La neoyorquina Louise Glück se convirtió en la decimosexta mujer en recibir el premio Nobel de Literatura. Una poeta que explora la familia, la vida cotidiana y refleja los problemas domésticos que trae el día a día

Cuando la noticia se regó como pólvora que Gabriel García Márquez era el nuevo Premio Nobel de Literatura 1982, comenzaron a llegar esa madrugada a su casa en Cartagena cientos de ramos de flores amarillas. Cerca de su residencia vivía uno de sus más entrañables amigos: el maestro Alejandro Obregón, que con las primeras luces de ese día llegaba de parranda. Al ver que de unas camionetas cerradas bajaban tantas flores, se sentó en el andén, se puso la mano en la cabeza y solo exclamó: “se murió y no me avisó…”.

Cada año cuando la Academia en Estocolmo anuncia un nuevo premio Nobel de las letras, las anécdotas de los ganadores son incontables. La más reciente ganadora ha sido la neoyorquina Louise Glück, quien sin reparos señaló: “lo que más me preocupa es que me voy a quedar sin amigos, porque la gran mayoría de ellos son escritores”. 

A sus 77 años, es la cuarta mujer que en esta década ha sido exaltada con el Nobel de Literatura. Su obra se resume en 12 libros de poemas, buena parte de ellos traducidos al español. Es profesora de la Universidad de Yale y en su país ha sido galardonada con todos los premios posibles, incluido un Pulitzer en 1992. 

Glück no tuvo una buena adolescencia, especialmente por el enfrentamiento con su madre, que lo ha expresado en muchos de sus escritos. Su obra está centrada en el trauma, el desamor, el desencanto, la desilusión. En su comparecencia ante los periodistas una vez se hizo oficial su premio, señaló que “siempre supe que quería escribir”, pero también dijo que en algún momento de la vida había querido ser actriz. 

El jurado de la Academia Sueca ha destacado “su inconfundible voz poética que con austera belleza hace universal la existencia individual”. Su último libro, traducido al español, Una vida de pueblo, es considerado por críticos literarios como la “reivindicación o exaltación de una vida sencilla, natural, la recuperación del sosiego en comunidades pequeñas”. 

Lo más llamativo de su obra es la forma como trata los temas cotidianos, domésticos como el divorcio, los problemas con su hijo, la muerte de su padre. Esos momentos que producen un gran dolor y ella los mira a través de la poesía. La Academia Sueca también señaló que Glück “escucha lo que queda de sus sueños e ilusiones y nadie puede ser más duro que ella para confrontar las ilusiones del yo”. 

En una entrevista en 1912 con la Academy of Achievement la escritora señaló que “los reconocimientos mundiales hacen que la existencia en el mundo sea más fácil”.

EL DESEO

¿Te acuerdas de cuando pediste un deseo?

Yo pido muchos deseos.

Cuando te mentí

sobre lo de la mariposa. Siempre me pregunté

qué pediste.

¿Qué crees que pedí yo?

No sé. Que volvería,

que al final de alguna manera estaríamos juntos.

Pedí lo que siempre pido.

Pedí otro poema.