El general Cienfuegos, el más alto oficial mexicano en la lucha contra el narcotráfico en el gobierno de Enrique Peña Nieto, fue detenido en Estados Unidos, señalado de encubrir las operaciones ilícitas de organizaciones que trafican droga rumbo a las calles estadounidenses

Salvador Cienfuegos. El general que fue el máximo responsable de las Fuerzas Armadas de México. El hombre intocable. El todo poderoso oficial que pasaba impoluto revista a sus hombres. Jamás se le dibujó una sonrisa en público en su adusto rostro. Ese mismo hombre que se convirtió en la mano derecha del presidente Enrique Peña Nieto, que nunca aceptó la ayuda de las agencias americanas en la lucha contra el narcotráfico, que dirigió a su saber la lucha contra el crimen organizado entre el 2012-2018 y considerado el héroe de mil batallas de las que logró sobrevivir. 

No obstante, este curtido militar, rancio a los asesores civiles, acaba de perder la batalla más importante de su vida: el pasado 27 de octubre, en el aeropuerto de Los Ángeles, California, fue detenido por agentes de la DEA que le imputaron cinco cargos relacionados con el crimen organizado. 

La noticia sacudió a México como un terremoto. La máxima figura de su ejército era detenido, señalado de un crimen que combatió en los seis años que estuvo al lado de Peña Nieto. A sus 72 años debe enfrentar los cargos en una corte en Nueva York. El prestigioso periódico The New York Times, lo llamó “El Padrino” del narcotráfico. 

Su detención se ha comparado con la del general Jesús Gutiérrez Rebollo en 1977 y que en ese entonces era considerado el zar antidrogas del gobierno de Ernesto Zedillo y que posteriormente fue condenado a 40 años de prisión por su vínculo con las organizaciones criminales de la mafia mexicana, considerada la más sanguinaria del mundo. 

Cienfuegos, es el primer exsecretario de defensa de México que es señalado de tener vínculos con organizaciones ilícitas. Un oficial de ese rango demuestra que el narcotráfico logró enquistarse en todas las esferas del poder en México. Lo que el propio presidente Andrés Manuel López Obrador llamó en su campaña presidencial de un “narcoestado o en el mejor de los casos de un narcogobierno”. Y agregó; “ahora sí que duele tener la razón”. Desde que se posesionó como presidente de los mexicanos, López Obrador ha impulsado la medida que se abra investigaciones sobre el papel de los expresidentes y sus posibles vínculos con el narcotráfico. La Corte Suprema ha respaldado la iniciativa, pero rechazada por expertos que señalan que es deber del Estado perseguir criminales y no una decisión popular. 

La detención del general Cienfuegos vuelve a poner sobre la mesa la discusión sobre el papel que han jugado las fuerzas militares en convertirse en aliados de las organizaciones del crimen. Altos oficiales de los últimos gobiernos mexicanos han terminado en una cárcel en Estados Unidos, señalados de 

favorecer a esos grupos ilegales y de colaborar con los temibles clanes de Sinaloa que operaran con total impunidad por el territorio mexicano. 

La fragilidad de la defensa contra el crimen organizado quedó en evidencia con la detención de Cienfuegos, que ocupó la cartera más importante del gobierno de Peña Nieto en la lucha contra el narcotráfico. Su nombramiento en 2012 fue bien recibido porque era considerado uno de los militares más influyentes entre la tropa y uno de los hombres más experimentados en la diplomacia militar internacional. 

La violencia de los carteles mexicanos llegó a la aterradora cifra de 100.000 muertos y más de 30.000 desaparecidos. Sus operaciones siempre estuvieron acompañadas por las denuncias de exceso de fuerza y por las reiteradas violaciones de los derechos humanos. 

La preocupación de su detención no solo es de las altas esferas del establecimiento mexicano. También lo es para países que luchan contra el flagelo del narcotráfico, en especial Colombia que ha visto el incremento en los últimos años de la presencia de organizaciones mexicanas al margen de la ley como el Clan del Golfo. 

Muchas de las operaciones realizadas bajo el rótulo de confidenciales, fueron compartidas con Cienfuegos. Oficiales antinarcóticos han señalado que es urgente revisar la colaboración que se tenía con los oficiales mexicanos y lograr establecer si hubo alguna fuga de información en los trabajos de inteligencia que se viene realizando en el país contra esos grupos ilegales. 

Nunca antes los Estados Unidos había apuntado hacia un oficial de tan alto rango que pudiera vincular con los carteles de la mafia. Los agentes estadounidenses siguieron con suma paciencia los pasos del general Cienfuegos en busca de desenredar lo que llamaron el “misterio del padrino”. 

Durante meses de escuchar un teléfono intervenido, en el que los jefes de los carteles hablaban de un hombre poderoso conocido como “El padrino”. Siempre sospecharon que se trataba de un alto oficial, pero nunca imaginaron que fuera el general Cienfuegos. En una de las conversaciones, uno de los interlocutores señala que “El padrino” está en ese momento en la televisión, los investigadores que seguían la conversación al otro lado de la línea, muy pronto descubrieron de quien se trataba. 

Ahora tendrá que responder ante el mismo juez que condenó al Chapo Guzmán por la ayuda que brindó al cartel H-2, considerado uno de los más violentos de México y que se adueñó de las rutas marítimas por medio de las cuales invadieron de droga las calles estadounidenses.

“La violencia de los carteles mexicanos llegó a la aterradora cifra de 100.000 muertos y más de 30.000 desaparecido”.