Desde su llegada a la Alcaldía de Cartagena les declaró la guerra a quienes llama “malandrines”. Hicimos con él un repaso a los temas que han marcado su gestión. 

Desde su balcón en la alcaldía, Dau dice que Cartagena no está quebrada, pero sí muy endeudada.

Por Anamaría Vásquez Caro

Periodista

Fotos: Manuel Pedraza/ Pedraza Producciones

En la puerta del despacho del alcalde de Cartagena, William Dau Chamat, hay una nota manuscrita que dice: “Aquí no entran malandrines”. Los cartageneros lo escogieron entre 15 candidatos. Mientras algunos de sus rivales gastaron miles de millones de pesos en sus campañas, él -asegura- invirtió solo 183 millones en la suya.

Por eso siente que no le debe nada a nadie, ni un puesto ni una secretaría. Se presentó como hombre sin partido y ningún barón electoral estuvo detrás de su candidatura. En un año y ocho meses de alcaldía, ha habido varios intentos para revocar su mandato. Dau se los achaca a políticos que añoran “las componendas” que permitían otros alcaldes.

Así fue el diálogo con Dau sobre este y otros temas.

Sé que antes de que termine el 2021 será demolido el edificio Acuarela, que afecta al Castillo de San Felipe.

Alternativa: ¿Por qué cree que los cartageneros se decidieron por usted como alcalde?

William Dau: Porque, por primera vez en la historia de Cartagena, tuvieron un candidato que llamaba a la corrupción con nombres propios. Llegué de Estados Unidos y, en cuatro meses de campaña y con solo 180 millones de pesos, me eligieron alcalde. Mi campaña frentera caló porque desde tiempo atrás venía destapando actos de corrupción.

Se refiere a su trabajo con la Corporación Cartagena Honesta. ¿Qué hizo allí?

A través de esta corporación sin ánimo de lucro, me enfrenté a Alfonso “el Turco” Hilsaca, un personaje con un poderío enorme gracias a los contratos y, supuestamente, a fuertes lazos con grupos criminales. También me enfrenté a Enilce López, alias La Gata, personaje siniestro de Bolívar y Sucre; a los García Romero y a personas relacionadas con el Banco Mundial. Cualquiera de ellos pudo haberme amenazado de muerte y por eso tuve que salir del país. Mi caso de asilo político en Estados Unidos fue otorgado en menos de 72 horas. Un récord que en 10 años nadie había conseguido en ese país.

Desde su llegada a la Alcaldía ha cazado muchas peleas con el Concejo Distrital. ¿Por qué?

Con el Concejo llevamos una relación de amor-odio, como si se tratara de un matrimonio. Yo les he dicho que ellos tienen que trabajar conmigo, y bien, porque los próximos concejales van a salir del lado mío. Correctos y anticorrupción.

¿Por qué pelea tanto?

Uno no puede combatir la corrupción sin agresividad. Tú no puedes ir a un corrupto y decirle: “Mire hermano, todos somos colombianos, pensemos en la patria, no le robe al erario”. Con eso, el corrupto se muere de la risa y te clava un puñal o te manda a matar. Es así de sencillo.

El alcalde cuenta que quisieron quitarle las murallas a Cartagena para dárselas “a unos cachacos”.

Una de sus últimas broncas fue con un concejal. ¿Cómo fue ese episodio?

Fue con Lucio Torres, uno de los concejales que está planeando con otros malandrines mi revocatoria como alcalde. Me espetó a la salida de un evento en el Centro de convenciones que yo era bazuquero, marihuanero, marica, etc. Una serie de insultos y atropellos que no pude responder porque en esos días tenía el brazo en cabestrillo por una fractura. Le contesté: “Mira, hijo de tantas, no te puedo coger a puño porque tengo el brazo enyesado, pero espera que me mejore para que veas”. ¡Ahora se anda escondiendo!

¿No le preocupó su reacción siendo alcalde?

Nadie va a jugar con mi honorabilidad. Cartagena no se merece un alcalde con vicios, se merece el alcalde que escogieron. Yo, en mis años 20, no te niego, fumé marihuana, pero hoy soy el ‘papá de los cartageneros’ y no me preocupan los rumores malintencionados de los malandrines sobre mí. 

Colombia está en bancarrota. ¿Cartagena también?

Cartagena está mal de plata, pero no en bancarrota. Un mes antes de asumir la alcaldía, los malandrines me hicieron una encerrona. Cuando aprobaron el presupuesto de Cartagena para mis cuatro años de gobierno, por primera vez dijeron: “Hay que hacer un plan de saneamiento para las deudas viejas, acumuladas durante años”. Tenía que sacar dinero de esta administración para pagar lo que ellos debían. Por eso andamos del cuello.

¿No aguanta, entonces, más deudas?

Estamos mal de caja, pero en cuanto a nuestra solidez financiera, gracias a que ahora sí hay un gobierno honesto, los proyectos se van a hacer. En calificación de riesgo teníamos AA+, que es muy alta y les transmite confianza a los inversionistas y prestamistas, sobre todo a los internacionales. Infortunadamente, Colombia se la ha pasado prestando y bajó su calificación a Triple B. Al pasar esto, las calificadoras entraron a analizar las regiones y a Cartagena le bajaron también su nota. Sin embargo, está preaprobada para préstamos bancarios hasta por 160 mil millones de pesos, aunque yo quiero mucho más.

¿Cuánto más quiere pedir prestado?

Más de 300 mil millones de pesos. El préstamo o emisión de bonos no sería para hacer megaobras, sino para mejorar la calidad de vida del ciudadano de a pie. Quiero poner al día los colegios y vamos a cumplir con varias condenas viejas contra el Distrito por tutelas de ciudadanos que piden que les arreglen sus calles, les pongan alcantarillado, etc. No alcanzará para todo y tendremos que priorizar. 

¿Por qué no se ha hecho más presión desde la Alcaldía para que el galeón San José, que está a 600 metros de profundidad en aguas de Cartagena, sea declarado bien de interés cultural del ámbito distrital?

La ciudad es institucionalmente débil. Nuestros abogados no dan abasto. Para el tema, acudimos a la Agencia Nacional de Defensa del Estado, dirigida por Camilo Gómez. Hay muchos países reclamando el San José, porque es la ‘joya de la corona’. Es un paquete de 26.000 billones de pesos. 

¿Y qué ha hecho la agencia?

Ya llegó al acuerdo de que los otros países van a desistir de su demanda, con la condición de que el patrimonio se mantenga intacto, que no lo dividan y permanezca en Cartagena; que tenga su propio museo y no sea desvalijado. El Gobierno nacional está protegiendo nuestros intereses de los malandrines. Ya echaron para atrás lo del gobierno Santos con una empresa inglesa para pagar el rescate por el valor del pecio. Le iban a dar el 45 % a Colombia y lo demás era de ellos. Eso se acabó.

Pero hay más galeones hundidos en Cartagena…Han descubierto ocho galeones. Todo esto se va a utilizar para promover el turismo. Será algo así como “la ruta de los galeones”. Estoy detrás de Disney para que ponga aquí “Los piratas del Caribe” y sea un atractivo fabuloso para la ciudad. Y el galeón San José ocuparía un importante lugar en este tour. Estamos en conversaciones con ellos.

En la puerta de su despacho, Dau puso la primera advertencia contra los malandrines.

Usted dice que no se meterá en una pelea judicial por el galeón porque no tiene dinero. Pero, alcalde, se trata de un patrimonio de 26.000 billones de pesos. No es una bicoca…

Sí, pero de 1’200.000 habitantes de Cartagena, un millón están pasando hambre. Tienen las calles reventadas, las están rellenando con mangle de la ciénaga, están deforestando La Popa, sus hijos van a unos colegios en pésimo estado. Tengo que ‘pellizcarme’ primero por mi gente. 

Van casi dos años de su alcaldía y no se define lo del Edificio Acuarela, que obstruye la visibilidad del Castillo San Felipe.

El procurador Fernando Carrillo quería que lo tumbara. Le dije que sí, pero con todas las de la ley. No a la brava porque las demandas después vienen es contra del Distrito de Cartagena. Ese es un ‘gallo tuerto’, pero ya la Agencia de Defensa del Estado está representándonos y demandando a los constructores. Hace dos semanas firmamos un convenio tripartito con Mincultura y la Unidad Nacional de Riesgos.

¿Quién lo demolerá?

La Unidad Nacional de Riesgos va a encargarse. Ellos estudiarán la manera técnica de hacerlo. Yo no voy a meterme porque qué tal que, con la pólvora, le hagan daño a la estructura del castillo. Sí sé que antes de que termine 2021 será demolido. Tiene los días contados, pero la pelota está en manos de Bogotá.

Alcalde, la prostitución está descontrolada…

Ese es un problema de siempre en Cartagena y es un tema muy complejo, porque no se trata solo de la prostitución, sino de un submundo criminal de drogas, explotación infantil y trata de personas. Hace dos meses, me tocó ir de isla en isla buscando a un americano que hace fiestas electrónicas en diferentes partes del mundo con gente que busca ‘Sodoma y Gomorra’. ¡Había organizado en Islas del Rosario una a todo taco! Llegó a Cartagena en un avión privado, dicen que el más grande del mundo, con 60 personas desde Bangkok (Tailandia).

¿Gente importante y con mucho dinero?

Puros archimillonarios con sus amigos. Cuando me enteré, comencé una cacería. Finalmente lo conseguí en un prestigioso hotel y le dije: “Mira, hijuetantas, Cartagena se respeta, te voy a deportar ya”. Además, llamé a la Embajada de Estados Unidos y le puse la queja. Les solicité a los encargados que se llevaran a ese gringo ya, porque si lo cojo yo, ¡pobrecito!  Vinieron por él y lo sacaron del país. Eso ha quedado de enseñanza para que nadie vuelva a faltarle el respeto a Cartagena.

¿Cómo es eso de que las murallas se las han querido llevar para Bogotá?

No han podido ni podrán mientras yo sea alcalde. Hace algunos meses, recién posesionado, la anterior Mincultura vino y se las quiso quitar al Distrito de Cartagena, para dárselas a unos cachacos. Me negué tajantemente. Tuvimos un fuerte altercado, pero no lo permití.

Cartagena, por su condición de ciudad turística, puede resultar muy afectada por la variante delta de la covid…

Esta cepa es más contagiosa, pero aquí se me muere la gente de hambre o de covid. Ya el turismo en Cartagena se ha reactivado. Estamos casi al 75 % del nivel prepandemia del 2019, pero el covid no se ha disparado por el turismo. De todas las capitales del país, Cartagena es la que mejor ha manejado la pandemia. Fuimos los primeros en cerrar la economía y el aeropuerto. Tomamos medidas muy estrictas, pero ya no podemos seguir cerrados. Eso se acabó. O te cuidas, o te mueres.