El reconocido periodista y escritor Juan Gossain critica la Constitución y, por igual, al Gobierno y a la oposición. Y del periodismo dice: “El guardián del manicomio se volvió loco”. 

Gossain se retiró del periodismo radial para dar paso a las nuevas generaciones y para dedicarse a escribir.

Por Anamaría Vásquez Caro

Periodista

Juan Gossain Abdallah no necesita presentación. Se retiró de la radio, su gran ventana periodística, hace 11 años, pero sigue vigente con sus crónicas escritas, en las cuales escudriña el alma del país. En Cartagena, durante la primera entrevista presencial que concede en medio de la interminable pandemia, habló de lo humano y lo divino; de los políticos, de la corrupción, pero también de sus padres, su pinta, sus libros y sus queridas palabras. 

Alternativa: Al presidente Iván Duque le ha tocado uno de los momentos más difíciles de la historia de Colombia, aún no superado. ¿Cómo analiza esta situación?

Juan Gossain: Ante lo que está pasando en Colombia, hay que ayudar a no agravar más la situación, pero te voy a responder lo que pienso desde el primer día sobre este tiempo de pandemia, crisis social, protestas y desórdenes. Yo les dije a mi familia y a unos cuatro amigos: ¿cómo es que el presidente Duque va a presentar la reforma tributaria que anunció sin convocar al país? ¿Cómo quiere que políticamente lo respalden? Si necesitan meterle impuestos a todo el mundo, entonces ¡convoquen a todo el mundo, por Dios! Es la única manera de ir buscando consensos. El gran error fue ese. 

Al presidente Duque también se le critica por gobernar con ‘amigos’.

En estos tiempos tan complejos, claro que no se pueden admitir los ‘amiguismos’ en los cargos públicos. Sin embargo, he notado también que el gobierno ha aprendido a golpes. El plan para mover el empleo juvenil me parece una excelente idea. Estamos viendo manejar la cosa un poco mejor que antes, porque fue ese mal manejo el que nos llevó a la crisis.

El periodismo le enseña a uno que no se puede ser políticamente tajante cuando los políticos cambian tanto.

La Constitución de 1991 cumplió 30 años y está demostrado que no es la pieza perfecta que nos vendieron. ¿Hay que reformarla o cambiarla?

Me alegra que lo digas con esa claridad. Esto no admite más oscuridades ni más disimulos. La elección popular de alcaldes, aprobada en 1986, y la de gobernadores, aprobada por la constituyente en 1991, tenían una nobleza democrática: que fuera el pueblo quien escogiera a sus gobernantes locales. Pero no contaron con la perversidad de la clase política colombiana, que se frotó las manos y dijo: “Ahora tengo más cargos para contratar; ahora no solo tengo los presupuestos nacionales, también los departamentales y municipales”. Y mire la crisis que hemos creado. La Constitución de 1991 es uno de los principales factores que han contribuido al estado de postración por la corrupción, porque facilitó el camino a esto.

¿La corrupción es el gran problema del país?

Que no se equivoquen los colombianos: el peor virus que nos ha llevado a la miseria no es el de la pandemia, es la corrupción. La covid daña el cuerpo y mata, pero la corrupción no solo produce la muerte del cuerpo, sino de las ideas, las ilusiones, la moral. ¡Por Dios, cuándo habíamos pensado que llegaría el día en el que estarían presos los expresidentes de la Corte Suprema! Es que la corrupción de la justicia ya no se puede pensar en los límites del juececito del pueblo. Dos expresidentes de la Corte están en la cárcel, un tercero está huyendo por todo el mundo. ¿Cuántos más están detenidos? ¿Cuántos parlamentarios y exalcaldes de ciudades tan importantes? La corrupción nos tiene ahogados y el arma de la que se valió, sobre todo para arrancar, fue la Constitución de 1991, que se volvió utópica.

Desde antes de su retiro, en 2011, Gossain se estableció en Cartagena.

Pasemos a otro tema. ¿Una organización como Fecode debe ser suspendida por falta de calidad académica o porque es un ‘nido de comunistas’?

No. Lo más dañino ha sido la falta de calidad académica. Uno se pregunta, sinceramente porque la sinceridad es otro de los elementos que necesitamos de urgencia en Colombia y porque llegó la hora de decir las cosas como son–: ¿Esos son los profesores que están educando a los hombres del futuro? ¿Esa es la calidad académica? Si esa es la calidad académica de la agremiación, ¿debo suponer que corresponde a la misma calidad de la educación que dan? Pero no es solo Fecode, también los sindicatos de trabajadores y los gremios profesionales.

¿La salud también cojea?

Sí, algo tan fundamental en la vida de cualquier sociedad, como la salud, también está corrupta. He investigado todo desde el punto de vista de hospitales, clínicas y EPS. ¿El factor humano en dónde está? A los médicos y enfermeras no les pagan; al que le pagan, le reducen el salario. Esto no puede seguir así. El trabajo es reunir, oír y sacar conclusiones. Y no es convocar a unos empresarios que se quieren hacer ricos abriendo EPS, es a todos los actores de la salud. ¿Los gremios médicos están participando? ¿Los están dejando participar? No. ¿Cómo transformamos al país si los elementos más importantes de la vida social, la educación, la salud, la justicia, están al garete?

Al error de Duque de no convocar para una reforma tributaria en plena pandemia, la oposición respondió con otro error más grave: provocar destrucción en las calles.

Petro es visto como el gran promotor de las protestas y la violencia recientes, pero finalmente parece que la gente se cansó y hoy le pasa factura con una alta desfavorabilidad. 

Al error de Duque de no convocar para una reforma tributaria en plena pandemia, la oposición respondió con otro error más grave: provocar destrucción en las calles.

Siempre he dicho, a raíz de todo este descalabro provocado por la izquierda, que ellos no se están dando cuenta de que el país se les va a venir en contra. La gente se está asustando; se les volteó, porque romper buses, dañar casas ajenas, destruir comercios, cerrar las carreteras e impedir que llegue la comida, todo eso da respaldo extremista, pero no electoral. Mira las encuestas de hoy: la gente comenzó a echar reversa. Se equivocaron todos: los de la derecha y los de la izquierda. Los del centro nunca se equivocan, porque no saben qué van a hacer.

Colombia se nos volvió un país de locos. ¿La prensa tiene mucha culpa?

Hace mucho quería que me hicieran esta pregunta. La sociedad colombiana, como todas las sociedades, atraviesa períodos de locura. Este país se nos volvió beligerante, conflictivo y está dividido entre petristas, uribistas y, ahora, derechistas. Es una cosa de locos. Las sociedades son como los manicomios: debe haber un guardián. El guardián del manicomio aquí es la prensa, porque es quien debe orientar a la sociedad y ayudar a conformarla, pero en Colombia el guardián del manicomio se volvió loco. La prensa está en las mismas: uribistas, petristas… El periodismo le enseña a uno que no se puede ser políticamente tajante cuando los políticos cambian tanto. El guardián del manicomio no puede ponerse de parte de ninguno de los pacientes. La izquierda a veces tiene cosas buenas; la derecha, también. No puedes radicalizarte. “Si la sal se corrompe –dice la Biblia– quién salará la tierra”. La sal del mundo es la prensa. 

Su apartamento en la ciudad amurallada está lleno de libros, reconocimientos y obras de arte.

¿Qué deberíamos hacer los periodistas hoy? 

En estos momentos los valores periodísticos cobran actualidad: La verdad por encima de todo, la imparcialidad, la ecuanimidad, la independencia. Pero aquí nuestra prensa está siendo afectada por razones económicas, políticas y sociales. La prensa está para entender que a veces la razón la tienen unos y a veces, los otros. La fórmula democrática consiste en tomar de cada uno lo que tiene de bueno. Cuando los ingleses crearon su nación, los gobiernos liberales aceptaban ideas conservadoras y los gobiernos conservadores, ideas liberales. Es la única manera porque, de lo contrario, sería una tiranía.

¿Cuál es, entonces, su partido político?

El periodismo es mi partido político. Somos nosotros los periodistas los que tenemos la responsabilidad de orientar, guiar al país. Debemos ser los celosos guardianes de la salud política de este país de locos.

Durante 52 años de vida periodística has conocido a varios presidentes de Colombia. ¿Con cuál de ellos hubo más empatía? 

Sólo ha habido dos o tres que me han impresionado. Hay uno, tal vez el menos amigo personal mío y a quien más he admirado como mandatario: Carlos Lleras Restrepo. Tenía una característica que pocos presidentes han tenido: estaba preparado para serlo; tenía una formación extraordinaria en temas de Estado, política, economía y administración pública. Otro que me causó una impresión profunda desde lo humano, por sus sentimientos y su sentido del humor, fue Guillermo León Valencia. Uno que no conocí -llegué cuando ya había salido- es Alberto Lleras Camargo. Es por quien más he sentido admiración intelectual como escritor, periodista y director de medios.

La covid daña el cuerpo y mata, pero la corrupción no solo produce la muerte del cuerpo, sino de las ideas, las ilusiones, la moral.

¿Y Álvaro Uribe?

Hemos estado muy cercanos. Hay cosas de él que comparto y cosas que no. El señor Uribe tiene unas virtudes que admiro mucho: su carácter, su entereza, su integridad. Pero a veces tiene testarudeces y eso no está bien en un hombre que tiene que gobernar un país con tantas voces distintas. Esta época ha resultado tan conflictiva porque los jefes políticos de hoy no tienen vocación de entendimiento sino de confrontación, y Uribe es uno de ellos.

¿Juan Manuel Santos si es el personaje maquiavélico, que dicen que es? 

Yo lo conozco muy poco. Yo me vine a Cartagena cuando él iba comenzar a gobernar. Así que no lo conocí bien. Un día, en el año 2014, recibí una llamada de la Presidencia y era él; estaba en la Casa de Huéspedes. Me dijo: “Juan, usted que era tan amigo de Gabriel García Márquez, ¿ya supo que falleció, y las cenizas van a repartirse entre México y Colombia? Quiero que me acompañe a México al acto ceremonial con el presidente de allá”. Le contesté: Señor presidente, hay dos cosas que no hago en la vida, ni siquiera separadas, y usted me propone que las haga juntas: montar en avión e ir al entierro de un amigo. Y no fui. 

¿Y se resintió?

Sé que se resintió, sobre todo porque cinco días después Mercedes llegó con sus hijos Rodrigo y Gonzalo a Cartagena y me pidieron que yo recibiera las cenizas de su padre. Y no pude decir que no. Además, fue un honor inmenso que Gabo pidiera que fuera yo quien lo llevara con su familia al patio del Claustro de La Merced. Ese día, mientras pronunciaba el discurso, reconocí que hay momentos de la vida en los que uno debe rectificar sus posiciones. Santos no pudo comprender que las razones eran poderosas, espirituales, que no eran motivos de ir o no ir. Además, yo siempre he dicho: Muerto don Miguel de Cervantes, el mejor novelista que ha producido la lengua española es García Márquez.

Fotos: Manuel Pedraza / Manuel Pedraza Producciones

La corrupción nos tiene ahogados y el arma de la que se valió, sobre todo para arrancar, fue la Constitución de 1991, que se volvió utópica.

Gossain más personal

El padre

“Es el ser inolvidable que me enseñó las cosas claves de la vida. Recuerdo una anécdota de cuando yo tenía 8 años. Mi padre pasaba todo el día sentado en un taburete en la puerta de su pequeña tienda, leyendo el Diccionario de la Real Academia como si fuera una novela. Un día llegó una señora con nombre de personaje del libro de los mormones, Bruniquilda Morelos, y le dijo: ‘¡Ay, don Juan! Yo recuerdo que cuando usted llegó a este pueblo no sabía ni dar las gracias en español. Mire ahora cómo habla de lindo’. Mi padre sonrió y le dijo: ‘Mijita que no supiera dar las gracias no tendría ninguna gravedad. El asunto es peor: no era el idioma, era el abecedario; tus letras no son las mismas mías. Cuando llegué a este pueblo no sabía si la O era redonda o cuadrada’. Y a mí, su hijo, el heredero del libanés, lo hicieron miembro de la Academia de la Lengua”.

La madre

“Si soy periodista es por mi madre. Cuando me ofrecieron irme para Bogotá, El Espectador me mandó el tiquete. Yo dije: No voy. Mi mamá y mis tres hermanas me decían todos los días: ‘Ve Juan, ve, aprendes y das un viaje. Por mal que te vaya, vuelves aquí a seguir con lo que estás haciendo’. Pero cuando yo daba la vuelta, ellas se ponían a llorar. Un día mi madre enérgicamente me espetó: ‘Mire joven, vaya por un mes, así conoce Bogotá y vuelve’. ‘Listo, así sí voy’, le dije. Fui por un mes y aquí estoy todavía 52 años más tarde. El consejo que te cambia la vida te lo da la madre. Los versos que te cambian el corazón te los da el padre”.

Recuerdo de la infancia

“En las casas de mi pueblo, San Bernardo del Viento, en esas zonas marítimas, el comedor era un salón muy bello, pero nadie almorzaba allí por el calor. En cambio, en los patios, debajo de los árboles, ponían las mesas. La de mi casa estaba debajo de uno que daba guayabas grandes. A veces estaba uno almorzando y caía una guayaba dentro del plato de sancocho, y salpicaba a todo el pueblo. En mi familia éramos siete y todos almorzábamos juntos. Yo siempre vi que en la mesa había ocho platos. ‘¿Y ese plato bocabajo con los cubiertos atravesados encima?’, le pregunté finalmente a mi madre. ‘Mijito, por si alguien llega y no ha almorzado. Hay gente que pasa hambre, tiene necesidades económicas’, me dijo. Después descubrí algo mejor: que en todas las casas del pueblo estaba ese puesto. Ese día aprendí el significado de la palabra solidaridad”.

La Biblia, el cuento mejor contado

“Es la mejor crónica que se ha escrito. Tiene doble valor: literario-periodístico y espiritual. Sí, es el cuento bien contado. Qué mejor noticia que la resurrección de un hombre. Juan el evangelista llegó con Jesús a Betania, a ocho kilómetros de Jerusalén, a la casa de Marta y María, porque su amigo Lázaro estaba enfermo. Y dice Juan que a las puertas del pueblo lo esperaban María y Marta, y cuando lo vieron se pusieron a llorar. Si tú hubieras estado aquí, tu amigo no habría muerto. ‘Llévenme a su tumba’, dijo Jesús. Quitaron la roca y Jesús dijo: ‘Lázaro, levántate y ven afuera’. Lázaro se levantó, se quitó la túnica que lo envolvía, se vistió y se fueron. ¿Te imaginas la que hubiéramos armado nosotros? ¡Extra, extra, urgente, increíble, un hombre se levantó de su tumba!”. 

El ‘oso’ mayor

“Un día, entrevisté en el Senado a un ilustre senador antioqueño. Eran los años 70. Publicamos la entrevista y no era él la persona con la que había hablado. El entrevistado lo suplantó. Ese día aprendí que hay personas que, con tal de aparecer en los medios, son capaces de cualquier cosa. Además, el suplantador no era un imbécil, las respuestas eran muy buenas”.

‘Las palabras más bellas’

“La gente me ha venido a hablar bellezas sobre el libro. Allí dije esto: Yo he notado en el lenguaje de las mujeres que las palabras más bellas tienen que ver con los sentimientos: amor, ternura, cariño. Para los hombres, las palabras más bellas tienen que ver con las virtudes varoniles: coraje, valor, valentía. Entre esas dos opciones siempre hay unas palabras hermosas y yo escogí las mías minuciosamente. Por ejemplo: árbol, sinónimo de sombra, reposo, hospitalidad. Es tan noble que le da sombra incluso al leñador, su verdugo. Es una lección que deberíamos aprender”.

Libro en el horno

“La editorial Intermedio me pidió un día unas crónicas que había escrito y publicó un libro. Quedó gustando tanto que siempre publica uno nuevo a mediados de año. Ahora saldrá ‘Colombia vista desde la pluma de Juan Gossain’”.

‘La mala hierba’, el mundo marimbero

“Telecaribe me propuso hacer algo con esa novela, pero no acepté por complicaciones legales. Todavía está vigente la propuesta de unos mexicanos de Baja California, en la frontera con EE.UU. Hay una gran posibilidad con ellos”.

De Christian Dior con abarcas

“La abarca es típica, es símbolo del Caribe, un emblema de la orilla del mar en la Costa. Además, una camisa fresca en este clima es una bendición. No veo por qué tengan que pelearse. Unas abarcas de Sampués con un pantalón hecho en París son el universo unido”.