Por Fanny Kertzman

La inflación del año pasado se redujo a un mínimo histórico de 1.61 %, la cifra más baja desde que se lleva la estadística comenzando en 1955. A pesar de que lo parezca, esto no es ninguna buena noticia, pues se debió a la baja demanda originada en la recesión ocasionada por los cierres relacionados con el coronavirus. 

Se calcula que el decrecimiento económico será alrededor de -7.7 %, lo que implica una recuperación sí o sí para 2021. Sin embargo, este nuevo año empieza con nuevos cierres por la pandemia, por lo que la recuperación no será tan rápida. El plan de vacunación parece retrasarse en el horizonte. No obstante, en la medida que se extienda la vacunación, las perspectivas para el segundo semestre mejoran. 

No es probable que hayan crecimientos económicos significativos en el primer semestre, pero para el segundo semestre se estiman incrementos superiores al 4 %; todo depende de que no haya más cuarentenas. 

Consecuente con el crecimiento económico, la inflación podría situarse entre el 2.5 y el 3 %. Durante el primer semestre no habrán presiones inflacionarias, con excepción de las ocasionadas por la reforma tributaria, pero en la medida que la economía se recupere, este indicador volverá a la normalidad. Para ello es indispensable una nueva reforma tributaria, a la que el Gobierno quiere disfrazar llamándola reforma fiscal. El único margen para aumentar el recaudo está en el IVA a los productos de la canasta familiar, que probablemente quedarán gravados con el 5 % para empezar. Dado el “turbayista” manejo que Iván Duque le ha dado al Congreso —un ejemplo es el aumento de más de 5 % en los salarios de los congresistas— es muy probable que este nuevo IVA pase sin problemas. Mientras que ello sucederá en el primer semestre, el posible efecto inflacionario se diluirá en el segundo semestre, sin afectar mayormente la cifra final.

Con el ascenso de Joe Biden aflojarán las guerras comerciales planteadas por su antecesor, Donald Trump, y su misma presencia (la de Biden) contribuirá a calmar los mercados, por lo que no se esperan grandes especulaciones contra el dólar. La devaluación podría situarse en un máximo de 7 %, contra una devaluación de 12.6 % en 2020. El persistente déficit en la cuenta corriente de la balanza de pagos será la fuerza impulsadora de la devaluación. 

El empleo se recuperará sobre todo en el segundo semestre, cuando cesen las cuarentenas, pero el aumento en el salario mínimo del 3.5 %, por encima de la productividad, será un palo en la rueda para la absorción de mayor mano de obra, por lo que el desempleo acabará en el 12 %. 

Dado lo anterior, es muy probable que el Banco de la República mantenga su tasa repo en los niveles actuales de 1.75 % durante buena parte del año, lo que debería garantizar bajas tasas de interés, si no fuera por los monopolios bancarios que se dan todavía el lujo de prestar con márgenes de dos dígitos. 

En suma, 2021 será un año de recuperación, siempre y cuando el Gobierno logre la vacunación masiva de la población y se apruebe la reforma tributaria para disminuir las presiones inflacionarias que generan un déficit fiscal.

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