En octubre del año pasado, el coronavirus volvió a sorprender a la comunidad científica. Esta vez, en Sudáfrica. Los médicos encargados de las unidades de cuidados intensivos comenzaron a notar el aumento veloz de contagio. Para ese entonces, el Gobierno había flexibilizado las medidas de confinamiento, las personas comenzaron a tener más vida social, las cifras de ciudadanos con el virus aumentaron de manera muy significativa y los médicos no encontraban respuesta para explicar ese contagio veloz que en pocos días llevó a activar la alerta roja en las UCI.

Ese mismo enigma lo comenzó a vivir el Reino Unido a finales de noviembre pasado y el Gobierno de Boris Johnson decidió endurecer las medidas de confinamiento para Navidad, mientras el equipo científico determinaba qué era lo que realmente estaba ocurriendo con un virus que estaba colapsando el servicio de salud. 

Lo que temían los médicos de Sudáfrica y de Reino Unido, muy pronto se confirmó: se trataba de una mutación del coronavirus que dio vida a nuevas cepas, hoy conocidas como la británica, la sudafricana y la brasileña. En las investigaciones genéticas realizadas en Durban, una ciudad costera sudafricana en el océano Índico, los científicos descubrieron nuevas y alarmantes mutaciones del virus, que llevaron a nuevas cuarentenas, cierre de fronteras y a nuevos estudios para determinar si las vacunas que están en el mercado, más las que todavía se encuentran en laboratorio, pueden combatir esta nueva variedad del coronavirus. 

Para el epidemiólogo Carlos Álvarez, quien conoce muy de cerca las investigaciones que se han adelantado en el mundo sobre el virus, las vacunas Moderna y Pfizer, con las que ya se han inoculado millones de ciudadanos en el mundo, inmunizan contra las cepas mutantes. 

El Reino Unido ha sido uno de los países más afectados por estas nuevas cepas. El Gobierno de Johnson ha señalado que esta nueva variante del virus es un 30 % más mortal en las personas mayores de 60 años y el ritmo de contagio crece velozmente. Las investigaciones realizadas en Inglaterra todavía no son concluyentes, pero son preocupantes. Patrick Vallance, la mano derecha de Johnson en el manejo de la pandemia, ha señalado públicamente que “en la población de 60 años, de cada 1.000 personas infectadas son 10 las que pueden morir por la enfermedad. Con la nueva cepa, ese riesgo se eleva de 13 a 14 personas”.

La cepa británica ya afecta a otros países, entre ellos, a España. El Gobierno de Pedro Sánchez ha señalado que el país afronta esta tercera ola tan fuerte como ocurrió con la primera. En solo días, los casos han superado los 40.000 y hay una mayor incertidumbre entre población y médicos por la velocidad de los contagios. El ingreso a las UCI pasó de 1.003 en diciembre a 3.021 registradas el pasado 20 de enero.
La Organización Panamericana de la Salud (OPS), en un documento sobre las variantes de SARS-CoV-2 en las Américas, señala que la aparición de las mutaciones es un evento natural y esperado dentro del proceso de evolución de los virus. 

El documento de la OPS señala igualmente que, hasta el pasado 19 de enero de 2021, un total de sesenta países han notificado variantes del virus, relacionadas con la nueva cepa descubierta en Reino Unido. En cuanto a la cepa de Sudáfrica, las investigaciones publicadas por la OPS indican que se extendió rápidamente a tres provincias sudafricanas y el análisis filogenético permitió establecer que es diferente a la del Reino Unido, con una carga viral más alta, lo que genera una mayor transmisibilidad. Pero las investigaciones dejan en claro que no hay ninguna evidencia de que la nueva cepa esté asociada a una enfermedad más grave y letal. Diecisiete países han notificado a la OMS sobre la aparición de la cepa sudafricana. 

Para Carlos Álvarez, quien ha realizado un seguimiento a las investigaciones que se han adelantado en los países donde se originaron las cepas, es usual con este tipo de virus que a medida que circula en una región, se presenten nuevas variantes. “Los virus mutan y van cambiando. Estos cambios se llaman variantes. Ahora bien, cuando esos cambios llevan a que el virus se vuelva más o menos agresivo o que se trasmita más rápido, se podría llamar una nueva cepa”. 

La pregunta que ha surgido en Colombia, por el aumento de casos de contagio en las últimas semanas, es si alguna de las mutaciones que ha tenido el coronavirus está en Colombia. La alcaldesa Claudia López, a su regreso de sus polémicas vacaciones, insinuó que el aumento de los casos en Bogotá estaba posiblemente relacionado con la cepa británica, afirmación que fue desmentida categóricamente por el equipo científico que asesora al Gobierno del presidente Iván Duque. 

Carlos Álvarez, además de ser un reputado epidemiólogo, asesor del Gobierno, es el director de estudios de Covid-19 en Colombia para la Organización Mundial de la Salud y conoce los pormenores de cada una de las investigaciones que se han hecho con relación al virus. “En el caso de las variantes británica, sudafricana y brasileña, hasta el momento no se han identificado en Colombia”.

En Brasil, Estados Unidos y Japón se detectaron variantes que están siendo analizadas por los científicos para determinar su alcance e incidencia en la salud pública en estos países. La OPS ha señalado que, en Brasil, el Instituto Adolfo Luiz encontró en una paciente de 22 años un “linaje” del virus diferente al resto de las personas infectadas. Ese “linaje”, de acuerdo con las investigaciones, ha estado circulando en Australia, Portugal, Japón, Estados Unidos y Reino Unido.

En Japón, el pasado 9 de enero, se le notificó a la OMS de una nueva variante de SARS-CoV-2 que había sido detectada en cuatro viajeros procedentes de Brasil. A diferencia de los otros, este hallazgo determinó que tiene doce mutaciones que pueden llegar afectar la transmisibilidad y la respuesta inmune de los pacientes de Covid-19. 

En Brasil preocupa una cepa encontrada en el Estado de Amazonas en noviembre del año pasado, en donde han aumentado velozmente los contagios y que tiene muy pendientes a los países limítrofes como Perú y Colombia. 

Todas estas variantes del virus preocupan a los expertos y tienen encendidas las alarmas en Colombia por la proximidad con Manaos, Brasil, donde más del 75 % de la población se había infectado hacia finales de octubre pasado, una cifra que podría considerarse como inmunidad de rebaño, pero en diciembre la ciudad volvió a presentar un acelerado número de personas contagiadas. 

Por todas estas razones, la vacuna, es, por ahora, el antídoto para contrarrestar estas nuevas cepas y variantes del virus.