Una nueva ola de escasez, caracterizada por el colapso de las cadenas de suministro y el aumento de los precios en los países desarrollados y los emergentes, amenaza la prosperidad mundial.

A mediados de octubre, los puertos más grandes de Estados Unidos alcanzaron un nuevo récord con más de 100 barcos esperando para atracar y descargar mercancías, y el de Los Ángeles –el más importante en la costa oeste– reportó un aumento del 30 % en la carga entrante durante los primeros nueve meses del año. En el mismo período, las ventas del comercio minorista en ese país subieron 14,5 % frente al mismo período de 2020, un año en el que, a pesar de la pandemia y la recesión, aumentaron 8 % frente al 2019.

“Estados Unidos comienza a enfrentar la escasez de bienes básicos y un aumento en la inflación porque el consumo y el gasto están desbordados”, señaló el portal Business Insider, al subrayar la paradoja de que las importaciones de ese país se encuentran en niveles récord históricos, lo cual ha llevado a los expertos en logística y cadenas de suministro a bromear con la propuesta de que hay que cortar el suministro de electricidad en las fábricas chinas, el principal abastecedor de mercancías de ese país.

Una nueva era de escasez, caracterizada por el colapso de las cadenas de suministro y el aumento de los precios en los países desarrollados y los emergentes, amenaza la prosperidad mundial, señaló The Economist en un análisis reciente.

La ironía no podía ser mayor. Después de la crisis financiera de 2008-2009, el consumo –que en las economías típicas representa casi dos tercios del PIB– estuvo reprimido en algunos de los países desarrollados, por las elevadas deudas de los consumidores y los programas de austeridad de los gobiernos. 

Sin embargo, la pandemia cambió las cosas, el gasto de los gobiernos se disparó y los consumidores se han montado en la ola. El aumento de la demanda es tan poderoso que la oferta agregada (sintetizada por la crisis de los contenedores en el mundo, cuyo costo de transporte pasó de US$2.000 a casi US $20.000 por unidad) está luchando por mantenerse al día. ⁠

Los precios se han disparado en todo el mundo, especialmente los de los productos básicos, y la inflación en EE.UU. ha alcanzado su nivel máximo en 13 años (5,4 % anualizada a septiembre) impulsada por los alimentos y los energéticos. Según BlackRock, es la primera vez desde la década de los 70 que la oferta es la principal responsable de la inflación.

Según las más recientes proyecciones del FMI, la inflación mundial debería alcanzar un pico en los últimos meses de 2021 en los países desarrollados, llegando a un máximo promedio de 3,6 % en los últimos meses, para luego revertir esta tendencia en el primer semestre de 2022 y situarse en un 2 %, un nivel congruente con las metas de los bancos centrales. 

El aumento de la inflación será mayor en los mercados emergentes, donde llegará al 6,8 % promedio para luego ceder a un 4 %, aunque –según explicó el organismo– las proyecciones conllevan una gran incertidumbre y la inflación podría mantenerse elevada durante más tiempo.

“Los factores determinantes podrían incluir el aumento de los costos de la vivienda y la prolongada escasez de la oferta en las economías avanzadas y en desarrollo, o la presión sobre los precios de los alimentos y la depreciación de las monedas de mercados emergentes”.

Los precios de los alimentos en el mundo aumentaron alrededor del 40 % durante la pandemia, lo que plantea un gran desafío para los países de bajo ingreso, donde tales compras representan una gran proporción del gasto de consumo.

Pero no todos los analistas son tan optimistas. Por ejemplo, el presidente de Goldman Sachs, John Waldron, dice que la inflación es el riesgo que más le preocupa en este momento. “No es un fenómeno transitorio. Nunca había visto una mayor divergencia entre lo que se define como transitorio y lo que se ve día tras día”, comentó.

Domesticada por la globalización, los bancos centrales, la demografía y el impacto deflacionario de la tecnología, la inflación no trasnochaba a los países desarrollados desde los años 70 y comienzos de los 80, cuando superó el 20 % en el Reino Unido y Japón, y alcanzó dos dígitos en EE.UU., por el aumento en los precios del petróleo. 

Paul Volcker, entonces presidente de la Reserva Federal (FED, por su sigla en inglés), aumentó las tasas de interés hasta un 20 % y su victoria sobre la inflación dio inicio a la Gran Moderación, un período con bajo desempleo y la más larga expansión económica desde la Segunda Guerra Mundial hasta la Gran Recesión (2008-2009).

De hecho, algunos la dieron por muerta y los menos optimistas afirmaron que había entrado en una especie de hibernación, pero ahora amenaza con convertirse en la ‘bestia negra’ de la reactivación económica mundial.

El tema comienza a preocupar a los banqueros centrales. Y aunque en Estados Unidos no se prevé, en el corto plazo, un aumento en los tipos de interés, el presidente de la Reserva Federal, Jerome Powell, ya ha señalado que es el momento de reducir la compra de activos (bonos del Tesoro y papeles respaldados por hipotecas por US$ 120.000 millones cada mes), aunque no de aumentar su tasa de intervención.

La inflación no trasnochaba a los países desarrollados desde los años 70 y comienzos de los 80, cuando superó el 20 % en Reino Unido y en Japón. 

Colombia, que lleva dos décadas con una inflación de un dígito, no ha sido ajena al fenómeno (en septiembre la variación del IPC fue de 0,38%, y la cifra anualizada del 4,51 %, ya está por encima del rango meta de 2-4 % del Emisor), y la Junta Directiva del Banco de la República aumentó su tasa de intervención en 25 puntos básicos a 2 % en la reunión de septiembre. Y se prevé que podría aumentar al menos entre 25 y 50 puntos básicos (0,25 -0,50%) en la última reunión del 29 de octubre.

En una decisión de 4 a 3, los miembros que se distanciaron en septiembre de la decisión mayoritaria votaron a favor de un aumento de 50 puntos básicos, lo cual confirma que comenzó la normalización de la política monetaria y que habrá nuevos incrementos, para poner en cintura el desborde de los precios.