Cada vez se parecen más las historias de la financiación de las campañas de Ernesto Samper y Juan Manuel Santos: la primera, con dineros de la mafia; la segunda, con dineros corruptos de Odebrecht. Como en el caso del proceso 8000, la suerte de la campaña santista depende del ventilador que pueda prender su exgerente, Roberto Prieto, como lo hizo el extesorero de la primera, Santiago Medina. Por lo pronto, uno de los aliados incondicionales, el exsenador Ñoño Elías, dio las primeras puntadas 

En diciembre de 2016, el Departamento de Justicia de Estados Unidos destapó uno de los escándalos internacionales de corrupción más grandes y que ha involucrado a casi todos los países de América Latina. Se trata de los sobornos millonarios que hizo la firma Odebrecht a funcionarios, empresarios, candidatos presidenciales y exmandatarios para asegurar megacontratos de infraestructura. 

El primer caso ocurrió en Brasil, donde los fiscales dejaron al descubierto el escándalo conocido como “lava Jato”, que puso en la mira a la cúpula directiva de la gigantesca Petrobras, la estatal de petróleos, así como a importantes políticos que recibieron sobornos cuantiosos. El hilo de la investigación dejó al descubierto la forma cómo se obtenían beneficios inflando los precios de los proyectos por los que Petrobras contrataba a Odebrecht y esas enormes sumas terminaban después en otras manos. La investigación puso tras las rejas al expresidente Luiz Inácio Lula da Silva, uno de los hombres más populares en Brasil, y condenó a diecinueve años de prisión a Marcelo Odebrecht por los delitos de corrupción y asociación para delinquir. 

En Perú, la situación de corrupción se hizo insostenible para el expresidente Alan García, quien terminó quitándose la vida. 

Colombia no ha sido ajena a la red que tejió Odebrecht. A comienzos de enero de 2017, el país fue sacudido con la captura del exviceministro de Transporte, Gabriel García Morales, quien recibió más de 6000 millones de pesos en sobornos y, por medio de un entramado de sociedades, escondió el dinero, pero las autoridades estadounidenses y colombianas lograron armar el rompecabezas del comienzo de una asociación delictiva que hoy tiene presos a empresarios, senadores y funcionarios, y en investigación a campañas políticas, entre ellas, la del expresidente Juan Manuel Santos, que hoy está en el ojo del huracán por las explosivas confesiones que ha hecho uno de sus hombres más cercanos en épocas de reelección. 

El ventilador del Ñoño

Se trata del exsenador Bernardo Miguel Elías Vidal, más conocido como el Ñoño Elías. Desde marzo de 2017, la Corte Suprema de Justicia inició una investigación para establecer sus nexos con Odebrecht y los sobornos que recibió por tramitar contratos de obras en favor de la firma; hoy está preso pagando una condena de seis años. En la actualidad, Elías Vidal busca un preacuerdo con la Fiscalía General de la Nación para contar lo que sabe acerca de cómo fue el entramado de corrupción en las entidades públicas en las que tenía interés Odebrecht y, de paso, anunció que conoce en detalle sobre los dineros que recibió la campaña de Juan Manuel Santos en 2014. 

En sus declaraciones ante los estrados judiciales y los medios de comunicación, el Ñoño Elías ha dicho muchas cosas, entre otras, que los 400 000 dólares que se destinaron para los afiches de campaña en la segunda vuelta fueron girados por Odebrecht; que personalmente le entregó en Montería 800 millones de pesos a Roberto Prieto, entonces gerente de la campaña de Santos; que Eleuberto Martorelli, hombre fuerte de Odebrecht en Colombia, estuvo en la Casa de Nariño reunido con Santos; el excongresista, muy cercano en su momento al gobierno de Santos, ha sido gradual en los señalamientos que ha hecho. 

Lo cierto de toda esta historia es que Elías Vidal, santista en su época de congresista, ha aprovechado las diligencias en el juicio en contra el exdirector de la Agencia Nacional de Infraestructura, Luis Fernando Andrade, para vincular a Santos en reuniones con directivos de Odebrecht. El expresidente decidió contestar por medio de su abogado, Alfonso Portera, y señaló que lo dicho por el Ñoño “no es nada nuevo” y que lo declarado ya había sido investigado por otras instancias, pero agregó que posee “algunas pruebas que le pueden complicar la situación judicial a Elías Vidal”. 

Del 8000 a Odebrecht 

En este nuevo escenario surgen muchas preguntas: la primera, ¿Elías Vidal está haciendo estas acusaciones bajo juramento en un juicio en el que la Fiscalía pretende demostrar que Andrade es culpable de los delitos que lo acusa y, en otras, que está relacionado con contratos adjudicados a Odebrecht? Las afirmaciones del Ñoño son graves, en la medida en que denuncia que, a cambio de dinero para la campaña reeleccionista, ese grupo constructor recibiría una muy generosa adición del contrato del tramo II de la Ruta del Sol por más de $800 000 millones. 

La segunda inquietud se desprende de las advertencias que le hace el abogado Portera al Ñoño sobre pruebas que tienen guardadas. Si esas pruebas existen, ¿por qué razón el expresidente Santos las ha mantenido en reserva, en lugar de entregarlas a la justicia, más aún, cuando se trata de un delito? 

La tercera pregunta es cuál es el verdadero papel que ha desempeñado en todo esto Roberto Prieto, exgerente de la campaña santista y otrora muy cercano al expresidente Santos. Prieto está condenado por trámites indebidos en contratos también relacionados con la Ruta del Sol. Ahora enfrenta una nueva acusación y tiene que ver directamente con el tema de Odebrecht, un juicio por el que, de encontrarse culpable, le esperan entre diez y veinte años de prisión. 

El cuarto cuestionamiento es más directo: ¿será que Prieto enciende el ventilador frente a una condena de larga duración y le cuenta a la justicia lo del dinero de Odebrecht y las grabaciones de múltiples conversaciones con su antiguo jefe y personas cercanas a la Casa de Nariño de ese entonces? Amanecerá y veremos, reza el refrán. 

Lo cierto es que muchos analistas de opinión pública han comenzado a comparar este episodio de Santos con el proceso 8000 que vivió Ernesto Samper. Hay similitudes entre las situaciones: pensaban que ganaban en primera vuelta y no lo lograron. Para la campaña de la segunda estaban sin un peso. La de Samper terminó aceptando los dineros de los Rodríguez Orejuela y del Cartel de Cali. La de Santos tiene que aclarar la plata de Odebrecht. En ambos casos, el extesorero y el exgerente de campaña son la clave. En la de Samper era Santiago Medina y, cuando se vio en la cárcel ante una larga condena, encendió el ventilador y contó todo. ¿Será que Prieto, con diez a veinte años de prisión en el horizonte, soltará la lengua?