María Claudia García Navarro lidera una organización sin ánimo de lucro que cree que la superación de la pobreza empieza por enseñarle a la gente a manejar su dinero.

La Fundación ha ayudado a un centenar de mujeres a montar tiendas en sus propias casas.

“Era plena pandemia, no había nadie en la calle. Parecía como una película sobre el fin del mundo. Todo estaba desolado, la gente con necesidades en sus casas y a nosotros se nos ocurrió una campaña muy bonita para llevar almuerzos todos los días a los habitantes de la calle. No te imaginas la alegría con que nos recibieron esa primera vez: nos abrazaban y nos decían que llevaban días sin comer. Fue un momento muy especial e inolvidable”.

“Eso transforma la vida; te hace ser más agradecido y estar más conectado con la realidad. Por eso vivo feliz con lo que hago y siempre les digo a los de mi equipo que ellos son unos angelitos de Dios llevando alegría a los corazones que más la necesitan”.

El testimonio es de María Claudia García Navarro, directora de la Fundación Finsocial, que creo hace tres años con Santiago Botero Jaramillo, cabeza de la entidad. 

Esta fintech tiene su sede principal en Barranquilla y trabaja por la inclusión financiera, el emprendimiento y la sostenibilidad.

En consonacia con ese propósito, la Fundación nació con el propósito de reducir los índices de pobreza educando social y financieramente a la gente de las zonas más vulnerables del país. Con sus programas ya ha impactado a más 340.000 personas en una treintena de ciudades.

La mitad de la existencia de esta organización ha trascurrido en pandemia y, por supuesto, no podía ser ajena a la crisis aun con las herramientas para para cumplir su misión. Entonces, apareció en el horizonte la palabra reinventarse y María Claudia y sus colaboradores aceptaron el reto.

En esta estapa, así como llevaron almuerzos a los habitantes de las calle, han atendido con útiles escolares, raciones de alimentos, mercados y elementos de bioseguridad a sectores de población vulnerable. Así mismo, han impulsado un programa de crédito de emergencia –Finsoalivio– destinado a los pequeños emprendedores, y a quienes también han apoyado con formación en este campo de la generación de empresas o negocios, para que la gente afectada por los embates de la pandemia encuentre alternativas económicas.

“Creemos que la única forma de reactivar el país y transformarlo es apoyando el emprendimiento porque no hay suficientes compañías que den trabajo a personas de estratos 1 y 2 o con muy poca educación”, resalta García.

‘Ahorra y siempre’

La educación financiera y el emprendimiento son componentes medulares de la Fundación, al considerar que una verdadera transformación debe arrancar por los niños, y por ello uno de su programas más importantes es Ahorra y siempre, desarrollado de la mano de la organización internacional más importante de educación financiera, Money Wise Platform, surgida en Países Bajos y que tiene indicadores probados de reducción de hambre y de pobreza en África e India. 

“Lo que hicimos fue adaptar el programa y aplicarlo en los niños de las zonas marginadas, para lo cual diseñamos estrategias de promoción destinadas a que ellos reconozcan que a partir de sus talentos pueden generar, a largo plazo, un emprendimiento. Les hacemos énfasis en los temas del ahorro y la inversión, así como en la importancia de construir una finanzas sólidas”, explica García.

A través de un personaje llamado Monedita, los pequeños aprenden a cuidar el planeta, a valorar el reciclaje y a comprender qué es ahorro e inversión. “Los niños aprenden que si quieren, por ejemplo una bicicleta, pueden idearse una forma de generar recursos con sus propios talentos y ahorrar para materializar ese sueño”, agrega García.

Un grupo de 44 niños, junto con sus familias, y 9 maestras del Centro de Desarrollo Integral (CDI) La Milagrosa se convirtieron en los pioneros del Club Ahorra y Siempre, la primera comunidad que servirá como observatorio para la implementación de la red en toda Colombia.

‘Monedita’ es el personaje que ayuda a los niños a entender la importancia de ahorrar.

La libertad de emprender

En esa misma línea de promoción de la educación finaciera y para el emprendimiento, la Fundación desarrolla el programa Libérate en las cárceles, el cual inicia con temas como el desarrollo del ser y el autoconocimiento para que las personas privadas de la libertad se reconozcan como seres capaces de transformar sus vidas. Luego reciben acompañamiento y asesorías en el desarrollo de proyectos productivos con base en sus talentos.

Como resultado de la iniciativa, recientemente un grupo de reclusos abrió una panadería en Barranquilla, surtida diariamente desde su lugar de reclusión. 

“La Fundación cree en las segundas oportunidades. Más ahora cuando muchas personas hacen cosas indebidas para llevar el pan a su casa. Eso no está bien, pero hay que generar alternativas para que no tengan que hacerlas”, puntualiza García.

Otro grupo de 100 mujeres hace parte de la estrategia De la mano de tu tienda en casa, que busca empoderarlas para superar historia tristes, a veces de abuso y maltrato, a través de la creación de estos pequeños negocios que ayudan mucho a la economía familiar.

La Fundación las capacita para que manejen adecuadamente las cuentas, les facilita el acceso a créditos semilla, a través de la línea Finsotienda, les ayuda con el mobiliario. 

“La Fundación cree en las segundas oportunidades. Más ahora cuando muchas personas hacen cosas indebidas para llevar el pan a su casa. Eso no está bien, pero hay que generar alternativas para que no tengan que hacerlas”.  María Claudia García

Gracias a otra línea de acción llamada Aula financiera, Finsocial apoya a las líneas de crédito para darles un valor agregado a los préstamos, mediante la formación de las personas en temas de emprendimiento y hábitos financieros. De ello se beneficia un número considerable de docentes, pensionados, mujeres emprendedoras y microempresarios.

La Fundación también impulsa el desarrollo de los emprendimientos de personas en condición de discapacidad, brindándoles capital y capacitación. Algo similar hace con el grupo Waleker de artesanos indígenas wayúu, con el fin de sacar adelante sus negocios creativos, pero sobre todo para formarlos en el campo empresarial y social, lo cual ha conllevado un reto cultural importante.

Son más de una docena las iniciativas en marcha. Detrás de algunas hay alianzas con diversas instituciones y entes territoriales, encabezados por la Alcaldía de Barranquilla y la Gobernación del Atlántico, así como también fundaciones de grandes empresarios.

Todas están ligadas a los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) establecidos por la Organización de las Naciones Unidas (ONU) durante el Acuerdo de París (2015). María Claudia García destaca que este punto es fundamental para que los inversionistas internacionales vean el impacto de su labor en inidicadores claros y alineados con lo que se está haciendo en el mundo en materia de sostenibilidad.

“Hemos crecido tan rápido y de manera tan efectiva que otras compañías nos llaman para que les ayudemos a construir estrategias de sostenibilidad y responsabilidad corporativa”, dice García. 

Por eso, un objetivo central ahora es compartir ese conocimiento para que esas empresas generen alternativas para sus colaboradores y para encontrar oportunidades de trabajo conjunto en beneficio de toda la sociedad.

María Claudia se declara enteramente satisfecha de la labor de estos tres años, lo que se refleja en estas líneas de su último informe de gestión anual: “Admito que la sonrisa, la gratitud, el amor y la alegría que brota de todos esos niños, niñas, jóvenes, adultos mayores, madres cabeza de familia y emprendedores a quienes hemos podido dar una mano constituyen mi mayor tesoro”.