Por Víctor G. Ricardo

La nueva ministra de Relaciones Exteriores de Colombia y también vicepresidente de la República tiene un gran reto y una muy importante labor que cumplir como directora de las relaciones internacionales de nuestro país, ante la ausencia de liderazgo que se ha presentado en esa cartera ministerial durante un buen periodo del actual gobierno.

Fueron muchos los años en los que Colombia estuvo trabajando intensamente para cambiar su mala imagen en el exterior. Una imagen que fue arrasada por los responsables de las manifestaciones violentas que vienen ocurriendo desde hace ya más de 45 días, los enfrentamientos entre los violentos y los integrantes de la Policía Nacional, y la estrategia de la izquierda para mostrar un país donde se violan los derechos humanos y supuestamente se impide la expresión popular a través de marchas en distintos lugares del territorio nacional. No muestran, sin embargo, los actos de violencia que algunos marchantes han realizado o los bloqueos de carreteras que han impedido la libre locomoción e incluso el abastecimiento normal de alimentos, así como tampoco el perjuicio a los trabajadores y empresas al verse afectadas por la falta de provisión de sus materias primas. 

La labor de dar información parcial al exterior y la falta de acción rápida y eficaz de la mayoría de las representaciones diplomáticas que tenemos ante los distintos gobiernos en el exterior no solo causaron la pérdida de la imagen que ya habíamos logrado recuperar, o incluso ganar, sino que también prendieron las alarmas en muchas organizaciones de derechos humanos y gobiernos; un efecto catastrófico para nuestro país y nuestros compatriotas.

Es claro que el mal ya está causado y nada ganamos con llorar sobre agua derramada. Son muchos los empresarios internacionales que pensaban invertir en Colombia y congelaron sus ideas –por decir lo menos, pues decir que ya abandonaron sus intereses de invertir en nuestro país sería más realista–, pero como colombianos debemos pensar en positivo y tener fe en que la nueva canciller, Marta Lucía Ramírez, logre recuperar este campo de acción y el interés en Colombia. 

“Para embajador en Estados Unidos han debido designar a una persona que no se hubiera manifestado en desacuerdo total con el proceso de paz y más afín al partido de gobierno estadounidense”.

El hecho de ser también vicepresidenta ayuda a que sea escuchada en todos los niveles de la comunidad internacional y si su acción va acompañada del establecimiento claro de políticas que deben ser cumplidas por nuestras misiones diplomáticas, como sucede en las cancillerías serias del mundo, es viable lograrlo.

Marta Lucía Ramírez, además de ser una excelente profesional, cuenta con la experiencia adecuada –como no la tienen muchas personas– para dirigir y, sobre todo, liderar esta misión que le ha encomendado el Presidente de la República. Fue ministra de varias carteras, directora de varias empresas públicas y privadas, y en otros casos asesora de las más importantes del país, además de embajadora en Francia, lo que hace que tenga el bagaje y el conocimiento de Estado adecuados. 

Por otra parte, el nuevo embajador de Colombia ante la Casa Blanca, Juan Carlos Pinzón, repite ese encargo. Creo que él es un hombre serio y además experimentado en políticas públicas y de Estado. No obstante, en mi concepto, han debido designar para esta posición a una persona que no se hubiera manifestado en desacuerdo total con el proceso de paz y más afín al partido de gobierno estadounidense. No es secreto que pasamos de ser los mejores aliados de los Estados Unidos a un segundo plano por las interferencias políticas de algunas personas en el debate político que llevó al presidente Joe Biden al poder. Y por ello al embajador Pinzón le espera un mayor esfuerzo en su trabajo y en su relacionamiento para poder cumplir la misión. 

Una prioridad en su labor debe ser que los presidentes de Colombia y Estados Unidos logren establecer pronto un diálogo como el que se ha dado con otros mandatarios latinoamericanos y recuperar así el nivel de importancia de nuestras relaciones.

Liderar en Estados Unidos una campaña para recuperar nuestra imagen es fundamental si se quiere reabrir la inversión que traiga como consecuencia mayores empleos, estabilidad jurídica y mayor desarrollo económico, además de ayudas especiales del gobierno de Estados Unidos. 

La tarea en el campo internacional está por hacerse después de la pérdida de imagen que hemos tenido y para ello el éxito en las misiones encomendadas tanto a la nueva ministra de Relaciones Exteriores como al nuevo embajador ante Estados Unidos, es de suma importancia y se vuelve fundamental.