El proyecto impositivo del nuevo jefe de la cartera de Hacienda se enfoca en lograr estabilidad social, estabilidad de las finanzas públicas y crecimiento. “Los protagonistas deben ser los más pudientes y no se debe tocar el bolsillo de la clase media”, dice.

El nuevo ministro de Hacienda, José Manuel Restrepo, fue rector de la Universidad del Rosario y del Cesa, antes de entrar al Gobierno.

José Manuel Restrepo afirma que no tenía entre sus sueños ser ministro de Hacienda, pero la reforma tributaria mal calculada y fuertemente rechazada del ministro Alberto Carrasquilla llevó al presidente Iván Duque a trasladar a Restrepo desde el Ministerio de Comercio, Industria y Turismo, para que, con sus virtudes de negociador y conciliador, saque adelante un proyecto de reemplazo bautizado “reforma social”, con una expectativa de recaudo bastante menor: 14 billones de pesos.

Este economista rosarino, acabado de formar en universidades británicas, llega a Hacienda con la satisfacción de haberles dado un impulso fuerte a muchos sectores empresariales en dos años y ocho meses de gestión en su cargo anterior. “Para mi satisfacción, logramos las cifras de crecimiento de industria y de comercio más altas en 30 años”, exclama.     

Ahora, le toca cuadrar lo mejor que se pueda las cuentas fiscales y fortalecer los programas sociales derivados de la emergencia sanitaria, para darles un respiro a los más afectados por la crisis y poner       a crecer la economía de nuevo. Esto nos contó sobre su estrategia.

Alternativa: ¿Será fácil, en medio de los problemas de la vacunación, las protestas y demás, recuperar la senda de crecimiento, ministro?

Nosotros estimábamos que el primer trimestre seguramente estaría cercano al 0 % y fue 1,1 %;      eso ha sido un gran logro. Pese a todas las dificultades, está claro para nosotros que Colombia este año debe estar creciendo por encima del 5 %, y el próximo año tiene que estar creciendo al 4 o 4,3 %. Sería algo muy importante porque de alguna manera recuperaríamos lo perdido con la pandemia.

Usted llega al cargo en un momento especial y con un encargo clave: sacar adelante la reforma fiscal que reemplace la fallida del ministro Carrasquilla. Usted dice que buscará un consenso. ¿Cómo va a lograrlo?

Este es un momento en el cual debemos tener en el país un sentido de grandeza. Debemos ser capaces, no de quedarnos en la orilla del puente, sino de recorrerlo y encontrarnos en la mitad. En primer lugar, todos debemos ser conscientes de que hay muchas personas que sufrieron adversidades gigantes durante la pandemia, lo que nos dejó más pobreza, más desempleo, más destrucción de tejido empresarial. Y hay unos más vulnerables a esos impactos: los informales que vivían del día a día; los jóvenes que no tienen la posibilidad de acceder a un primer empleo o de entrar a la educación superior; las mujeres mayores de 40 años que también perdieron su empleo; y los micro y pequeños empresarios, que tienen dificultades enormes. Esas preocupaciones sociales deben ser objeto del interés de todos. La salida de un escenario tan difícil como la pandemia tenemos que lograrla jalando a aquellos que se han quedado más atrás. Hay que acudir al sentido de la solidaridad.

Restrepo hizo un balance positivo de su gestión en la cartera de Comercio, donde pudo dar un impulso fuerte a varios sectores productivos antes de la llegada de la pandemia.

¿De quiénes, especialmente?

Los sectores más pudientes deben ser los protagonistas, como lo han querido ser, para que los menos pudientes puedan tener esas oportunidades que perdieron. En eso hay, al menos, unas líneas de consenso con algo adicional: que no se puede afectar a la clase media, también muy vulnerable como resultado de la pandemia. 

Usted de entrada bajó a la mitad las pretensiones de la reforma, unos 14 billones de pesos. ¿No le parece que llegará con muy poco margen para negociar en un Congreso que suele peluquear estos proyectos?

El consenso también se debe lograr con los actores políticos del Congreso. Es necesario que comprendan nuestros tres propósitos: encontrar estabilidad social con programas sociales. Segundo, la estabilidad fiscal. El país tiene que mostrarles a los mercados internacionales un sano equilibrio en sus finanzas públicas. Y tercero, la reactivación del crecimiento. Si uno es consciente de esos tres propósitos, puede armonizarlos. ¿Cómo lograr un equilibrio entre lo uno y lo otro? Eso debe ser parte de la discusión con los actores del Congreso.

¿No teme que gravar a las empresas y a los más pudientes, desestimule la inversión y estimule la salida de capitales?

Lo que más desestimularía la inversión sería la inestabilidad social. Los actos vandálicos y los cierres de vías que hemos visto recientemente, y que deben ser rechazados, desestimulan más que cualquier otra cosa. Nuestra primera responsabilidad es garantizar la paz y la estabilidad social. Ese es el primer camino para atraer y generar inversiones. También generaría mucha inestabilidad en la inversión el hecho de que el país no envíe un mensaje de tranquilidad en sus finanzas públicas a los mercados internacionales. 

El lado social de la reforma incluye la compensación por el IVA, el ingreso solidario, el programa de apoyo al empleo formal… ¿Cuánto costará todo eso y qué tan sostenible puede ser en el tiempo?

Ahí es donde tenemos que lograr el equilibrio y aplicar ingeniería a los recursos de los que podamos disponer. Habrá unos programas sociales que tendrán continuidad y otros serán temporales, solo de aplicación en momentos de emergencia. Siendo así el panorama, necesitaremos recursos para solventar tanto los unos como los otros. 

“Este es un momento en el que debemos tener en el país un sentido de grandeza… La salida de un escenario tan difícil como la pandemia tenemos que lograrla jalando a aquellos que se han quedado más atrás”.

El comité del paro quiere una renta básica de un salario mínimo mensual, más o menos. ¿Eso es realista? 

Una renta básica de emergencia la podemos lograr, pero a una renta básica permanente le tendríamos que encontrar fuentes de financiación de largo plazo. Colombia tiene hoy una serie de necesidades de largo plazo, justamente porque su realidad fiscal está desequilibrada en el largo plazo. Hay que analizar si existe, con esta ingeniería que acabo de mencionar, la posibilidad de financiarlo o no. 

El Gobierno ya dijo que el próximo semestre habrá gratuidad en la educación superior para los estratos 1, 2 y 3, pero también indicó que quiere volver esa medida una política de Estado. ¿Esto es realmente posible?

Se debe encontrar una fuente de financiación a largo plazo para poder mantener esa política de Estado. Creo que esta es muy importante porque contribuiría al desarrollo de capacidades de nuestro talento humano y permitiría que el país tuviera una particular oportunidad de ser más productivo y de generar más empresa, pero de nuevo, como en otros casos similares, lo que necesitaríamos allí es encontrar una fuente de financiación de largo plazo.

Algo que podría ayudar sería la venta de más activos del Estado. ¿Usted ve posibilidades más allá de la parte pendiente de vender de Ecopetrol y la venta de ISA?

Hemos venido avanzando en la optimización de los activos financieros y los de propiedad de la Nación; y allí entra la decisión de Ecopetrol-ISA. Además, están los esfuerzos que se vienen haciendo a través del Grupo Bicentenario para tratar de ser más eficientes con los activos de la Nación. Hay que avanzar también, en la misma dirección, en el tema de las electrificadoras. Estas son las fuentes más significativas. La mayoría de ellas están incluidas en el marco fiscal de mediano plazo, pero hay que materializarlas.

El ministro pidió a sus funcionarios estudiar todas las posibilidades de generar austeridad en el Estado. 

En materia de austeridad del Estado, ¿realmente vamos a ver una reducción solo en el plano del gasto en celulares, en escoltas y en arrendamientos, o podemos pensar en que habrá una reestructuración con eliminación y fusión de entidades?

Hay una realidad y es que el 80 % de nuestro presupuesto nacional es inflexible a la baja porque está atado a decisiones constitucionales o se refiere a transferencias territoriales y a pagos de servicio de la deuda. Hay otra parte que puede ser flexible y es ahí donde tenemos que enviar un mensaje fuerte. Por ello, la primera petición que le hice al equipo del Ministerio de Hacienda fue avanzar en una propuesta para ser más eficientes en el gasto, que pudiera incluir temas como los que usted señala. Hay un costo gigante entre el momento en que se tiene un peso en el presupuesto y cuando ese peso se convierte en un bien o en la prestación de un servicio. Hay muchos costos operativos. En eso debemos ser más eficientes, como también en la litigiosidad del Estado. Hay que optimizar los costos de arrendamiento, porque muchas entidades del Estado están pagando cánones muy elevados en zonas muy costosas de las ciudades. Evidentemente, también los gastos de viáticos, dada la virtualidad que trajo la pandemia, no deberían ser los mismos. 

¿Y en cuanto al tamaño del Estado?

Creo que hay que enviar también un mensaje contundente del compromiso del Gobierno para lograr hacer más eficientes las entidades que tenemos y hacer un estudio detallado sobre las entidades que se necesitan y las que no. 

A usted el Congreso le va a pedir resultados contra la evasión tributaria. ¿En cuánto cree que puede bajarla como parte de los compromisos que vendrán con la reforma?

Una reforma social como esta tiene que ir atada a un esfuerzo en materia de lucha contra la evasión fiscal. Tenemos que lograr que esta le genere al fisco anualmente el equivalente al 1,1 % del Producto Interno Bruto (PIB). Esto se deriva del trabajo que hace la DIAN en lo que a modernización, control activo de identificación de potenciales contribuyentes, uso de nuevas tecnologías (el tema de big data también debe entrar en ese esfuerzo), y aceleración de la implementación de la factura electrónica se refiere. 

Usar las reservas internacionales y renegociar la deuda son dos de las propuestas que están por ahí rodando, incluso por la gente que ha liderado el paro. ¿Cuál de ellas le parece menos mala?

Tenemos que ser conscientes de que las ideas tienen que preservar la estabilidad fiscal y la política monetaria. Algunas de estas decisiones requerirían aprobación unánime por parte de la junta directiva del Banco de la República, y su gerente ha sido muy claro al decir que debemos ser cuidadosos con la estabilidad de esa política. En tal sentido, él mismo ha señalado que en este momento no es viable la posibilidad de ese, llamémoslo así, crédito directo del Banco. Yo respeto esa posición del gerente y creo que debemos ser conscientes de que es un mecanismo de última instancia. 

La reforma se va a tramitar en medio de una campaña electoral ya abierta. ¿Cómo va a neutralizar ese factor para que no afecte al proyecto?

Esa es una realidad que se suma también al llamado a la grandeza. Los problemas sociales siguen allí vigentes y no podemos ser indiferentes a ellos, a pesar de las elecciones; tampoco a nuestra estabilidad fiscal y al mensaje de los mercados internacionales, a pesar de las elecciones. Seguramente, sí es atípico presentarlo de cara a una elección, pero también ha sido atípico el impacto de una pandemia. Y cuando uno se enfrenta a situaciones atípicas, tiene que dar respuestas atípicas también.

Hablando de respuestas atípicas, ¿usted ya se reunió con la gente de la oposición y potenciales candidatos presidenciales?

Tengo programado reuniones no solo con actores de los partidos de gobierno e independientes, sino también con los de oposición. Yo me reuniría con todos los actores o líderes políticos que consideremos importantes para construir estos consensos. Cuando le dije a usted que, por principio general, este tipo de iniciativas y este momento de la historia del país requieren el concurso de todos, es así: requiere el concurso de todos.

Cuatro temas: desempleo, tasas de interés, crecimiento de la deuda e inflación. ¿Por cuál se preocupará más?

Diría mejor cuáles son, en mi opinión, claves. Yo creo que es clave la reducción del desempleo atada al crecimiento económico. Es indispensable lograr que con el crecimiento respondamos simultáneamente a dos problemas sociales: reducir pobreza y reducir desempleo. En segundo lugar, atender también a la población vulnerable. Eso en un momento típico seguramente no es igual, pero en momentos atípicos lo es. A los vulnerables también los necesitamos dentro de esta dinámica de crecimiento para que la economía también prospere desde la perspectiva de lo social. 

¿Y la inflación y las tasas de interés?

Afortunadamente, ahora el componente de la inflación está controlado, entre otras cosas porque cuando hay momentos difíciles no se ve severamente afectado. Y, por otra parte, el Banco de la República tiene un manejo de las tasas de interés que nos permite tener un espacio para el crecimiento de la economía. 

En el plano internacional, a usted – recién posesionado- le saltó la noticia de que Standard & Poor’s había bajado la calificación de riesgo de Colombia, y ahora para ellos, por lo menos, no estamos en la categoría de grado de inversión…

Ellos rebajaron un escalón la calificación de riesgo de Colombia ante la perspectiva de un ajuste fiscal más gradual y prolongado. Si bien esto puede subir los costos de financiamiento público y privado, como ya venía pasando en los mercados, el país seguirá obteniendo crédito. Sin embargo, hubo una segunda decisión importante: mejorar la perspectiva de Colombia de negativo a estable, con base en el crecimiento del primer trimestre (1,1 %) y en el acuerdo que se está construyendo para estabilizar las finanzas públicas.

El endeudamiento ya va por el 65 %…

Se subió muchísimo como resultado de la pandemia. Lo importante es que no siga elevándose porque eso genera un efecto “bola de nieve” que va agrandando el servicio y el monto de la deuda, y todo se volvería insostenible. 

Ministro, vuelvo al primer tema. ¿Usted cree realmente que, dadas las circunstancias que está viviendo hoy el país, el crecimiento del 5 o 6 % será real? 

No me cabe la menor duda que Colombia puede crecer no solo el 5, sino por encima de 5 en este año. Sí, es muy importante que seamos conscientes de no terminar dándonos un tiro en el pie con actos vandálicos y con cierres de vías, como los vistos recientemente en medio de una protesta social legítima, que afectaron la dinámica productiva del país.