Por: Diego Molano

Exministro de Defensa Nacional

Bogotá ha enfrentado en las últimas semanas momentos aciagos, en especial por las violaciones y abusos que han sufrido en el Transmilenio, jóvenes mujeres. Lo mismo que por los cuerpos de personas embolsadas y desmembradas encontradas en algunas localidades.

La ciudad está hecha un caos, ha entrado en un franco proceso de deterioro de sus condiciones de seguridad y movilidad que afecta la calidad de vida de todos. Se ha vuelto una ciudad agresiva, un lugar donde se perdió la confianza y la esperanza de un mejor futuro. 

Los gobiernos de izquierda lograron que el odio se instale en muchas de las actuaciones de un grupo de ciudadanos, por eso destruyen Transmilenio, atacan a la autoridad, incendian los CAI de Policía y aún peor, nadie se atreve siquiera a hablar con otro en la calle o reclamar un buen comportamiento del vecino. 

Entra la alcaldesa Claudia López a su último año de gobierno, el que debería ser el de la ejecución y para dejar un legado, sin embargo, por lo hecho y las perspectivas futuras, la ciudadanía deberá exigirle más celeridad, más compromiso y priorizar temas esenciales como seguridad, movilidad y protección de la economía familiar, de cara a lo que nos espera en el 2023.

La movilidad de la ciudad es cada vez más caótica

Inseguridad y temor 

La inseguridad que aqueja a Bogotá tiene su origen en varios factores. En primer lugar, se trata de un efecto pospandemia, que después del encierro de dos años conllevó, no solo en Bogotá, sino en varias ciudades del continente, al incremento de comportamientos violentos y la subida en las tasas de homicidio. 

En segundo término, aún quedan secuelas del vandalismo y el bloqueo que se presentó el año anterior. En algunas zonas quedaron remanentes de microtráfico y otros grupos que amedrentan a los ciudadanos, como es el caso del Portal de las Américas.

El microtráfico y la disputa de rentas criminales en varias localidades es el principal factor generador de homicidios selectivos, de atracos y extorsión. Fenómenos y delitos que se han incrementado en los últimos meses. Dicen los ciudadanos “antes nos atracaban, ahora lo atracan a uno y lo matan”.

Un logro importante para Bogotá fue que en el primer semestre del 2022 tuvo la tasa más baja de homicidios en 20 años, sin embargo, los 21 homicidios con cadáveres embolsados desdibujaron ese logro. 

También se incrementaron el hurto en un 16%, el robo de celulares en 8%, las lesiones personales en 2%, los delitos sexuales en un 21% y la violencia intrafamiliar en un 24%.

Si bien el Distrito Capital habrá recibido un total de 3.500 nuevos patrulleros para finales de este año y ahora cuenta con la Policía Metropolitana de la Sabana, se requiere un mayor respaldo de la alcaldesa a la Policía en su actuar. Debe ser materia de preocupación la decisión del Gobierno Nacional, de cambiar la orientación del servicio militar a social, pues esto afectará el total de auxiliares bachilleres en la ciudad, quienes contribuyen con efecto disuasivo en sitios claves de la ciudad.

Será necesario revisar también los efectos de las negociaciones de la “Paz Total” sobre el Distrito. Podría preverse un incremento del narcotráfico y microtráfico en la ciudad. También es necesario revisar cuál será el manejo de todos aquellos que sean indultados; como los miembros capturados por diferentes delitos de la Primera Línea o los que lleguen de los diferentes grupos armados organizados.

El plan de obras va retrasado. Algunas de ellas ni siquiera se han empezado 

Bogotá a tres horas de Bogotá

Después del covid-19 las calles de Bogotá están más congestionadas que nunca. Hoy, un trabajador o un estudiante puede gastar tres horas de su vida en el transporte con el agravante del deterioro en su calidad de vida. Máxime cuando la inseguridad se ha tomado el Transmilenio, principal sistema de transporte público que mueve al día, cerca de dos millones de bogotanos.

El plan de obras, que promete una mejor movilidad, que va retrasado y en otros casos obras que todavía no se inician: Transmilenio por la Avenida 68 y la Ciudad de Cali, como la avenida José Celestino Mutis o Calle 63. La ALO, las entradas a Bogotá por la Autopista Norte y la Séptima. 

Lo más grave es que la primera línea del Metro que, ya tenía estudios, había sido contratada y estaba en ejecución, con un 80% de los predios comprados, ahora pareciera que va a ser frenada por un capricho del presidente Petro pidiendo que a estas alturas se evalúe que sea subterránea. 

El nuevo Regiotram de Occidente y la Calle 13 deben acelerarse porque cambiarán la dinámica de movilidad de uno de los principales corredores de la sabana de Bogotá.

La Alcaldía definitivamente tiene que, en este último año, recuperar Transmilenio. El deterioro de las estaciones que fueron destruidas por los vándalos, la inseguridad que reina no solo en los buses rojos, sino en los del SITP zonales tiene a los ciudadanos amedrentados.

La economía familiar

Las perspectivas de recesión en el mundo golpearán también a la capital y habrá que responder con decisión para proteger la economía familiar de los bogotanos.

La inflación creciente originada en una coyuntura internacional por la invasión de Rusia a Ucrania. El incremento del precio de fertilizantes, como también los retrasos de la cadena logística, fenómeno de los contenedores, hacen parte de las causas que incrementan los precios que afectarán la canasta familiar. 

Empeora el panorama si a ello se suman los efectos del precio del dólar, en una ciudad donde el 30% de los productos, de esa misma canasta, son importados. Lo que veremos es una situación muy compleja en las familias más vulnerables.

La ciudad debe mantener el ritmo de obras para garantizar la inversión pública y empleo, en plena época que será de desafíos económicos enormes para las urbes de la región.

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