Es uno de los últimos y más exitosos estrenos del género de terror y suspenso de Netflix.

Esta historia sigue los pasos de Dan, interpretado por el actor mauritano Mamoudou Athie, un restaurador de cintas de video análogas para un museo en la ciudad de Nueva York. 

Dan es contactado por una misteriosa corporación de la cual nadie sabe nada, con el fin de restaurar unas cintas de videocasetera de los años 90 rescatadas de un gigantesco incendio décadas atrás. Es llevado una vieja instalación alejada de la ciudad, allí se verá inmerso en un caso que principalmente es un thriller de suspenso temporal que lentamente dará paso a sucesos de carácter paranormal y aterrador.

Esta serie de 8 capítulos de casi una hora de duración es un rompecabezas inquietante y perturbador, nos adentra en el edificio Visser, una antigua edificación que en el pasado fue consumida por un gran incendio, en este escenario se desarrollarán la mayoría de momentos espeluznantes, y no por la naturaleza básica que recurre a criaturas monstruosas con tentáculos, al contrario, su poderosa naturaleza psicológica crea un halo de paranoia y miedo cada vez que algún protagonista  recorre los laberinticos pasillos de este edificio que recuerdan por momentos los recorridos en el siniestro hotel Overlook de El Resplandor de Stanley Kubrick. 

La narrativa de esta serie es fascinante, se ubica en dos momentos del tiempo separados por casi 30 años; el primer escenario está ubicado en la actualidad, con Dan siendo contratado para restaurar y revisar las cintas que le ha encargado el dueño de aquella misteriosa corporación. Durante su trabajo con las cintas en aquel complejo solitario y apartado, Dan conoce a Melody, la chica que hizo las grabaciones originales. 

En un punto nos convertimos en Dan, nuestra mirada se adentra en esa textura inquietante que produce mirar el pasado con un formato ya casi extinto, el ruido de la imagen y su precaria definición aportan una sensación perturbadora, como si estuviéramos viendo algo prohibido, algo que no deberíamos ver, y en últimas, podrían ser las últimas imágenes de un ser humano en aquel momento.

La narración nos lleva a 1994, convirtiendo a Melody en la protagonista de este viaje. 

Melody, una estudiante que entrevista a los inquilinos del edificio Visser, lentamente caerá en un profundo y denso círculo de misterio y delirio, a medida que va conociendo a los habitantes del edificio, comenzarán a suceder eventos que juegan con la mente racional y una descarada sensación de inmenso miedo y sospecha de todo y de todos. Acá los realizadores son demasiado efectivos en construir una atmosfera siniestra que se sostiene por la naturaleza misma de la claustrofobia y el miedo a encontrarse con algún personaje inesperado al cruzar un pasillo o descender a un sótano. Sumemos a esta ecuación el encuentro con una secta que realiza rituales, invocaciones a seres demoníacos o de otras dimensiones y sacrificios humanos, los ingredientes perfectos para desarrollar una historia que navega en el terror psicológico más puro.

Archivo 81 recuerda demasiado a otras producciones como la mencionada “El Resplandor”, en ambas líneas temporales nuestros protagonistas están inmersos en estructuras que juegan con la mente y crean capas de realidades o ilusiones indistinguibles gracias a un manejo perfecto del montaje. Estas estructuras son personajes vivos que albergan una energía siniestra que poco a poco terminarán por perforar la psique de los personajes, llevándolos a construir momentos de una cruda y delirante desesperación. También recuerda demasiado a las sensaciones que producían “Los Expedientes secretos X”, pues nunca sabemos si la naturaleza del horror que será desencadenado en capítulos posteriores es de una naturaleza demoníaca o cósmica. 

Esta es una historia que puede decepcionar o terminar de conectar con la audiencia con la resolución del último capítulo de esta primera temporada, y es que responder las preguntas que sustentan la trama puede ser un plato que se sirve demasiado pronto. Se siente como un cambio de género dentro del mismo género, pues la naturaleza de terror psicológico, el misterio y la oscuridad en el no saber, se transforman abruptamente en un espectáculo de ciencia ficción, que, si bien hay que advertir que no es un mal final, puede tomar por sorpresa a quienes querían sostener un poco más el halo de misterio y no una auto conclusión que evidentemente quiere plantear las semillas de una segunda temporada. 

Se siente tan aterradora y atmosférica, muy cerca de las sensaciones de un mundo infernal como lo presentaba “Silent Hill” (2006), para luego convertirse en una serie más cercana a “Fringe”, serie de ciencia ficción bastante exitosa del 2008. 

No quisiera dejar de lado un elemento como su música, y es que logra de una manera excepcional crear melodías y atmosferas producidas por órganos, teclados, metales y experimentación con sonidos repetitivos y desesperantes. El score está compuesto por Ben Salisbury y Geoff Barrow, quienes logran entrelazar sus temas con una edición de sonido impecable y ajustada a cada momento específico potenciando los estados emocionales de los protagonistas y el espectador.

Esta es una historia conmovedora, vemos a lo lejos la vida de alguien de la cual no sabemos nada, logramos, al igual que Dan, encariñarnos con esa ingenua chica de veinte tantos años, noble y valiente de otro tiempo, que, a lo largo de la serie, será un personaje entrañable con una resolución que aún no puedo definir si es de mi total agrado, pero que de igual forma, plantea muchas preguntas más que serán respondidas en una inminente segunda temporada.

Archivo 81 es una realización de Netflix con el afamado director James Wan, quien le diera un nuevo aire al género del terror con recordadas sagas como El conjuro o Saw. Así que el servicio de streaming más poderoso del mundo se asegura de contar con todos los elementos y el talento necesario para construir un universo propio que ya ha sido un éxito total en la plataforma, además de una larga lista de críticas positivas de medios especializados. 

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