Todos sabemos de la profunda crisis que está pasando en este momento el sector de la gastronomía y el turismo como consecuencia de la pandemia de la covid-19, pero en especial en los países del tercer mundo, como Colombia.

Por Víctor G. Ricardo 

En dicha industria fueron muchos los pequeños negocios que tuvieron que cerrar. Entre los pocos que lograron sobrevivir, la mayoría quedó en una situación financiera muy complicada y difícil de superar. Este es un fenómeno que se ve tanto en Bogotá como en otras capitales del país, pero también en los municipios que han tenido tradicionalmente alguna recepción turística o que se esforzaban por construir el negocio en su territorio poco a poco.

En el caso particular de los restaurantes, la crisis también fue desastrosa e incluso generó el cierre de muchos establecimientos. Se calcula que más del 30 % de ellos, en el país, tuvieron que liquidarse y gran parte de los que aún mantienen los manteles puestos y continúan atendiendo al público quedaron en una grave condición económica y con una vela encendida al milagro de la reactivación.

Por eso, da mucha alegría enterarse que en los últimos meses un buen porcentaje de los negocios que quedaron en condiciones preocupantes han visto el regreso de las personas a sus instalaciones y un aumento en sus ventas. La ocupación de los establecimientos gastronómicos ha aumentado enormemente, al punto de que no es fácil conseguir cupo en los sitios más conocidos y populares. 

La expectativa de un crecimiento económico robusto del país, sobre el cual varias fuentes confiables indican que será superior al 7 % del PIB, genera esperanzas sólidas entre la población y la confianza en que estos negocios finalmente podrán librarse de la grave crisis.

Varios sectores de la economía colombiana están en la misma tónica y eso hay que cuidarlo. 

Si somos disciplinados en el manejo de las medidas establecidas para evitar que la covid nos vuelva a pegar de manera fuerte y logramos que el plan de vacunación cubra al 70 % de la población con esquema completo –lo que corresponde a la doble dosis por persona– para la mayoría de las vacunas –o incluso la tercera aplicación que ya están adelantando con las de Pfizer, AstraZeneca y Sinovac, y con la dosis de refuerzo de la de J&J (Moderna)– podremos, entonces, entrar en franca recuperación económica con mayor solidez y durabilidad. 

“Lo que más preocupación nos está causando a los colombianos de las distintas regiones y de todas las condiciones es la inseguridad en la que nos encontramos. Lo más grave es observar que los delincuentes actúan con absoluto descaro, incluso ante la presencia de agentes del orden”.

Si ese manejo disciplinado no se mantiene, no habría de extrañar que tuviéramos otras variantes, que generarían nuevos picos, y que, en ese caso, pudiéramos terminar en una nueva crisis.

Sin embargo, hay que decir que alcanzar una recuperación económica sólida no depende exclusivamente de las vacunas y la disciplina social. Colombia está iniciando una etapa de definiciones políticas que nos llevarán a la elección, no solo de los nuevos miembros del Senado y de la Cámara de Representantes, sino también de nuevos Presidente y vicepresidente de la República, lo cual tiene al país en una expectativa creciente. Una mala elección puede ser un freno para la economía.

Tenemos que ser responsables como nunca. Nuestro voto debe ser realmente por los mejores para que así tengamos alguna esperanza de recuperar los valores que se han perdido. También para garantizar que los corruptos sean castigados al no ser elegidos. Hay que exigirle a la justicia mayor eficiencia en las investigaciones y las sanciones a los responsables. No podemos continuar como vamos, sobre todo con el alto grado de impunidad reinante. 

Sin embargo, lo que más preocupación nos está causando a los colombianos de las distintas regiones y de todas las condiciones es la inseguridad en la que nos encontramos. Lo más grave es observar que los delincuentes actúan con absoluto descaro, incluso ante la presencia de agentes del orden. Eso lo estamos viendo todos los días de manera directa o a través de los medios de comunicación y de las redes sociales. Son atracadores o ladrones muchas veces motorizados que, si es necesario, matan sin piedad para lograr sus objetivos. Así lo hacen constantemente ante la mirada desesperada de los ciudadanos.

Tal situación además ha generado una gran incertidumbre a la ciudadanía, que piensa dos veces antes de viajar, de salir a gastar o de invertir. Dicha situación también podría poner en jaque la recuperación económica. 

Todos estamos sintiendo miedo por la inseguridad casi total que reina en distintos lugares. El Gobierno nacional tiene que ponerle la etiqueta de ‘alta prioridad’ al tema. De lo contrario, repito, las esperanzas de recuperación se van a ver afectadas. Las medidas para lograr el control de la inseguridad no dan más espera y los hechos de violencia podrían repercutir de manera muy negativa en los avances del país.

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