El joven director de cine y tv, conocido por trabajos como ‘La ley secreta’, ‘Bolívar’ y ‘Distrito salvaje’ y ‘Malos días’, dirigió ‘Llanto maldito’, un película que llegó hace poco a la cartelera.

Por Juan Fernando Sánchez 

Actor, productor teatral y gestor cultural 

@juanfernandosanchezv

La leyenda de “La tarumama”, que Andrés Beltrán descubrió en un libro en sus épocas de colegio, le sirvió de base para hacer, ya entrado en sus 30, “Llanto maldito”, película que  por su nivel de realización podría marcar el redescubrimiento en Colombia de un género cinematográfico poco explorado y explotado.

Andrés Londoño, Paula Castaño y los niños Alanna de la Rossa y Jerónimo Barón encarnan a la familia protagonista de la historia, que fue rodada en 2019 en un espacio boscoso y frío de Chingaza. 

El largometraje, el segundo de Beltrán después de Malos días (2016), fue producido por Dynamo. Como dato relevante, fue seleccionado para representar este año a Colombia en el Festival Internacional de Cine Fantástico de Cataluña Sitges y en el Blood Window Showcase de Cannes 2021.

Beltrán, formado en cine en Colombia y en el Reino Unido, nos habla de su afición por crear tensión con la cámara y nos ayuda a entender mejor el género en el que se metió. 

Alternativa: ¿Por qué decidió hacer cine de terror?

Andrés Beltrán: El género del terror es muy rico y difícil. Por un lado, apela al público en general, pertenece a la cultura popular y es cercano a la audiencia. Y por esta misma razón es difícil hacer una película de terror cuando uno quiere complacer o sorprender a una audiencia que ya ha visto tanto terror. Por otro lado, es un género que en los últimos años se ha vuelto muy interesante, sobre todo porque ha empezado a enmarcar dentro del género historias de personajes mucho más dramáticas e íntimas. Cuando se tienen estos dos elementos de poder, se entra en un terreno muy delicado, pero también muy retador, que en Colombia no se ha explorado mucho. Las películas de terror nacionales se cuentan con los dedos de las manos. Es muy atractivo meterse en esta línea y empezar a generar una narrativa que prácticamente no existe en nuestro país. 

Estamos en una sociedad latinoamericana regida por la religión y el concepto del bien y del mal. ¿Cómo cree que se libra esa batalla entre el bien y el mal en Llanto maldito?

Hay un terror muy encajado en la iconografía religiosa y, sobre todo, en la católica. El cristianismo ha estado muy impregnado de todas las historias: desde El exorcista hasta El conjuro. En el caso de Llanto maldito yo evité cualquier iconografía religiosa. No hay nada cercano al paradigma del dios y del diablo, del bien y del mal. Creo, en lo personal, que eso no existe. No hay ni lo uno ni lo otro, sino que todo el tiempo estamos rodeados de las dos cosas y de otras incluso más complejas que ni siquiera se pueden categorizar en ese dualismo. Realmente en nuestra conciencia existe todo. 

En la trama de Llanto maldito, eventualmente el mal se toma la historia o la lleva a un camino terrorífico porque estamos haciendo una película de terror. Pero esos miedos, demonios y fantasmas habitan en la familia y, sobre todo, en el personaje de Sara, la mamá de los niños y quien está pasando por un momento muy difícil. 

¿Cómo se logró que la película se vea tan internacional, pero, al mismo tiempo, con unas raíces tan propias? ¿Cómo poder hacer que ese puente sea verosímil?

El reto está ahí. En nuestro folclor hay muchas leyendas y mitos con los cuales crecimos. De hecho, este libro del que yo saqué La tarumama se llama Leyendas populares colombianas y lo leí en el colegio. Ahí estaban La patasola, La madre monte, Los tunjos y otra cantidad de personajes de leyendas que pertenecen a nuestras regiones. Siento que eso es como una caja de pandora para sacar un montón de ideas para películas.  

Nosotros no presentamos el mito tal cual. No es una historia sobre la leyenda de La tarumama. Sin embargo, al sacarla de ese contexto y utilizarla en uno de personajes humanos que podrían existir aquí, en Argentina, Estados Unidos o en Europa –una familia en donde existen problemas, heridas normales de cualquier familia–, la historia se vuelve un poquito más internacional o trasciende la región en la que se ha hecho. Esto parte un poco de la necesidad de poder comunicarse, no solo con nuestro país, sino con otras personas de otros países. 

Hay un libro de Stephen King, maestro del terror, sobre la escritura, en el cual dice que le gusta empezar siempre sus historias desde un terreno en donde todo el mundo pueda identificarse con lo que está sucediendo: la casa, la familia, el suburbio, la pareja, los hijos, el colegio. O sea, estos problemas que le suceden a personas como nosotros y que de repente se empiezan a volver una historia de terror, por lo que sea: un monstruo, un asesino, una pesadilla, un sueño o un hotel que parece ser normal y realmente está embrujado. Ahí hay un terreno para explorar y donde podemos realmente crear nuestras historias locales, propias, pero que puedan viajar de alguna manera y que personas no colombianas las puedan entender. Todo, obviamente, acompañado de una buena factura, de rodearse de un equipo técnico con mucha preparación para que las historias que hagamos tengan un nivel técnico que pueda competir.

¿Qué diferencia a Llanto maldito de la oferta de terror o películas fantásticas que hay en el mercado, en plataformas o que podemos disfrutar en diferentes latitudes? 

Hay muchas películas. El terror hoy en día se ha vuelto mucho más serio, por decirlo así. En los festivales se lo están tomando más en serio porque por muchos años tuvimos solo a El Exorcista y a El Resplandor como grandes referentes. De unos años para acá, casi todos los festivales han abierto una sección de terror y han hecho que muchos directores y directoras creen historias de este género que tengan contenido y no solo sean los efectos especiales, el monstruo o la capacidad de generar susto. 

‘Llanto maldito’ se alimentó de esas películas que existen, pero obviamente en ese mar de películas hay muchas que no tienen realmente un deseo de contar una historia sobre un personaje. Llanto maldito no es la única película que lo hace, pero realmente son pocas las que se logran hacer bien, y eso es poder contar una historia de personajes, en la cual hablemos de unos miedos que son reales: el miedo a perder un hijo o el miedo a ser madre, el miedo a ser padre, el miedo a que el matrimonio fracase. 

¿Cuál es esa alquimia que tiene Andrés Beltrán para poder transitar de una manera tan virtuosa en todos los géneros? 

Es siempre acercar las historias a algo humano que yo pueda entender o comprender. Si no es muy difícil dirigir un rodaje. Si estamos haciendo algo de época, de un personaje real como Bolívar o Santander, me pregunto qué puedo reconocer de estos personajes que yo sea o que yo tenga, o que la gente que yo conozco tiene, y me agarro de eso. Así sea un musical o una película de terror, buscar la esencia humana del proyecto y que yo pueda agarrarla para aterrizarla; así podré trabajarla con los actores. Las cosas técnicas y de forma tienen que estar acompañadas de una esencia, que en últimas se reduce al personaje, a la historia y al actor. Si uno toma ese camino, básicamente se podría ir por cualquier género porque realmente uno está contando historias de personajes. No es una historia de género, es una historia de personajes que están dentro de un género que uno ha escogido o que el escritor ha escogido porque le caza muy bien a esa historia de ese personaje. 

Y ahí me surge una nueva pregunta: ¿qué tiene de particular y de especial su cinematografía?

Esa pregunta es difícil porque hace alusión a una cosa que llaman el estilo, y muchas veces los directores se debaten entre si tienen o no tienen un estilo. Y si lo tienen, no quieren enfrascarse en él porque se vuelve una camisa de fuerza. Yo siento que a mí me gusta que eso se mantenga en un terreno más inconsciente y no analizarlo tanto. Las decisiones que tomo muchas veces vienen de un lugar al que yo no puedo acceder tan fácil, que es inconsciente o intuitivo. 

Obviamente, sí hay una tendencia. En general, a mí me gusta mucho –y esto ya es algo que trasciende el género– crear tensión y creo que ahí viene lo que yo más he consumido en mi vida. Las referencias que más he visto tienen que ver con los géneros que se acercan más al suspenso, al crimen, al terror, y esos en esos géneros la tensión es muy importante. La tensión que se genera constantemente con la cámara, que no vemos, lo que vemos, el plano que te deja ver algo pero que no te deja ver por completo. Casi siempre tiendo a crear suspenso y tensión en la mayoría de las cosas y es lo que más me atrae.

¿Cuál es su película de terror o de suspenso preferida?

Sin duda alguna, El resplandor, de Stanley Kubrick. Es la que yo sigo viendo y analizando, sobre todo porque Kubrick no era un director de terror y probó un montón de géneros. De hecho, esa es mi película favorita de Kubrick también porque no todas son fáciles y esta es la que yo siento que conecta muchas cosas que tenía por ahí. El exorcista también me parece que es una gran película y un referente. Y de las nuevas hay muchas. Incluso referentes de Llanto maldito; por ejemplo: The babadook, de Jennifer Kent, una película australiana que habla sobre ser madre luego de una pérdida; esa es una gran referencia de una directora que tampoco era de terror. Oculus, de Mike Flanagan, quien sí se ha dedicado a hacer terror y tiene una serie que recomiendo llamada The haunting of hill house. Me encanta la sutileza con la cual crea suspenso, lejos de esa vaina de estar asustando con sonidos.