Los días de confinamiento obligatorio han generado trastornos en la salud mental de las personas. Escuchar y hablar, dos ingredientes clave para superar estos tiempos difíciles

Suicidio y depresión, la otra epidemia tras la pandemia

Por Alejandra Meléndez

Periodista

@alemelendezg

Hubo un tiempo en el que un virus puso contra las cuerdas al mundo entero. Un virus que no discrimina raza, estatus social o ubicación geográfica. La gente sintió angustia, miedo, ansiedad y pánico. Hubo un tiempo en el que sin importar la zona horaria asomarse a la ventana era el único contacto con el exterior y a medida que pasaban las horas, los contagios aumentaban y la economía del mundo globalizado entró en cuidados intensivos. Cientos de empresas quebraron, las oficinas y colegios se volvieron pantallas portátiles y cualquier actividad que incluyera contacto humano se convirtió en un riesgo. Las personas evitaban acercarse a los demás y se cubrían los rostros con mascarillas. Hubo un tiempo en el que un virus nos recordó que somos vulnerables y tenemos los mismos temores.

En tiempos de crisis como los que supone la pandemia del coronavirus, la salud mental juega un papel importante a la hora de reaccionar y asumir este tipo de situaciones extremas en las que predomina la incertidumbre económica y un alto riesgo de padecer desequilibrios psicológicos, depresión y tendencia al suicidio.

El Secretario General de la ONU, António Guterres, presentó recientemente el informe de actuación sobre los efectos del Covid-19 en la salud mental, y destacó que las personas que corren mayor riesgo en la actualidad son los trabajadores sanitarios que laboran en primera línea, las personas mayores, los adolescentes y los jóvenes, las personas con afecciones de salud mental preexistentes y las que están atrapadas en conflictos y crisis.

Guterres hizo un llamado a todos los países a asumir compromisos ambiciosos a la hora de tratar enfermedades psicológicas, en el marco de un posible aumento de los suicidios y el abuso de drogas de ámbito mundial. “Debemos ayudarles y estar a su lado”, apuntó.

En la misma línea la directora del Departamento de Salud Mental y Consumo de Sustancias de la Organización Mundial de la Salud, Dévora Kestel, ha resaltado que durante las pasadas crisis económicas “aumentó el número de personas con problemas de salud mental, dando lugar a mayores tasas de suicidio”.

Frente a este panorama, Lucas Giner, psiquiatra del Departamento de Psiquiatría de la Universidad de Sevilla, advierte que “es muy probable que aumenten los suicidios por varios motivos, el principal es que también se espera un incremento de patología psiquiátrica afectiva (cuadros depresivos y ansiosos).

Suicidio y depresión, la otra epidemia tras la pandemia

En muchos casos, estas patologías serán consecuencia de la recesión que se espera, donde habrá dificultades económicas en muchas personas y pérdida de empleo. Giner añade que también hay otros factores que se relacionan con un posible incremento de suicidios, como son el aumento del consumo de alcohol, pérdida de familiares, secuelas del Covid-19, entre otros.

Desde que se declaró la pandemia del coronavirus, los ritmos de la vida cotidiana se han visto alterados en todo el mundo. Hay quienes han podido teletrabajar y seguir recibiendo sus ingresos, otros se han quedado sin trabajo o lo han perdido todo y viven días de angustia. Muchos han visto fallecer algún conocido o familiar por el Covid-19 y no se han podido despedir. Ha habido un miedo generalizado, una sensación de desconexión, de pérdida de sentido de la vida, de temor ante un futuro incierto. Muchos lo han expresado abiertamente y han buscado ayuda.

En España, uno de los países con mayor número de contagiados (253.056) y muertes (28.401) registradas a causa del coronavirus, la crisis sanitaria ha llevado a que muchas personas busquen apoyo por medio del Teléfono de la Esperanza, una asociación de voluntariado, dedicada a promover la salud emocional de las personas y, especialmente, de aquellas que se encuentran en situación de crisis.

El miedo al contagio y a quedarse sin trabajo, la soledad no deseada, constantes crisis de ansiedad y conflictos derivados de la convivencia familiar han sido los problemas más frecuentes que expresan con angustia quienes llaman.

Magdalena Pérez Trenado, psicóloga clínica, responsable del área de prevención del suicidio del Teléfono de la Esperanza, cuenta que durante el Estado de Alarma en España que duró más de tres meses, atendieron 47.401 llamadas (474 llamadas diarias), lo que supone un incremento de un 50 % sobre el número de intervenciones realizadas durante el mismo periodo del año anterior. De estas llamadas 5.737, un 12 %, han sido por motivos del Covid-19, es decir, llamadas cuya temática principal es la crisis emocional y psicológica por coronavirus.

“El rango mayor es el mismo que el que solemos tener habitualmente, personas entre 30 y 60 años que han supuesto más de un 70 %. No obstante, hemos recibido llamadas de jóvenes, un 4 % y sobre todo se han incrementado las llamadas de personas mayores, 7.664 llamadas, un 17 % cuando la media habitual no suele ser mayor del 5 %”, asegura Pérez Trenado.

Las llamadas relacionadas con una conducta suicida sumaron 1.834, es decir, un 4 % sobre el total, lo cual según la especialista, “supone un incremento de un 97 % en relación con las llamadas de la misma temática en el mismo período de tiempo del año anterior”.

Sin embargo, frente a la alerta que plantea la ONU del aumento de suicidios, Giner señala que “es realmente pronto para valorarlo’’. Las consecuencias económicas no han aparecido en su totalidad y será el momento en que muchas personas se vean sobrepasadas por la situación que están viviendo y no puedan gestionar la adversidad.

El tiempo determinará la evolución y los enormes cambios que suponen este evento histórico que ha captado la atención del mundo en los últimos meses. Similar a lo ocurrido desde la Segunda Guerra Mundial y la Gran Depresión.

¿Qué hacer para sobrellevar la crisis y ayudar a quienes tengan dificultades mentales o pensamientos suicidas? Gines puntualiza: cada persona es única.

Sabemos que más del 90 % de las personas que se suicidan padecían algún tipo de patología mental y estas tienen tratamiento. Tratar la patología de base y mejorar la situación afectiva de las personas que se están planteando suicidar suele evitar que se pase al acto. En la inmensa mayoría de los casos, el que tiene deseos de muerte o ideas de suicidio, suele comentarlo a familiares, amigos, médico… por lo que nunca hay que minusvalorar si alguien nos lo comenta.

Antes de la pandemia, la ONU ya ha advertido que los padecimientos psicológicos como la depresión y la ansiedad “constituyen algunas de las mayores causas de sufrimiento en nuestro mundo”. De ahí la importancia de prevenirlo, y hablar abiertamente del tema sin estigmas ni prejuicios.

Comprender y escuchar, según Pérez Trenado, son dos herramientas clave para ayudar a nuestros amigos, familiares y conocidos que puedan estar atravesando una crisis debido a las consecuencias de la pandemia. “Hay que normalizar el miedo en estas situaciones difíciles sin minimizar lo que está pasando, y ofrecer espacios para que la persona se exprese sin ser juzgada. Cuando se puede dar salida a lo que uno siente generalmente se produce una disminución de la tensión interna. Si la situación es muy difícil y la persona se siente desbordada es muy importante pedir ayuda especializada”.Suicidio y depresión, la otra epidemia tras la pandemia

En América Latina el virus continúa esparciéndose y las cifras aumentan cada día. Colombia suma más de 100 días de confinamiento y todavía se desconocen los efectos que dejará psicológicamente en las relaciones de pareja, con los hijos y en especial con el trabajo. Los expertos coinciden que son tiempos para cuidarnos y ser solidarios con quien necesita ayuda.

Recibe nuestro newsletter

Regístrate, y recibe las últimas noticias.

Te has registrado correctamente