Dos científicos expertos y líderes de opinión nos presentan el preocupante panorama de la pandemia recrudecida por las variantes del SARS-CoV-2 y la resistencia de mucha gente a vacunarse. Colombia, a punto de sufrir su cuarta ola por causa de la delta.

Por Ana Luz Castillo Barrios

Periodista Revista Alternativa 

Aunque el principio de la ciencia sea la incertidumbre, una cosa sí está muy clara para los científicos: ¡nos esperan, por lo menos, dos años más en modo pandemia por causa del SARS-CoV-2 y sus múltiples variantes. Esto significa que el virus llegó para quedarse, que nunca se irá y que debemos aprender a convivir con él. 

Y la fórmula perfecta para que esto suceda de manera tan contundente se la estamos poniendo en bandeja todos los días al virus: no vacunarnos + no cuidarnos de forma rigurosa hace que este se reproduzca en cantidades inconmensurables y logre mutar en diversas variantes con el único objetivo de evadir las respuesta de los anticuerpos. Así, su capacidad de infectar se potencia exponencialmente, y sus mutaciones, como si fuera algo maquiavélico, no reparan en los medios o la forma, sino en el fin: infectar, infectar, infectar. 

Esta es básicamente la razón por la cual la variante delta está arrasando en Estados Unidos, donde el 80 % de los nuevos infectados son atribuibles a dicho linaje, solo se ha vacunado el 45 % de la población y el 100 % de las muertes por esta infección corresponde a personas que no fueron vacunadas. 

Se estima –aunque no es un dato confirmado por la ciencia– que por cada 20.000 a 30.000 contagios, el virus hace una mutación, es decir, genera una nueva variante. Estas implican, necesariamente, un riesgo más elevado para la salud pública, puesto que entre más mute el virus, más infectará y más difícil será combatirlo. El mayor riesgo que enfrentamos con dicha situación es que se llegue a un punto en el que las vacunas que tenemos actualmente ya no sirvan y nos quedemos sin armas para enfrentar al virus. 

“Las vacunas por sí solas no nos salvan de esto. Pero sí protegen contra la enfermedad grave y la muerte. Es indispensable mantener los cuidados y protegernos entre todos para reducir las infecciones”. 

Luis Fernando Vélez, MD, phD

En ello están de acuerdo todos los estudiosos de la pandemia, como nuestros invitados esta edición: por un lado, el doctor en microbiología y biología molecular Juan David Ramírez, profesor asociado de la Facultad de Ciencias Naturales de la Universidad del Rosario; y por el otro, el médico Luis Fernando Vélez, doctorado en Salud Pública, director de Aprendizaje e Impacto de la William G. McGowan Charitable Fund, con sede en Portage (Michigan), e investigador del Health Science Center de la Universidad de Texas, con sede en Houston. 

Tanto el primero, desde su laboratorio en Colombia, como el segundo, desde su lugar de trabajo en Estados Unidos, ven con angustia cómo la situación del país del norte se puede replicar en Colombia ante la negativa de miles de personas a vacunarse y la relajación de las medidas preventivas para contrarrestar el incremento de los contagios. 

“La única explicación por la que ha aparecido delta con tanta fuerza es porque la vacunación no ha transcurrido a la velocidad que debió transcurrir”, manifiesta el doctor Ramírez, quien agrega que “debido a su alta carga viral y a su velocidad de transmisión –que no es la misma de la vacunación– es inminente que en Colombia suframos una nueva ola de contagios por la variante delta en los próximos dos o tres meses”. 

Por su parte, el doctor Vélez opina que “no mantener los cuidados de manera rigurosa, no comprender que todos somos corresponsables por la situación y negarnos a la vacuna son hechos que están provocando un gran daño y ocasionando que el virus vaya un paso adelante de las vacunas a través de sus mutaciones. La única manera de frenarlo es evitar las infecciones”. 

“La gente debe creer más en la ciencia y menos en las redes sociales. Y la ciencia dice que debemos acelerar la vacunación al máximo y que seguramente necesitaremos refuerzos cada uno o dos años para el resto de la vida”. 

Juan David Ramírez, PhD

La variante delta ha obligado a que la expectativa de la inmunidad de rebaño se eleve del 70 % al 90 %, algo que no se conseguirá prontamente en Colombia donde apenas llegamos al 35 % de la población con esquema de inmunización completo. Se requiere un umbral más alto para evitar los nuevos picos, dijo el ministro de Salud, Fernando Ruiz.  

“Uno de los miedos que tenemos en la comunidad científica es la falta de disposición de la gente para vacunarse. Según el DANE, la población entre 30 y 45 años es la más reacia. Esa es la mayor pelea que estamos dando en la academia. Tratar de convencer a estas personas de que se vacunen; si debemos rogarles, lo haremos”, agrega Ramírez. 

Dr. Juan David Ramírez, microbiólogo y profesor asociado de la Facultad de Ciencias Naturales de la Universidad del Rosario. Foto: Milagro Castro.

Alternativa: ¿Pero por qué la gente no se quiere vacunar? 

Juan David Ramírez: Un punto fundamental aquí es que no se ha comprendido con exactitud la función de las vacunas. Muchos dicen “¿cómo así que me dio la covid si yo me vacuné? Entonces las vacunas no funcionan”. Así se propaga una cadena de desinformación que es muy nociva para la situación. Las vacunas avaladas por la Organización Mundial de la Salud (OMS) para atender la emergencia sanitaria tienen como objetivo principal evitar que las personas desarrollen síntomas graves que les impliquen ser hospitalizados e incluso morir; no necesariamente que las personas no se infecten. A la fecha, lo que sabemos es que estas funcionan para las variantes, incluso para la delta. No obstante, se ha comprobado una reducción de su efectividad entre el 5 y 7 %. Por lo tanto, es probable que tengamos que adoptar un esquema parecido al de la influenza, es decir que necesitemos refuerzos cada uno o dos años. 

Luis Fernando Vélez: Ha habido una dispersión de las falsas creencias en torno al tema que es aterradora, incluso azuzada por líderes, pastores y personajes prominentes. En Arkansas, por ejemplo, se prohibió que las ciudades del estado impusieran la medida obligatoria del uso del tapabocas. ¡Una gran estupidez! Esto se ha vuelto un tema político. Le pongo un ejemplo: se ha demostrado que la vacuna de Johnson & Johnson presenta un riesgo de desarrollar el síndrome de Guillain-Barré en uno de cada 160.000 vacunados. El virus, mientras tanto, presenta este riesgo en uno de cada 1.200 infectados. Las matemáticas me dicen que el riesgo de desarrollar Guillain-Barré es 100 veces mayor con el virus que con la vacuna. ¿Entonces qué preferiría usted, la vacuna o el virus? Hay que poner todo en perspectiva. Las vacunas por sí solas no nos salvarán de esto. Eso es muy importante porque debemos concientizarnos de que los cuidados, el uso permanente del tapabocas, evitar a toda costa las aglomeraciones, respetar el distanciamiento físico deben mantenerse y son lo único que nos ayudará a reducir la infección y, por ende, a conservar la efectividad de las vacunas. Tenemos que impedir que más gente se infecte para que estas estén un paso adelante –y no atrás– del virus. 

Alternativa: Lo que ustedes plantean hace que nos preocupemos mucho por las flexibilización de las medidas restrictivas de bioseguridad y las aperturas para la reactivación económica, la cual, en palabras del ministro de Salud, Fernando Ruiz, depende en buena parte de que se logren las metas de vacunación… 

JDR: Es indispensable que se hunda el acelerador de la vacunación al máximo y que se mantengan las medidas restrictivas de ingreso al país, ya que estamos registrando nuevas variantes en el territorio de forma muy rápida. El éxito de los virus consiste en que entre más se transmiten más mutan. De ahí que yo recomiende obedecer sugerencias como la de Pfizer respecto a la aplicación de una tercera dosis. Incluso, yo iría más allá, a una cuarta o quinta; las que sean necesarias para frenar su evolución. Lo que debemos tener claro es que las variantes también pueden matar y por eso hay que vacunarse. 

Luis Fernando Vélez, médico doctorado en Salud Pública, director de Impacto y Aprendizaje de la William G. McGowan Charitable Fund e investigador.

LFV: Yo veo los comunicados de las autoridades sanitarias de Colombia y pareciera que estuvieran hablando de Alicia en el país de las maravillas. Es absurdo que se plantee volver a la normalidad para lograr la reactivación económica cuando es todo lo contrario, nunca volveremos a la normalidad de antes. Creo que es un tiempo para pensar, ingeniar, ser creativos. Tendremos por lo menos dos años más de pandemia, por lo tanto debemos concentrarnos en pensar cómo viviremos ese futuro cuidándonos, manteniéndonos seguros de manera colectiva. No es posible pensar en reabrir los bares, por ejemplo. Ningún estudio ha demostrado que estos puedan abrirse como sitios seguros porque la gente bebe licor y con ello se pierde el control. Restaurantes seguros, colegios seguros, hoteles seguros sí podemos abrir. Podemos crear una normalidad que le permita a la economía funcionar y que, sobre todo, preserve la vida. 

¿Por qué, pese a esta prueba tan dura para todos, no se ha logrado romper la brecha entre la ciencia y la vida del común, la cotidianidad? 

JDR: Un gran error que cometemos los científicos es que no sabemos comunicar la ciencia. Y, por otro lado, lastimosamente, la gente les cree más a las redes sociales que a los científicos. Una de las enseñanzas más importantes que mi equipo y yo hemos obtenido de la pandemia es aprender un lenguaje que sea comprensible y cercano a la gente para transmitirles lo que hacemos desde la técnica. La invitación, en todo caso, es a que las personas crean más en la ciencia, pues es la que está brindando las soluciones para enfrentar la pandemia. 

LFV: Tradicionalmente, ha habido una falla de la ciencia en comunicar. Para los científicos es importante publicar en una revista científica que solamente entienden los de su campo, pero explicarle a la gente común qué es y para qué le sirve, no ha sido una preocupación, aunque debería serlo. Ojalá que esta experiencia nos sirva a los científicos para entender que debemos comunicarnos con el público, no solo ahora con la pandemia, sino permanentemente.  Debemos ayudarle a la gente a entender la duda, la incertidumbre.

Recuadro 

Tras el rastro del virus en Colombia

El año pasado, el equipo de científicos de la Universidad del Rosario, liderado por el microbiólogo Juan David Ramírez, publicó un artículo en la revista Journal of Medical Virology como resultado de su primera investigación sobre la naciente pandemia provocada por el nuevo coronavirus. Sus hallazgos permitieron demostrar que el SARS-CoV-2 llegó a Colombia por lo menos tres meses antes de que se cerraran las fronteras del país ante la emergencia sanitaria mundial. 

Desde entonces han seguido observando y monitoreando la evolución del virus de forma minuciosa, lo que les permitió descubrir que el tercer pico registrado en el país durante el segundo trimestre de este 2021 –el más severo de todos y cuando se presentaron las más altas cifras de mortalidad–, se debió a una variante conocida como B.1.6.21, la cual se detectó por primera vez en el país y está siendo parametrizada para luego realizar la publicación correspondiente que le permita ser considerada por la OMS para calificarla de interés o de preocupación, según sus características, y, al mismo tiempo, ser nombrada con una letra del alfabeto griego. De esta variante se han registrado algunos casos en Estados Unidos y España. 

Se estima que dicha variante será desplazada en nuestro territorio por la delta, considerada desde ya por los científicos como la predominante en el pico que se avecina.