Fotografía: Nasa Webb

Desde hace poco tiempo el telescopio James Webb abrió la puerta de una nueva era en la observación de los astros que configuran el cosmos, tanto nuestros vecinos del Sistema Solar, como de colosales estructuras celestes alejadas de nosotros por un vasto océano de estrellas y tiempo.

En esta oportunidad, el protagonista fue uno de los planetas más alejados de La Tierra, hablamos de Neptuno, quien durante años ha sido de los más complejos de estudiar y fotografiar, hasta ahora. En una nueva composición del telescopio más complejo jamás construido y puesto en órbita, el James Webb ha captado como nunca antes al planeta azul con un gigantesco detalle adicional, los anillos del octavo planeta, una maravilla natural que había esquivado las mejores observaciones durante décadas, misión que el Webb ha retomado con la tecnología óptica más impresionante posible hasta nuestros días.

“Han pasado tres décadas desde la última vez que vimos estos anillos tenues y polvorientos, y esta es la primera vez que los vemos en el infrarrojo”, señala Heidi Hammel, experta en el sistema de Neptuno y científica interdisciplinaria de Webb.

El gigante de hielo, como se le apoda al gigante azul, es uno de los planetas de mayor dificultad para su estudio, su distancia del sol es tan colosal, que una rotación completa alrededor de la estrella madre, equivale a 164 años terrestres, tiempo en el cual debe vagar solitariamente en la vastedad del silencio y la oscuridad, a través de 4.500 millones de km.

Con estas fotografías, el James Webb sigue demostrando que no en vano se invirtieron las mayores cualidades científicas y colaborativas e interdisciplinares para ofrecerle al mundo y la mente de quienes habitamos La Tierra, un pequeño punto rodeado de aureolas de polvo estelar, roca y finas partículas que suspenden por instantes la credulidad y dan paso a la imaginación y el asombro.

Fotografía: Nasa Webb

Fotografía: Nasa Webb

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