Para entrar a la consulta del acuerdo Centro Esperanza, tuvo que renunciar al apoyo del Partido Liberal, pero en las preferencias sigue lejos de Fajardo y Galán. ¿Se quedó sin el pan y sin el queso?

Durante el fin de semana, Gaviria estuvo en una febril recogida de firmas para respaldar su candidatura.

Hace ya casi cuatro meses el exrector de la Universidad de los Andes Alejandro Gaviria dio el salto de la academia a la arena política. Y no a cualquier arena sino a la muy compleja de los aspirantes a la Presidencia de la República.

Su lanzamiento, después de varios meses deshojando la margarita públicamente -lo que de hecho generó una campaña de expectativa fuerte, movida desde las redes por jóvenes adeptos- tuvo alta repercusión mediática.

De entrada, Gaviria dijo que sería un candidato por la transformación del país sin traumatismos y alejado de los extremos. En su momento, como era lógico, muchos analistas políticos lo vieron como un aspirante de peso para competir por la candidatura de centro o centroizquierda de Sergio Fajardo, que estaba cuajando su Coalición de la Esperanza con Juan Manuel Galán, Juan Fernando Cristo, Jorge Robledo y Humberto de la Calle.

Aunque Gaviria se lanzó como independiente y dijo que respaldaría su inscripción con firmas, se dio por hecho que tendría la maquinaria liberal tras de sí, dado que el expresidente César Gaviria Trujillo había manifestado públicamente que quería que este otro Gaviria, con la imagen de haber sido un ministro de Salud de avanzada en el gobierno de Juan Manuel Santos, fuera la carta presidencial del partido.

La llegada del exrector causó cierta euforia en las redes sociales, en los medios y en el ambiente político, y fue bien recibido hasta por sus inmediatos rivales. «Eso hace parte de la democracia. No tiene nada de raro ni extraordinario. Cada quien tiene su trayectoria y recorrido. Alejandro Gaviria tiene su trayectoria. Escogió este camino, A mi amigo le deseo lo mejor. Me parece muy bien que participe en política porque este es un mundo distinto. Ojalá sea para ahora y para siempre», dijo Fajardo, su paisano paisa, quien de inmediato lo invitó a conversar para concertar un posible ingreso a la Coalición de la Esperanza, con el propósito claro de que el centro no llegue a la primera vuelta con dos candidatos, lo cual equivaldía a una derrota segura.

Gaviria agradeció el gesto, pero tomó la cosas con calma. Entendió que su primer reto era darse a conocer en las distintas regiones, donde -a pesar de haber sido un ministro que rebajó los precios de muchos medicamentos, por ejemplo- era realmente desconocido. Así que optó por ir a las radios populares y tomar sancocho en los mercados más emblemáticos de varias ciudades para “untarse de pueblo”.

En el camino cometió algunos errores como respaldar públicamente a un personaje impopular como el exministro Alberto Carrasquilla (el de la reforma tributaria en plena pandemia, que genero el paro nacional), quien había entrado a remplazar a su esposa, Carolina Soto, en la junta del Emisor.

Y al tiempo, empezó a lidiar con dos presiones fuertes: la de César Gaviria para que aceptara ser oficialmente el candidato del Partido Liberal y pararse en la tarima con sus congresistas, muchos de ellos cuestionados, y, por el otro lado, la de la Coalición de la Esperanza, que le puso como línea roja romper lazos con el expresidente. “Aquí entra usted, pero no César Gaviria”, fue la frase.

Esas presiones se volvieron un dilema, que Alejandro Gaviria aparentemente resolvió rompiendo con el expresidente, tras una fuerte discusión en la que incluso le pidió a exmandatario su cargo de director del partido, y haciendo luego un pacto para una consulta popular en marzo con la Coalición de la Esperanza sin entrar en ella pero aceptando no recibir apoyos institucionales de partidos que no estuvieran en la línea de la coalición, léase Partido Liberal.

Sin embargo, todas esas movidas no se ha reflejado en las encuestas, donde desde septiembre permanentemente aparece en puestos secundarios, lejos de Gustavo Petro y de Fajardo, e incluso de Galán, quien tiene un apellido con alto grado de  reconocimiento.

La más reciente encuesta de Invamer, publicada por el Canal Caracol, Blu Radio y ‘El Espectador’, midió lo que pasaría en las consultas que se están conformado y en el caso de la del Acuerdo Centro-Esperanza muestra que Fajardo, con todos sus problemas judiciales, ganaría esa consulta con el 43,5% de los votos, Galán sería segundo con el 32,4% y tercero quedaría Gaviria, con el 9,5%. Robledo obtendría el 5,5%; Carlos Amaya, de los verdes, el 5,3% y Cristo, el 3,1%.

Todavía, por supuesto, faltan tres meses para la consulta y las cosas podrían cambiar de un momento a otro, más con líos judiciales de por medio como los del Fajardo. No obstante, es claro que a esta altura la competencia debería ser más cerrada. No se ve en las encuestas el respaldo liberal de base a Gaviria ni la buena opinión que tiene entre los jóvenes especialmente.

El escenario actual para el exministro es complejo porque sus rivales en la consulta, Fajardo y Galán, llevan más tiempo en campaña y le sacan una diferencia grande; y ahora no tiene el apoyo liberal asegurado institucionalmente, lo que significa una activa movilización de la militancia tradicional más efectiva. ¿El acuerdo con la coalición lo dejó sin el pan y sin el queso?

Con todo, la esperanza en él se ve aparentemente intacta porque acaba de estrenar nueva sede en Bogotá. Su alternativa es seguir remando en las complicadas arenas de la política, donde el catedrático aún está en periodo de aprendizaje.