Esta zona selvática, que divide a América del Sur de América Central, es el peligroso paso que cruzan miles de latinoamericanos que sueñan con llegar a Estados Unidos.

Migrantes cruzando el Tapón de Darién. Foto: The New York Times

Esta zona cubre la provincia de Darién, los distritos Chimán y Chepo y los territorios indígenas Guna Yala, Emberá–Wounaan, Guna de Madugandí y Guna de Wargandí, de Panamá, y el norte del departamento del Chocó, en Colombia.

La geografía selvática ofrece ríos turbulentos, montañas inhóspitas y animales tan salvajes como venenosos. Además, hoy en día, tiene un agregado tenebroso: grupos criminales y traficantes de personas.

En Colombia, uno de los municipios que más migrantes haitianos tiene es Necoclí, en Antioquia. Está pegado al Darién y es uno de los puntos desde donde salen más personas.

A finales de septiembre, según informes de Migración Colombia, en ese municipio había más de 20 mil migrantes. La situación es crítica allí: no hay agua potable, hay colapso sanitario, no tienen dónde quedarse y, lo principal, no pueden movilizarse hasta Acandí, el extremo norte de Chocó, y desde donde se inicia la travesía por el Darién.

En agosto, los gobiernos de Panamá y Colombia acordaron que solo pasarían 500 migrantes diarios, en su mayoría haitianos. Parte de ellos, buscaron oportunidades en Chile y Brasil hace algún tiempo, sin embargo, la situación económica, social y política por el covid-19 los llevó tras nuevos horizontes, al ser de los primeros trabajadores despedidos.

Muchos de ellos caminando, atravesaron Brasil, Perú o Ecuador, y llegaron hasta el extremo norte chocoano para buscar el paso a Centroamérica y, posteriormente, a Norteamérica. 

Dan Restrepo, exasesor de seguridad nacional para América Latina en el periodo presidencial de Barack Obama manifestó: “Es muy posible que estemos al borde del abismo con un desplazamiento histórico de personas en América hacia Estados Unidos (…) Cuando uno de los tramos de selva más impenetrables del mundo ya no detiene a la gente, es evidente que las fronteras políticas, por mucho que se impongan, tampoco lo harán”.

Desde Panamá, la ministra de Relaciones Exteriores, Erika Mouynes, dijo que han intentado ayudar a los migrantes con alimentos y atención médica. Sin embargo, la infraestructura que tienen colapsó y se volvió una tarea imposible. 

Hay algunos haitianos que habían comprado tiquetes marítimos para transportarse, sin embargo, no les han cumplido, por lo que algunos de ellos han decidido cancelarlos a la espera de que les devuelvan la plata para volver a dirigirse hacia el sur del continente.