Alejandro Gaviria no ve imposible derrotar a su paisano en la consulta del Centro Esperanza, que considera un paso más difícil que pasar la primera vuelta y derrotar a Petro. A este le critica su poco estudio de los problemas del país. 

Alejandro Gaviria admite que tenían expectativas irreales al empezar la campaña. Fotos: Ricardo Otero

Por JUAN CARLOS BERMÚDEZ

Editor General de Revista Alternativa

El exministro Alejandro Gaviria dejó la rectoría de la Universidad de los Andes para entrar en la arena de los aspirantes presidenciales. Después de casi un año deshojando la margarita, se lanzó como independiente generando un revuelo en los medios. Sin embargo, eso no se tradujo en las encuestas, en las cuales marca aún poco. 

Tras distanciarse del expresidente César Gaviria, quien lo quería como el candidato del Partido Liberal, hoy rema fuerte para competir el 13 de marzo próximo en la consulta Centro Esperanza, en la cual ve a Sergio Fajardo como el rival por vencer.

Con todo, dice que entrar en la política ha sido una experiencia buena para él. Le ha gustado estar con la gente en la calle más de lo que pensaba y ha aprendido que debe ajustar su discurso académico a lo que funciona en campaña. Lo más frustrante: las mentiras, las máscaras de la política. “Me siento como un emprendedor, de los que siempre pasan por un proceso de aprendizaje”, dice.

Alternativa: ¿Por qué usted no ha logrado marcar más en las encuestas?

Alejandro Gaviria: Había unas expectativas grandes por el interés mediático que suscitó mi candidatura en las dos primeras semanas. Afuera y adentro pensamos que esta candidatura iba a saltar al 10-15 % de intención de voto en las encuestas rápidamente. Eso era irreal. A mí no me conocía el 60 % del país, aunque fui ministro de Salud, se divulgó mi historia como enfermo de cáncer y fui el rector de una universidad en tiempos de pandemia, que le llegó a una parte de la clase media urbana. Esa dificultad no la anticipamos plenamente en la campaña y afuera.

¿No estaban preparados?

Sí, hace tres meses, cuando empezó la campaña, no teníamos estructura, ni organización, ni agencia de publicidad. Es una campaña que empezó al minuto después de haber renunciado a la rectoría de Los Andes. La gente dijo “este tipo está montando todo” y yo no tenía nada. Ha sido un proceso iniciado de cero, consiguiendo recursos, reuniendo voluntarios…

 ¿Y ahora que ya presentó las firmas, cómo se ve?

Nosotros teníamos tres objetivos, el primero era conseguir las firmas. Presentamos 1’300.000, un éxito grande. El segundo, estar en algo que sea como una unión del centro político y eso se cumplió también a pesar de las dificultades. Estoy en la consulta que representa al centro político. Y el tercer objetivo era el posicionamiento. Queríamos estar en intención de voto en 6-7 %.  Estamos un poco más abajo. En las encuestas de la consulta Centro Esperanza, Fajardo está en 40 % y yo estoy en 20 %. ¿Es difícil ganarle el 13 de marzo? Sí, pero no imposible. 

Gaviria entiende que tendrá que afinar su discurso para llegar a más gente y competir.

¿Cómo piensa ganar esa consulta, que usted ha dicho que es el paso más difícil de los tres que vienen el próximo año?

Sí, es el paso más difícil porque, una vez ganada la consulta, vendrán los debates y la oportunidad de que el país me conozca plenamente. Por ahora buscamos tener una estrategia digital más consolidada, una estrategia política para sumar adhesiones, no sólo de políticos sino de gente con interés científico, médico, cultural. Y tercero, creo que debo ser un poco más asertivo, afinar el mensaje.

Usted es más nuevo en política que sus rivales en la consulta…

Este es mi primer ejercicio de política electoral, pero estamos para competir. Sergio Fajardo dice que él lleva 22 años en el campo, pero cuando yo lo veo interactuando en los debates, siento que tengo muchas ventajas; que él no tiene el mismo conocimiento del país ni claridad en el mensaje; no tiene la misma experiencia en el manejo de la economía, en la generación de empleo, en educación, en salud. Se va a ir notando el hecho de tener propuestas de verdad y no estar dando vueltas siempre sobre las mismas ideas políticas.

Pero debo sumar otro rival, Juan Manuel Galán. ¿Qué ventajas cree tener sobre él?

Galán se ha preparado, pero no tiene ninguna experiencia ejecutiva relevante. Yo hice un plan de desarrollo, yo he actuado muchas veces en el Congreso, estuve seis años en el consejo de ministros y soy investigador en temas sociales y económicos. He sido una persona que ha estado pensando, estudiando y discutiendo los temas colombianos por 20 años, Galán no.

¿Usted escogería a alguno de ellos de vicepresidente?

No lo voy a negar de manera definitiva, pero creo que tendría que ser una fórmula más amplia. Creo que los tres representamos algo muy parecido en lo político y en la forma de entender a la sociedad.

¿Le preocupa la ventaja de Gustavo Petro?

Ha hecho una buena campaña y creo que está instalado en la segunda vuelta. Existe una probabilidad de que llegue a ser presidente, pero la elección no está definida ni mucho menos. Sin embargo, por ahora, me preocupa más ganar la consulta de marzo. Yo diría que es relativamente fácil ganarle a Petro en segunda vuelta.

¿Por el voto contra Petro?

Por el voto contra Petro. De los debates posibles, el que más me gustaría –y espero incluso que se dé antes de la primera vuelta– es uno con Petro, para mostrar que sus propuestas son superficiales; que su forma de entender la sociedad colombiana es buena para articular cierta frustración, pero que no va a ser un transformador; que el cambio responsable y de verdad es el que utiliza el conocimiento práctico y las políticas basadas en evidencia.

¿Cómo se imagina un gobierno de Petro? 

Tendría un gabinete más o menos amplio, que le va a durar un año. Y después, Petro va a ser lo que siempre ha sido: va a asumir el papel de la oposición dentro del gobierno. Va a ser presidente y opositor al mismo tiempo y el resultado de esa ecuación es la inacción. Y me preocupa que, como resultado de esa inacción, se vuelva un presidente tuitero. El país girando en el Twitter de Petro, como en el caso de Trump, y nada va a pasar.

“Sergio Fajardo dice que lleva 22 años en la política, pero cuando yo lo veo en los debates, siento que tengo muchas ventajas”.

Petro también ha dicho que si en el Congreso le bloquean sus proyectos, él saca a la gente a la calle para imponerlos…

Hay cierto caudillismo al decir que el Congreso es de la gente, y eso no es verdad. Sin embargo, yo confío en nuestras instituciones. Petro no podría revocar el Congreso y, si es presidente, tal vez le va a protestar ruidosamente a un Congreso que no haga todo lo que él quiera hacer, pero sería una prueba para la democracia colombiana y de eso pueden salir fortalecidos los contrapesos institucionales. 

Usted ha dicho que aceptaría un respaldo de Petro en una segunda vuelta, ¿pero lo apoyaría a él? 

En este momento no sería capaz de responderle claramente, pero creería que no. En parte por lo que he dicho. Sin embargo, faltan muchos debates y yo hago parte de una coalición que, en su momento, tendría que tomar una decisión colectiva al respecto. 

Al meterse a la consulta, usted aceptó no recibir apoyo institucional de ningún partido que no esté en consonancia con los principios de la Coalición de la Esperanza. Eso implica no aceptar al Partido Liberal… 

De aquí a marzo implica eso. Ahora, eso no significa que, por ejemplo, si congresistas como Juan Fernando Reyes o Juan Carlos Lozada, quieren apoyarme a mí, yo tenga que rechazar esa ayuda. Para nada. En el documento que se firmó se dice que la coalición Centro Esperanza está abierta a recibir apoyo de diferentes corrientes ideológicas y eso también podría pasar.

La ventaja que cree tener sobre Galán es la experiencia ejecutiva.

¿Usted va a pedir carta blanca para nuevas alianzas?

Creo que la tengo. Un proyecto político serio no puede rechazar personas con las que haya afinidad; debe sumar, ser abarcador. 

¿Hasta dónde haría alianzas con la derecha?

Tengo coincidencias con la derecha también. Le voy a decir tres: la defensa de nuestro sistema de salud, la defensa de la participación del sector privado en la economía y la idea de que la historia de Colombia no son 200 años de fracaso. Uno, como político, debe respetar esa historia. En un manual que escribí, El reformista, digo que el transformador tiene que entender que el cambio social no es cuestión de todo o nada, y criticaba entre otras cosas las utopías regresivas como la de Venezuela, algo que lo ofrece todo, pero puede dejarnos sin nada. Eso tiene afinidad con ciertas ideas de la derecha y eso significa estar en el centro político.

¿Cuáles serán sus caballos de batalla para hacer que la gente vote por usted en la consulta? 

Voy a hacer énfasis en “el cambio responsable”, el cambio de verdad, las reformas que necesita Colombia. En aspectos concretos, una propuesta está centrada en el sistema de pensiones, en el cual nos gastamos 40 billones de pesos y excluimos al 80 % de quienes deberían tener ese beneficio. Una primera parte de ese cambio sería una pensión ciudadana que les garantice a todos los colombianos un ingreso mínimo, 400.000 pesos de hoy, que se puede financiar bajando las rentas exentas; aumentando de 20 al 30 % el impuesto a ganancias ocasionales, lo que toca a las herencias, y estableciendo un impuesto a las bebidas azucaradas que es una lucha vieja mía. La transformación total de las pensiones, por supuesto, tendría más cosas. 

“El compromiso de no aceptar el apoyo del Partido Liberal va hasta marzo”.

Otra propuesta suya son dos millones de empleos en un año y medio. ¿Eso cómo se hace?

El núcleo de la propuesta está centrado en la brecha de habilidades. Muchos empresarios dicen “yo no encuentro la gente que quiero contratar” y es porque nuestros jóvenes no están saliendo con habilidades del bachillerato, y los de la educación técnica, tecnológica y universitaria no están preparados para conectarse con el mundo. Lo que hemos propuesto es tener un millón y medio de jóvenes que se capaciten utilizando el ecosistema tecnológico, las universidades y el Sena, para suplir las necesidades de la transformación del país. Estamos afinando más propuestas en este tema.

Hablemos de la otra consulta, la del Equipo por Colombia. ¿Quién cree que es el rival del otro extremo? 

Creo que habrá una fusión entre la coalición Equipo por Colombia y el Centro Democrático, con Óscar Iván Zuluaga. Y ahí los favoritos son él y Federico Gutiérrez. 

Mucha gente cree que estaría en peligro la democracia, si gana la izquierda radical. ¿Usted lo ve así también?

No. Poner la cosa de ese modo tan dramático, en el fondo, es inflar a Petro. Terminamos idealizándolo. 

¿Se han equivocado los candidatos apuntando tanto a Petro?

Sí. La obsesión con Petro ha sido buena para Petro y, por eso, lo que debemos hacer es presentar otras alternativas a cada propuesta suya. Petro no está acostumbrado a la confrontación intelectual y no le gusta cuando alguien le dice “usted está equivocado o no conoce esta dimensión de la realidad colombiana”. Tiene una visión ideológica, pero no entiende ni ha estudiado muchos de los problemas del país. 

Se vienen las elecciones para Congreso, cuya posterior conformación puede quedar muy atomizada. ¿Cómo gobernar sin una bancada que le dé una mínima estabilidad?

En un debate reciente dije algo que sacudió un poco a algunos de la coalición Centro Esperanza: el gabinete del próximo gobierno tiene que ser más amplio, con otros partidos y otras corrientes ideológicas. Creo que es la única forma de gobernar a Colombia. Si no hay un equipo de verdad, sino simplemente una persona que dice que va a imponer su visión al mundo, ¡paila! Hay una encíclica reciente del Papa que dice que “el buen político es aquel que hace que resuenen todas las voces”. Me parece una buena forma de decirlo. 

A Petro es fácil derrotarlo en segunda vuelta, dice Gaviria.