El alcalde Beto Barros impulsa el proyecto del parque Cuna de Acordeones para albergar a su afamado festival, a la escuela de nuevos talentos y a un museo para sus dinastías musicales.

Villanueva quiere ser un polo turístico cultural con su música de acordeón.

Por Catalina Matiz 

Periodista Revista Alternativa 

“Yo soy como el gallo fino /en su pelear decidido/ 

y lleno de gran valor / El miedo no he conocido/ 

Por eso es que no me aflijo/ Y siempre soy vencedor”.

Estos versos, que en 1989 grabó Beto Zabaleta con el acordeón de Orangel “el Pangue” Maestre, los escribió Carlos Alberto Barros Mattos, a quien todos en el mundo del vallenato conocen simplemente como Beto Barros.

El título de la canción es Yo soy el hombre y algún político la tuvo como su tema de campaña. Su autor lo es también, pero curiosamente no la usó para llegar a donde está hoy: en la alcaldía de Villanueva, el pueblo del sur de La Guajira, que su mandatario quiere, hoy más que nunca, que sea reconocido como la meca del Vallenato.

Como todo villanuevero, Beto Barros respira aire de acordeón. No tuvo talento para las teclas y el fuelle –“Lo único que toco es la puerta”, dice-, pero sí para hacer versos de paseo, armar parrandas célebres y “trabajar con el alma” por el folclor de su tierra.

Eso explica por qué acumula más de 100 saludos en grabaciones –“todo un récord”, asegura– y por qué lo consideran el mejor presidente que ha tenido el Festival Cuna de Acordeones, evento que congrega desde 1979 –casi siempre cada septiembre– a lo más selecto del universo del vallenato. Es el concurso más famoso después del de Valledupar y el mejor para muchos ortodoxos del género. En 2006 fue declarado Patrimonio Cultural y Artístico de Colombia.

Ahora, como alcalde, Beto Barros tiene entre ceja y ceja el objetivo de sacar adelante un viejo anhelo villanuevero: el parque Cuna de Acordeones, un complejo cultural al lado del río, que sería como un templo del vallenato. 

Así, el municipio podría contar con un escenario a la altura de su festival, un escuela –“prácticamente una universidad”– para formar nuevas generaciones de músicos que mantengan la tradición, y que ya tiene 60 alumnos: y una especie de museo para recordar todas las castas de acordeoneros que ha visto nacer ese vibrante rincón guajiro ubicado en el piedemonte de la Serranía del Perijá.

En Villanueva nació la dinastía del viejo Emiliano Zuleta, que siguieron Emilianito y “Poncho”; la de Escolástico Romero, de la cual hacen parte Israel, el del Binomio de Oro, y la del Pangue y Gabriel Maestre Socarrás. Igualmente, allí surgieron los Bolaño, los Kammerer, los Herrera, los Gil –del maestro formador Andrés ‘El Turco’ Gil–, los Ovalle, los Fernández… y la lista sigue.

Barros dice que necesita $30.000 millones para sacar adelante el proyecto.

Egidio Cuadrado, el acordeonero que ha recorrido el mundo con Carlos Vives, aprendió a tocar el instrumento antes de los seis años en Villanueva, tierra que ha dado también voces como las de Jean Carlo Centeno, Junior Santiago y el gran Jorge Celedón. “No hay un lugar con tantos premios Grammy”, anota Barros.

En el complejo, cada familia tendría su nicho para que los propios y visitantes conozcan su trayectoria de reyes y estrellas del vallenato.

El parque tiene un diseño especial que incluye una tarima, un edificio en forma de acordeón; y otro, de caja. La inversión necesaria se calcula en 30.000 millones de pesos aproximadamente, que son poco –según el alcalde– frente a, por ejemplo, los $140 mil millones que se destinaron para la Casa de la Cultura de Valledupar. 

“Con esto, Villanueva se convertiría en el destino turístico folclórico no solo de La Guajira, sino del norte del Cesar y el área de influencia de Valledupar”, opina Barros, quien ha echado mano de su experiencia como congresista y diplomático para intensificar las gestiones ante el Ministerio de Cultura y la Consejería Presidencial para las Regiones, en cabeza de Ana María Palau. “Sé que hay un interés claro del gobierno por sacar adelante ese proyecto que le daría un nuevo pilar de desarrollo a la región”, dice. Villanueva se afianzaría como zona para la llamada economía naranja, que ya tiene definidos tres polígonos dentro del área municipal para resaltar y sacarle provecho a su historia vallenata.

“Para hacer realidad el parque solo necesitamos la voluntad del Gobierno con los recursos, porque el compromiso de la alcaldía y de los villanueveros está claro”, dice Beto Barros, el “gallo fino” que quiere hacer realidad ese anhelo de su pueblo.