Enrique Peñalosa, quien quiere ser Presidente como candidato de una alianza de exalcaldes y exgobernadores, se va lanza en ristre contra el líder de la izquierda radical y propone un acuerdo para que el país de un “salto enorme”.

Por Juan Carlos Bermúdez

Editor General de Revista Alternativa

El exalcalde Enrique Peñalosa acaba de lanzarse de nuevo en procura de una candidatura presidencial. Esta vez quiere buscarla dentro de una alianza con otros dos exalcaldes –Álex Char, de Barranquilla y Federico Gutiérrez, de Medellín– y a la cual podrían entrar más políticos regionales. 

En principio, los tres recorrerían el país juntos para presentar sus ideas y definirían el candidato en una consulta paralela a las elecciones de Congreso en marzo próximo. Peñalosa no quiere que los rotulen como de derecha o de izquierda, sino como “políticos prácticos que saben hacer cosas para mejorar la vida de la gente”. Sin embargo, su discurso ya tiene un blanco claro para atacar: el radicalismo de izquierda de Gustavo Petro.

¿Por qué, a punto de llegar a los 67 años, Peñalosa vuelve al ruedo electoral presidencial? Su respuesta es que Colombia está en un momento clave en el cual necesita optimismo y tomar conciencia de todo lo que ha avanzado y de las ventajas que tiene para “dar un salto enorme”. 

Alternativa: ¿Hacia dónde debe ser ese salto del país?

Enrique Peñalosa: No nos hemos dado cuenta de que estamos mucho más cerca de convertirnos en un país desarrollado. España tiene un ingreso per cápita de 42.000 dólares, aproximadamente, y Colombia, de unos USD$16.000. Si crecemos al 3 % anual en el ingreso per cápita, que no es nada del otro mundo, en 30 años podemos tener un ingreso per cápita, en términos de paridad de poder de compra, equivalente al que España tiene hoy. Colombia está en condiciones de dar ese salto.

¿Lo que usted quiere destacar es que no todo lo que tenemos es malo?

No, hemos avanzado mucho. Hay cosas que los jóvenes ni se alcanzan a imaginar. Colombia bajó la tasa de fecundidad enormemente en pocas décadas. Hace 25 años todos los ciudadanos de bajos ingresos en las ciudades cocinaban con cocinol, una gasolina de bajo octanaje, por la que tenían que hacer fila durante muchas horas en la calle; hoy tenemos gas natural por tubería. Hace 25 años, eso habría parecido tan difícil como poner un colombiano en la Luna en un cohete nacional. Hace 30 o 20 años para un campesino era inimaginable tener moto; hoy es algo cada vez más común. Y ni hablar de la revolución que los celulares han desatado.

Pero también falta mucho en educación. Ese es un reclamo de los jóvenes que protestan.

Por supuesto que falta mucho. Pero mire: en 1998, solo el 13 % de los jóvenes ingresaba a la educación superior. En 2019, apenas 20 años después, la cifra llegó al 52 %. No quiero decir que hoy esté bien todo, pero sí que tenemos las condiciones y enormes ventajas para ser ambiciosos.

¿Y cuáles son esas ventajas?

Por ejemplo, Barranquilla está más cerca a Nueva York que Ciudad de México, y contamos con un tratado de libre comercio. Y tenemos la oportunidad de aprovechar el nearshoring, que es el traslado de empresas proveedoras de Estados Unidos instaladas en Asia, a países más cercanos y confiables políticamente. Esa es una oportunidad muy grande para Colombia y no se puede dejar pasar. Estar cerca de los Estados Unidos es una ventaja muy potente, que México sí ha aprovechado con su inmensa industria de exportación y de turismo. Nosotros podemos hacer algo parecido. Yo me lanzo a la Presidencia precisamente porque quiero construir un proyecto de sociedad más ambiciosa que aproveche y potencialice sus grandiosas ventajas y sea más feliz.

¿El objetivo último es la felicidad?

Es algo muy difícil de definir e imposible de medir, pero no se nos debe olvidar que es lo único que importa. A mí me llama mucho la atención que en las mediciones anuales entre los países más felices hay algunos con climas complicados. Finlandia, el más feliz, Islandia, Dinamarca. Muchos de esos países son ricos y altamente igualitarios. Pero, más que en términos de ingreso per cápita, en términos de comportamientos sociales. Allá los ricos y los de menores ingresos se encuentran en el transporte público, en el supermercado o en una caminata ecológica. Allá el ministro o el presidente de una empresa se movilizan en bicicleta. 

¿Pero cómo cambiar esos comportamientos sociales?

Algo muy importante es que también son países donde se cumplen las normas. Aquí decimos “qué aburridos son los suizos” porque nosotros tenemos rumba hasta las 6 de la mañana. Y no. La gente es feliz cuando se siente segura al salir de noche, cuando no hay vivos que se cuelan en las filas. Podemos ser un país desarrollado no solo en términos de ingreso, sino también de conductas civilizadas.

Pero son cambios que toman muchos años…

Durante mi alcaldía, en Bogotá logramos reducir en 38 % la tasa de embarazos en mujeres menores de 18 años. Llegamos a tener más de 30.000 niños tomando clases de música organizadas por la Orquesta Filarmónica. Construimos los formidables Centros Felicidad con piscinas olímpicas, salones de música, etc. Construimos 1.500 parques, 170 canchas de fútbol en pasto sintético. Eso es vida civilizada: deporte, cultura, cumplimiento de normas, igualdad.

¿Cómo crear ese propósito común para los próximos 20 años?

Deberíamos tener un proceso masivo de educación para entender que hemos adoptado la propiedad privada y la economía de mercado no porque sea buena para los ricos, sino porque es la mejor manera de administrar los recursos de la sociedad para beneficio de todos. Si mañana expropiamos a las 20 personas más ricas de Colombia, al día siguiente mejora la distribución del ingreso. Sin embargo, nadie estaría mejor. No habría más empleo ni mejores salarios. Al revés, estaríamos peor porque unas empresas administradas por el gobierno no quedarían en manos del más capacitado, sino del mejor recomendado políticamente.

¿Su idea, entonces, es darle más espacio al sector privado?

Lo que realmente hacen los empresarios privados es administrar recursos de la sociedad. Hacen lo mismo que haría el Gobierno, solo que mucho mejor. El Gobierno por sí solo no logra que haya progreso. Más aún, su principal tarea es generar condiciones que propicien la inversión privada. Lo que genera más y mejores empleos, y eleva los indicadores sociales, es que haya más empresas: pequeñas, medianas o grandes; colombianas o extranjeras. Es la única manera. 

Algunos dicen que en las próximas elecciones presidenciales, con el avance de la izquierda, precisamente lo que va a estar en juego es la democracia y el capitalismo que conocemos.

Creo que en Colombia no se entiende qué significa izquierda y derecha. Por ejemplo, se asume que apoyar el acuerdo de Paz es izquierda; yo siempre apoyé el proceso y el acuerdo, y no creo que tenga nada que ver con la izquierda o la derecha. El concepto de “izquierda” comenzó en la asamblea posterior a la revolución francesa cuando los más radicales a favor de la igualdad se sentaron a la izquierda. Y la máxima igualdad que se ha buscado es el comunismo; pero este fracasó, no solo en el sentido de generar desarrollo económico y libertades, sino también en cuanto a la igualdad, porque en esos sistemas comunistas los burócratas del partido tenían toda clase de privilegios de los que no gozaban los demás ciudadanos. Nosotros seguimos aquí con unas concepciones anacrónicas de que más propiedad pública en las empresas produce más igualdad. Eso no funciona. A veces se necesita más Estado y a veces menos para que se produzca más bienestar para la sociedad.

¿Un ejemplo de dónde debe haber más intervención del Estado? 

Tiene que, por ejemplo, intervenir más en la tierra alrededor de las ciudades, porque hay un monopolio de unos pocos propietarios. Por eso, en Bogotá creé una reforma urbana: Metrovivienda, que en su momento compró por las buenas o expropiando una gran extensión de tierra para hacer vivienda popular. Otro caso: Transmilenio es un esquema mucho más estatizado que el del capitalismo salvaje de los buses anteriores que competían por pasajeros como locos. Yo he implementado esos esquemas más estatizantes porque creo que produce más igualdad y más eficiencia. 

Entonces, ¿considera que usted ha sido más de izquierda que Gustavo Petro, quien puede ser su rival en estas elecciones?

Si la izquierda es mejorar la vida de los más necesitados, soy mucho más de izquierda que Petro. En esta campaña hay una situación muy linda y es que Gustavo también fue alcalde de Bogotá. Entonces podremos comparar quién hizo más por el medio ambiente, la movilidad, la seguridad, la titulación de vivienda; quién hizo más colegios, parques y hospitales.

¿Hay que temerle a lo que Petro pueda hacer como presidente?

No es cuestión de temor. El problema es que Gustavo habla muy bien, pero no trabaja bien. Es un mal gobernante. Él, por ejemplo, hizo un desastre con el manejo de las basuras en Bogotá y tuvimos que pagar 72.000 millones de pesos como multa por eso. Trajo 278 camiones recolectores viejos cuando solo se necesitaban 102 buenos. Con el esquema nuevo que dejamos, la gente hoy ve camiones y canecas nuevas en la ciudad.

¿No le preocupa que Petro sea el candidato de Nicolás Maduro, como dicen?

No me asusta que Gustavo sea de izquierda o castro-chavista, etc. El punto es que él no produce resultados que le mejoren la vida a la gente. Cuando yo llegué, por ejemplo, las personas tenían que hacer fila desde las 3 de la madrugada en los hospitales para solicitar una cita con especialistas. Eso lo acabamos con un gran call center. Gustavo dejó Capital Salud, la EPS  del Distrito, totalmente quebrada. Debía más de 650.000 millones de pesos y había perdido $360.000 millones en su último año de administración. Nosotros la dejamos produciendo utilidades y prestando mucho mejor servicio. 

Gustavo no hizo nada por cambiar la flota de buses viejos y contaminantes de Transmilenio. Nosotros la renovamos totalmente, mayoritariamente con buses a gas y eléctricos. También contratamos el Metro. En el Bronx (zona en el centro de Bogotá) dejó una ‘república independiente del crimen’ a tres cuadras de la Alcaldía, con toda la degradación humana posible. Nosotros acabamos con eso. En cualquier campo que miremos hicimos más. 

¿Cómo cambiar eso en las encuestas que hoy favorecen a Gustavo Petro?

Estamos apenas comenzando y vamos a contarles a los ciudadanos todo lo que estoy diciendo. Nosotros inventamos las ciclorrutas e hicimos Transmilenio, que sí es generar igualdad, porque les quitamos espacio a los carros de los ciudadanos pudientes para dárselo al transporte de la mayoría. Eso sí es de izquierda, como lo es la construcción de 98 colegios o el programa de planteles por concesión, hechos por el Distrito y administrados por instituciones educativas privadas de alto nivel, lo que siempre arroja resultados académicos y sociales positivos.

Pese a eso, la izquierda radical sigue creciendo…

Lo asombroso es que lo que llaman izquierda no haya crecido más antes, si hay maestros como tantos de Fecode, tremendamente ideologizados, que llevan 50 años diciéndoles a los niños que los empresarios y los políticos son unos corruptos, y que este sistema es una porquería. Por eso insisto en la necesidad de que los ciudadanos entiendan por qué es mejor la economía de mercado y la democracia que tenemos. Si no, no hay legitimidad. Es imposible que un sistema funcione con una legitimidad tan baja como la de hoy, cuando tantos jóvenes piensan que todos los políticos, funcionarios y empresarios son unos corruptos.

A propósito, ¿qué haría usted en la Presidencia en materia de educación, que es un tema de mucho interés hoy en la agenda nacional?

Hay que pensar las mejores opciones de incrementar la calidad de la educación. No importa si son esquemas públicos, mixtos o privados. Es indispensable que la evaluación de los maestros dependa en gran medida del desempeño de los alumnos. Es esencial dar más importancia a la atención de los niños menores de 5 años en jardines de calidad. Algo que enseñó la pandemia es el potencial de la educación virtual como un complemento fundamental. Debemos lograr que todos los niños tengan computador y una buena conexión a internet. Hay mecanismos con programas sofisticados para que tengan una educación personalizada y que cada uno avance a su propio ritmo, con el apoyo de los maestros. En la educación superior hoy la tecnología permite tener a los mejores profesores del mundo dictando clases y ampliar muchísimo la cobertura. Todo, obviamente, no puede ser así, pero se puede hacer una combinación de posibilidades y eso mejorará la calidad. 

¿Qué otras cosas “revolucionarias” haría?

Es fundamental que sigamos haciendo obras de infraestructura, para conectar bien a Colombia. Hay que trabajar en el ingreso de las carreteras a las ciudades. De nada sirve tener una carretera que ahorre tiempo, si al entrar a las ciudades se pierden horas. Debemos terminar de una vez por todas algunas vías fundamentales. La ruta Bogotá-Medellín debe tener una doble calzada durante todo el camino, con túneles y puentes. Igual, la conexión de Bogotá con la costa Caribe. Los planes de desarrollo de las ciudades deben hacerse no a 12 sino a 50 años. Las ciudades colombianas van a duplicar o a triplicar su tamaño en los próximos 40 años. Es crucial construirlas donde debe ser y cómo debe ser. 

¿Qué haría en las costas?

Estamos en el siglo del Pacífico. Las mejores ciudades del mundo están allí. Aquí tenemos al lado a Panamá y a Guayaquil, que cada vez son mejores. Tenemos que transformar Buenaventura, Tumaco y Quibdó. La Nación hizo una carretera a Buenaventura para que los camiones lleguen al puerto, pero es una vía que ni siquiera tiene aceras, no es respetuosa con los niños, no propicia el respeto por la vida. Hoy miles de profesionales que trabajan en Buenaventura se van cada viernes hacia el mediodía a Cali, donde tienen a sus familias, porque en Buenaventura no hay suficiente calidad de vida. Hay que hacer ciudades de clase mundial en nuestro Pacífico, ciudades que propicien la vida civilizada y la seguridad.

Pasemos a la campaña presidencial. Aparentemente, es un hecho el acuerdo con Álex Char y Federico Gutiérrez para una consulta entre ustedes. ¿Luego, esa alianza entraría en una coalición más grande de centro-derecha? 

Primero, espero que para ese momento ya hayamos dejado de lado el cuento de derecha, izquierda, de centro-izquierda y centro-derecha. Eso es carreta. Aquí lo que se necesita es producir resultados que mejoren la vida de la gente y eso es lo que tenemos en común con Federico y Álex. No somos ideólogos, somos prácticos. Queremos seguridad, obras y crear condiciones para que haya más inversión privada y más empleo. Esos son los puntos fundamentales. 

¿Serían definitivamente solo ustedes?

Creería que la consulta sería en marzo, simultáneamente con las elecciones de Congreso, en un principio con ellos. Pero supongo que podría haber otros. Se ha hablado de que participen otros exgobernadores y demás. No lo descarto. Y aclaro: no tengo ningún interés personal en esto. Si hay otra persona capaz y que tenga más posibilidades, bienvenida. Si es a Álex o Federico, perfecto. Igual, a mí me parece que hay otros candidatos que serían muy buenos presidentes, como, por ejemplo, Juan Carlos Echeverry, Mauricio Cárdenas o Alejandro Gaviria. 

¿Sin acuerdos con otras fuerzas como el Centro Democrático y los conservadores?

No he hablado de hacer alianzas con el Centro Democrático y otros partidos, por ahora. Lo que yo quisiera es un trabajo en equipo y una consulta con Federico y Álex. 

Lo veo reticente al tema de ligarse a partidos.

En Colombia hay mucho rechazo a los partidos. Entonces tenemos que ir interpretando poco a poco el ambiente. 

Dicen que esta coalición de exalcaldes está hecha a la medida de Álex Char, por el peso de la Costa y de Cambio Radical…

Yo no puedo pensar en que vamos a armar algo a la medida de lo que me sirva a mí. Si uno no puede ganar en la consulta, pues tampoco va a ganar la presidencia. Además, en las elecciones presidenciales no funcionan mucho las maquinarias y hay ejemplos de eso en el pasado. Es un voto más libre, de opinión, aunque las consultas se hagan con la elección de Congreso.