Por: Germán Escobar Morales

Exviceministro de Salud

La vacunación contra la covid-19 ha sido uno de los esfuerzos más grandes en la historia de salud de nuestro país. Mientras que nuestro programa regular de vacunación (Programa Ampliado de Inmunizaciones), referente regional desde hace varios años, aplica normalmente alrededor de 11 millones de vacunas al año, el Plan Nacional de Vacunación contra el SARS-CoV-2 logró, en sus primeros 15 meses de implementación, aplicar más de 83 millones de dosis y cubrir al 70% de la población colombiana, en todo el territorio nacional.

Más aún, de acuerdo con la evidencia científica, en los primeros seis meses del plan covid, se pudieron evitar más de 22 mil muertes, gracias a esta inmunización, la cual priorizó, con sustento científico, a los grupos más vulnerables; algo que en otros países no se dio y representó nuevas cuarentenas. En resumen, Colombia diseñó un plan de vacunación soportado técnicamente y durante el gobierno Duque, logró su implementación en un despliegue sin precedentes recientes, trabajando con todos los actores del sistema y promoviendo una campaña de comunicación del riesgo asertiva y masiva.

Es importante recordar que la ejecución del plan de vacunación tuvo dos momentos, aún más excepcionales que su masiva difusión en todo el país; el primero, en Leticia, Amazonas, población altamente afectada por esta enfermedad debido a sus condiciones propias de frontera. El segundo, en el archipiélago de San Andrés, Providencia y Santa Catalina. En ambas latitudes bipolares de nuestro territorio, donde las capacidades locales no eran suficientes para tan grande empresa, se realizaron jornadas masivas de cobertura universal de toda su población, en donde en tan solo días, se alcanzaron los objetivos. Su éxito se debió al trabajo conjunto del Gobierno Nacional, las autoridades locales, el sector privado, las EPS, IPS y hospitales públicos, todos unidos por un propósito común.

Sin embargo, estas proezas, dignas de las páginas de historia de la salud pública de Colombia, parecen haber quedado en el pasado aún cuando los retos del covid persisten. Terminado el 2022, el ritmo de vacunación contra esta enfermedad se mantuvo, desde agosto cuando asumió el nuevo gobierno, en una penosa cifra baja de dosis semanales. Más preocupante aún, debido a la temporada de lluvias prolongada que enfrentó el país en este periodo, el pico respiratorio se vio incrementado y agudizado por el espectro de otros virus, que también causan morbilidad severa y mortalidad en grupos de mayor riesgo. Es decir, que Colombia vivió un doble pico respiratorio, lo que urgía aún más la necesidad de incrementar un buen ritmo de vacunación covid e influenza, además del esquema pediátrico regular.

Ante esta situación, el Ministerio de Salud solo se limitó a hacer un llamado a las EPS para que éstas lograran este objetivo. Si bien es cierto, el aseguramiento tiene un rol protagónico en la inmunización, también lo es que ante un reto de salud pública como este, es necesario actuar como un sistema consolidado, con un ente rector sólido que acompañe y dirija los esfuerzos del resto de agentes; esa, como se mencionó, es una de las lecciones más importantes aprendidas de la pandemia.

Desafortunadamente, lo que pareciera estar pasando es que la ministra de Salud y su equipo, en su pública animadversión hacia el aseguramiento, ha detenido el trabajo mancomunado con estos agentes y las redes de prestadores que, de ellos depende. Han brillado por su ausencia, las reuniones periódicas de comités de expertos, los puestos de mando unificados y el Comité Estratégico en Salud, espacios que convocaban ampliamente a todos los involucrados y permitían contar con una línea clara de acción, pero también, con una interlocución directa y amplia con los distintos territorios e incluso con los entes de control.

“Colombia vivió un doble pico respiratorio, lo que urgía aún más la necesidad de incrementar un buen ritmo de vacunación covid e influenza, además del esquema pediátrico regular”

A manera de reflexión política, vale la pena decir que, en el debate democrático, es legítimo plantear reformas como la que la ministra Corcho propone, en donde se prescinda de las aseguradoras; no obstante, independientemente del resultado de la profunda discusión que este tipo de cambios merecen, en el entretanto no se realiza el proceso de trámite legislativo es imperativo y un mandato legal, ejercer la rectoría sobre todo el sistema de salud, convocar a sus agentes y fortalecer la salud pública del país.

Surgen, entonces, preguntas sobre cuál es el papel que está realizando esta administración para la prevención de enfermedades respiratorias, cuál es el tono de liderazgo que la ministra quiere imponer en un ecosistema acostumbrado a un diálogo técnico constante y, por último, cuáles son las líneas de acción de Minsalud para este 2023 frente a los retos cotidianos que su cartera enfrenta, al margen de la reforma que pretende, esperando que la frase célebre del escritor alemán, Johann Goethe, que cita “donde se pierde el interés también se pierde la memoria”, no sea un triste epílogo para este capítulo tan sobresaliente de nuestra sociedad.

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