Candyman Universal Pictures 2021

“Di su nombre” reza el mantra que permite a esta fuerza sobrenatural atravesar el tejido que separa la realidad, del mundo metafísico y entrar en nuestro universo vivencial a través de espejos o superficies reflectantes. Un ser de aspecto antropomórfico con gabardina y un gancho en lugar de brazo, sostiene una mirada que alberga el dolor que han vertido las injusticias a través del tiempo, como si se tratara de un contenedor espiritual de pena y sufrimiento, a esto podemos sumar un detalle escabroso como lo sería su desfigurada forma obsequiando dulces como si se tratara de su marca personal.

Solo con estas características podríamos asegurar los elementos necesarios para generar una atmosfera de terror e incertidumbre cada vez que escuchamos su nombre o nos vemos en algún espejo, una sensación similar a la hipnosis que producía Mike Flanagan en Oculus de 2013, un dispositivo que usa argumentalmente mucho mejor Flanagan, pues en Candyman, no es el espejo o sus reflejos lo que permite a esta entidad el detonar el terror en sí, sino repetir su nombre cinco veces lo que dota a estas superficies de una característica aterradora y genera una atmosfera inquietante, al saber que es por este medio que el hombre del gancho entra a nuestro mundo a desollar a quien lo haya invocado.

Candyman Universal Pictures 2021

Esta historia construye con elegancia una atmosfera melancólica que se convierte lentamente en un escenario de horror y muerte, al tiempo que deja en claro al espectador que es una conmemoración y homenaje a todas las personas afroamericanas que fueron torturadas, esclavizadas e injustamente asesinadas por parte de la “supremacía blanca” a través de los años que conforman un oscuro capítulo de la sociedad norteamericana y sus deudas históricas con la comunidad  en la cual se vertieron incontables atrocidades, ya sean producto de su propio tiempo o modernos actos de injusticia contra una población que recibió y aún recibe el embate del racismo irracional.

Todos estos actos cargados de una violencia profunda y visceral, dan vida al concepto de Candyman, un reflejo de los miedos y el resentimiento que se vierten en una criatura en apariencia demoniaca, pero que lleva el peso de ser una construcción  metafórica a modo de símbolo del dolor y la opresión generacional que permean las sociedades aún en nuestra contemporaneidad, sobre la forma en que se observa y trata a la comunidad afroamericana, y de paso, sirve como grito desesperado y nutrido por una rabia latente que forjan las injusticias sobre distintas comunidades históricamente violentadas y mutiladas, simbólica y literalmente.

Candyman Universal Pictures 2021

Candyman está hermosamente dirigida por Nia DaCosta, quien consigue crear una simbiosis casi perfecta entre la denuncia política, la exaltación de la memoria de la comunidad y sus mártires, con una película de terror sobresaliente que, aun cuando sea una exploración narrativa alejada de las convenciones sobre el género, construyendo una original forma de contar una historia, puede verse sobrepasada por la seriedad que implica el comprometerse como espectador a visitar los capítulos más terroríficos como sociedad en nuestro mundo real, aún más aterrador que el hecho de ser asediado por una metáfora viviente multidimensional, ofreciendo un viaje reivindicativo, personal y de una profundidad excepcional que obliga al espectador a reconocer a través de metáforas y simbolismos, la crueldad reinante de la que somos capaces los seres humanos cuando nuestros prejuicios y sistemas de valores  le fallan a la sociedad.

Candyman Universal Pictures 2021

En la dirección se destaca la finesa de su fotografía, es bastante limpia y refinada con unos cuadros que podrían extraerse para enmarcar, es atmosférica, hay un grado de asfixia que producen sus escenarios, una sensación desoladora mucho más evidente en los flashbacks de décadas anteriores en donde los gigantescos edificios en los que se confinan a las comunidades afroamericanas, se alzan imponentes en el horizonte, haciendo que sus pasillos detonen una sensación laberíntica y claustrofóbica. Es una película que usa varios recursos artísticos con mucho estilo y un carácter gráfico muy relevante, como podemos observarlo en los distintos viajes al pasado y a hechos históricos a través de marionetas y títeres de una naturaleza gótica y perturbadora en las formas de estos personajes de cartón.

La música de Candyman está a cargo de  Robert Aiki Aubrey Lowe, quien consigue con éxito crear un sonido amenazante, inquietante y en algunos momentos, una sensación retro producto del uso de una melodía hecha con sintetizadores, la cual crea una sensación de lejanía y sofisticación, consigue una experiencia de atmosfera con elementos clásicos de género sin recurrir al facilismo de forzar los momentos de terror producto de “saltos de silla” o golpes instrumentales que aturden al espectador.

Candyman Universal Pictures 2021

Candyman es muchas cosas y quizá pueda sentirse más como una gigantesca metáfora de abuso sobre la comunidad, a través de la creación de un “monstruo” que corta las gargantas de sus víctimas con un gancho; tal vez esta sensación de profunda argumentación y reivindicación histórica pueda hacer que en apariencia, disminuya la experiencia de genuino terror con la que muchas expectativas por parte del público puedan chocarse, y no creo que reste, al contrario, expande nuestra propia concepción de la forma en que se narran estas historias, criaturas con una profundidad absoluta y que no son simples asesinos demoniacos sin una motivación más allá del mal por el mal, sino construcciones argumentales en las que se vierten conceptos como el dolor, la injusticia y la crueldad, moldeando una leyenda urbana llena de universo y rica en su naturaleza narrativa.

Candyman Universal Pictures 2021

Encuentro a Candyman profundamente triste y melancólica, es una experiencia sobre el sufrimiento cíclico y generacional que usa la creación de un asesino metafísico que vive en los espejos, dotado de una sonrisa perturbadora que se pinta sobre el lienzo desfigurado y ensangrentado de Candyman, lo cual es absurdamente confuso emocionalmente, porque su sonrisa es un lejano reflejo de la persona que era antes de ser brutalmente asesinado a golpes por parte de la policía, un rasgo que permanece en ese ser que logra conmover, pues debajo de la  piel marchita y mutilada, solo existía un hombre, condenado por su color de piel a ser una víctima que logró trascender como un fantasma vengador que vaga entre reflejos, sangre y tristeza.