El expresidente Álvaro Uribe prende sus motores rumbo a la campaña presidencial del 2022. Tres serán sus ejes de batalla: acabar con la JEP, reducir el Congreso y reformar la Justicia

Desde su finca en el Ubérrimo, Córdoba, el pasado 12 de octubre el expresidente Álvaro Uribe Vélez realizó una declaración referente a su libertad de poco más de 12 minutos y al final dejó una frase, que como todas las suyas, causan revuelto político: “Ojo con el 22”. Los analistas políticos la interpretaron como el arranque de la campaña presidencial y el anuncio que el Centro Democrático se va a jugar a fondo para mantenerse en la Casa de Nariño.

Pero la frase de Uribe no fue aislada. Ni hubo necesidad de rescatarla de su declaración. Por el contrario, iba acompañada de un arsenal de propuestas que generaron de inmediato una respuesta de sus detractores. Habló que había llegado la hora de derogar la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP), también que era necesario reformar el Acuerdo de Paz con el argumento de que si no se hace, va ser muy complicado lograr que otros grupos ilícitos, como el Ejército de Liberación Nacional, lleguen a una mesa de negociación con el Gobierno. 

Cuando Uribe fue privado de su libertad y decidió renunciar a su curul de Senador para lograr que su proceso pasara de la Corte Suprema de Justicia a la Fiscalía General de la Nación, la oposición pensó que los días del expresidente como político llegaban a su fin. 

Pero no fue así. Primero, desde su lugar de reclusión, en el Ubérrimo, lanzó toda su carga contra los magistrados que lo investigaban y señaló que estaba secuestrado por la Corte Suprema y había llegado la hora de hacer una reforma profunda a la Justicia e impulsar un referendo para que los colombianos reclamaran una verdadera justicia. 

Pero solo unas horas después que la jueza 30 de garantías le otorgara la libertad, el expresidente enfiló baterías rumbo al 2022. Más que un mensaje de reivindicación de su inocencia por el proceso judicial que adelantó la Sala de Instrucción de la Corte Suprema como determinador de los delitos de soborno a testigo y fraude procesal, su intervención parecía el delineamiento de una hoja de ruta con miras a las próximas elecciones presidenciales. 

“Ojo con el 22”, fue una de las frases que repitió una y otra vez y que no ha dejado de repetir en los diferentes mensajes que cada día publica en sus redes sociales. Con ello se juega a fondo su carta para seguir manteniendo a uno de los suyos en Casa de Nariño. 

Para los analistas políticos el discurso de Uribe no es nuevo. Es el mismo que ha repetido en los últimos dos años: acabar con la JEP, reducir el número de congresistas, lograr sacar adelante el proyecto de crear una única corte y por supuesto, evitar la expansión del castrochavismo bajo la alarma que Colombia puede terminar convertida en Venezuela.

“Lo nuevo que ha anunciado Uribe es que todos estos cambios se pueden lograr en las urnas, vía referendo. No es un camino fácil y el expresidente ya lo experimentó en carne propia”.

Lo nuevo que ha anunciado Uribe es que todos estos cambios se pueden lograr en las urnas, vía referendo. No es un camino fácil y el expresidente lo experimentó en carne propia. Cuando estaba en Casa de Nariño y gozaba de la más alta popularidad impulsó un referendo en 2003 con 16 preguntas que no logró su objetivo. Al frente de él estuvo su escudero Fernando Londoño que fungía como Ministro del Interior y de Justicia. El texto traía de todo: voto nominal, perdida de investidura, auxilios parlamentarios, reducción del Congreso, congelación de pensiones, entre otros. 

Los resultados no fueron los esperados. Solo fue aprobada una pregunta y el entonces presidente Uribe tuvo que reconocer la derrota, pero anunció que continuaría impulsando esas reformas. Diecisiete años después vuelve a insistir sobre varios puntos en lo que ha llamado “Ojo con el 22”. 

No es fácil convertir en una empresa exitosa un referendo. La propia Constitución del 91 dejó muchas trabas para que una iniciativa de este calibre prospere y más en un ambiente tan polarizado como el que hoy vive Colombia. 

Convocar a un referendo parece simple a primera vista. Basta con que un grupo de colombianos lo notifique ante la Registraduría General de la Nación, después hay que recoger las firmas del 5 % del censo electoral, que hoy oscila en 1.800.000 y de lograrse pasaría a debate en el Congreso para que apruebe ir a las urnas. 

Hasta ahí la cosa parece viable. El problema viene más adelante: cada pregunta que contenga el referendo debe pasar el umbral de 9 millones de votos, de los cuales la mitad tendría que ser por el sí. 

El expresidente Uribe es consciente que este camino tiene más espinas que flores. Pero sus anuncios van a ser su objetivo político para las elecciones del 2022. Y en ese orden de ideas, eliminar la JEP, reducir el tamaño del Congreso y llevar a cabo una profunda reforma de justicia, serán sus grandes banderas y en esos temas una buena parte de los colombianos coinciden con Uribe. 

Quienes pensaban que Uribe se iba a dedicar cien por ciento a su defensa están equivocados. Para esto tiene su grupo de abogados que lo mantienen al día con cada una de las actuaciones que hoy adelanta la Fiscalía donde finalmente terminó su proceso. El expresidente está con la cabeza en otra cosa: comenzar desde temprano la campaña política. Es un “viejo zorro” en esos menesteres, por algo ha llevado a dos pupilos a la Casa de Nariño, así uno de ellos, Juan Manuel Santos, no sea de sus afectos y su relación se haya vuelto como el agua y el aceite. 

Uribe tendrá una dura tarea por delante. El desgaste del presidente Duque lo puede llegar afectar, la oposición cada vez más radicalizada, va a hacer lo imposible para que el Centro Democrático no continúe en la Presidencia de la República. Pero Uribe picó en punta y sus tres huevitos del 22 ya están listos: acabar con la JEP, reducir el Congreso y reformar la Justicia. Y a eso le van a jalar buena parte de sus simpatizantes.