación con César Gaviria, a quien usted impulsó hacia la Presidencia y de quien se distanció luego?

En el Partido Liberal, como en todos los partidos, hay gente valiosa con la cual hay que construir un diálogo y construir acuerdos.