Dijo que había venido a aprender a bailar salsa en Cali y terminó utilizada por quienes promovían las protestas violentas.

Imagen tomada del Facebook de Rebecca Sproesser.

La ciudadana alemana Rebecca Linda Marlene Sproesser ya fue expulsada de Colombia y no podrá ingresar al país por un periodo de diez años, porque entró como turista -para “aprender a bailar salsa en Cali”, según ella misma- pero terminó convirtiéndose en una integrante más de la llamada Primera Línea, grupo acusado de promover y ejecutar actos de violencia durante las recientes protestas en esa ciudad.

La decisión de Migración Colombia es legal porque en ningún país permitirían que un turista extranjero se involucre en actos de violencia, y es sensata porque la exposición pública de la ciudadana alemana la hacían un posible blanco de los violentos.

Rebecca Sproesser, de 34 años, se identifica como periodista, pero ella misma -presionada por la prensa alemana- tuvo que reconocer en sus redes que había dejado de cumplir el deber de imparcialidad y neutralidad que caracteriza al periodismo de su país al ponerse al servicio de los intereses de la llamada resistencia en Cali.

Sproesser, quien había estado antes en México, Argentina y Bogotá, había ingresado la última vez a Colombia en marzo pasado. Esta vez a Cali, donde se matriculó en la escuela de salsa Amparo Arrebato. Pero llegó la pandemia, vinieron los toques de queda y la academia, donde también era ‘community manager’, cerró.

Sin embargo, la alemana decidió quedarse un tiempo más. El cierre de la escuela y de la gente en general “fue una fuerte motivación” para unirse a las protestas, le dijo luego a la prensa. Como en México había trabajado en periodismo, en Cali empezó “a documentar” con su propio criterio lo que estaba sucediendo.

Eso se tradujo en videos de las protestas y de los enfrentamientos entre los manifestantes y la fuerza pública. Su imagen se hizo conocida en redes y ganó más notoriedad cuando la descubrieron los medios. La gente de la Primera Línea y los promotores de la protestas le sacaron provecho a su presencia entre ellos.

El periodista Luis Carlos Vélez la cuestionó al entrevistarla en la radio por su involucramientos en las protestas siendo turista extranjera. Bastó ello para que lo acusaran de querer estigmatizarla y hacerla blanco de la violencia, sobre todo cuando luego Sproesser se vio envuelta en un episodio aún no claro en el cual un amigo suyo, Johan Sebastían Bonilla, resultó herido gravemente. Según ella, el quiso protegerla de un ataque sicarial. Según las autoridades, el episodio aparentemente se trató de un intento de robo.

Bonilla, de 26 años, murió cuando la alemana, ya con la orden de expulsión, abordaba el avión de regreso a su país. “Llegue viva, pero muerta por dentro”, escribió en una carta que se conoció luego a través del senador Gustavo Bolívar, financiador de la Primera Línea.

La historia de esta alemana no parece haber llegado a su punto final. Los promotores de las protestas seguirán utilizándola para promover sus intereses. Inclusive el aspirante presidencial Gustavo Petro prometió ya que “en su gobierno, Rebecca volverá a Colombia”. Falta ver si llega ese día.