“El país tiene que crecer más y mejor para lograr superar la pobreza de una parte importante de sus habitantes y devolverle la esperanza, sobre todo a una generación de jóvenes, que hoy enfrenta condiciones cada vez más difíciles para poder encontrar oportunidades de generar ingresos».

Ana Fernanda Maiguashca- Presidente del Consejo Privado de Competitividad

Uno de los elementos que nos permite el lenguaje común es que las personas entendamos los mismos conceptos. En el caso de la competitividad, palabra larga e imbricada, es difícil lograr esto puesto que hay muchas definiciones e ideas en torno a ella.

El Consejo Privado de Competitividad ha buscado centrar la discusión de competitividad en los elementos que requiere el tejido productivo colombiano para lograr que esas personas logren construir un mejor futuro. Este tejido está conformado mayoritariamente por empresas pequeñas y negocios de cuenta propia, que enfrentan múltiples retos.

El país tiene que crecer más y mejor para lograr superar la pobreza de una parte importante de sus habitantes y devolverle la esperanza, sobre todo a una generación de jóvenes que hoy enfrenta condiciones cada vez más difíciles para poder encontrar oportunidades de generar ingresos y empeñarse en un propósito.

Es por esto por lo que en el Informe Nacional de Competitividad 2022-2023, se priorizan dos áreas relacionadas justamente con la formación y las oportunidades que se les brinda a las personas. El primer conjunto de recomendaciones, “Abriendo Puertas” recoge propuestas que permitan una mayor inserción laboral de las mujeres en Colombia y menores barreras de acceso al empleo formal para toda la población. Se recomienda la implementación de la política nacional del cuidado y que esta realmente ponga a los niños y niñas en el centro de la discusión. Se propone una revisión de las reglas del empleo formal en Colombia. Hay una tensión entre mantener ciertas condiciones del empleo formal y nuestra capacidad como sociedad de admitir a más personas dentro de esquemas de ocupación decente. Esta tensión se debe resolver del lado de la inclusión. Finalmente, se dan reflexiones en torno al esquema de protección social, hoy ligado al empleo formal y por lo tanto inalcanzable justamente para esa población más vulnerable. Es relevante resaltar que la protección que sí le ofrecemos, la de salud, es un elemento que nos diferencia para bien de muchos países del mundo.



El segundo grupo, “cultivando el futuro” busca atender los riesgos de deserción a los que aún está expuesta nuestra población más joven. De la misma manera se recomienda trabajar en la oferta de formación técnica y tecnológica, programas de ciclos cortos que sean pertinentes para los oficios que se requieren hoy día y que les abran puertas rentables a los jóvenes de manera inmediata. Hay proyectos en los que se ha venido trabajando para generar formaciones pertinentes y oportunidades laborales que se abren simultáneamente, como lo son el de formación dual, y como estas hay muchas iniciativas que vale la pena impulsar, divulgar y potencializar. 

La tercera área de énfasis en las recomendaciones tiene que ver con la infraestructura, que continúa siendo un reto para este país, de vidas dispersas en una geografía hermosa pero que lucha por aislarnos. A pesar de todos los progresos que hemos logrado, la inversión público-privada en un mayor desarrollo sigue siendo necesaria y también lo es que las reglas del juego permitan que los costos reflejen las mayores eficiencias. 

Finalmente se menciona la necesidad de abrirse más al mundo y de apoyar los programas con los que hemos ido logrando la transformación productiva de las pequeñas empresas en el país. En un país con brechas de productividad asociadas a la informalidad, esta dimensión debe ser atendida en todos los marcos regulatorios e instrumentos de política. 

Lograr una mayor productividad de forma generalizada en el país es lo que nos permitirá superar la pobreza y la desesperanza de muchos.

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