Foto: Maxim Tolchinskiy.

Un reciente estudio publicado esta semana en The Lancet Planetary Health reveló que una de cada seis muertes en el mundo se debe a la contaminación, un resultado poco alentador teniendo en cuenta que las cifras no han cambiado desde el último análisis del año 2015. Se estima que por esta misma causa, en 2019 fallecieron nueve millones de personas, lo que representa mucho más víctimas que aquellas generadas por la guerra, la malaria, el VIH, la tuberculosis o el consumo de drogas.

El informe también indica que las muertes generadas por la contaminación del aire y la contaminación química tóxica aumentaron un 66 % en las dos últimas décadas debido a la urbanización incontrolada, el crecimiento de la población y la dependencia de los combustibles fósiles. La siguiente amenaza más letal es la contaminación del agua, causando 1,36 millones de muertes prematuras en 2019, después le siguen la contaminación por plomo y los riesgos laborales tóxicos.

El informe estuvo a cargo de la Comisión Lancet sobre Contaminación y Salud, quienes  para el estudio se basaron en un informe del año 2015 relacionado con la carga global de las enfermedades, una colaboración internacional basada en el Instituto de Métricas y Evaluación de la Salud.

Más del 90 % de las muertes se produjeron en países de ingresos bajos y medianos como la India y Nigeria.

Richard Fuller, autor principal del estudio considera que “a pesar de sus enormes repercusiones sanitarias, sociales y económicas, la prevención de la contaminación se pasa por alto en gran medida en la agenda internacional de desarrollo” mientras que aquellos de ingresos altos, lograron contrarrestar las peores formas de contaminación.

Panorámica de Shangai en China.

Entre las recomendaciones de los autores se destacan la creación de un grupo científico y político independiente, al estilo del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC), así como un aumento de la financiación para el control de la contaminación por parte de gobiernos, donantes independientes y filántropos, y la mejora del control de la contaminación y la recogida de datos.

“Está claro que la contaminación es una amenaza planetaria y que sus causas, su dispersión y sus efectos sobre la salud trascienden las fronteras locales y exigen una respuesta global. Es necesario una actuación global sobre todos los principales contaminantes actuales”, afirma Rachael Kupka, coautora y directora ejecutiva de la Alianza Mundial sobre Salud y Contaminación.

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