El candidato Gustavo Petro y la fórmula vicepresidencial Francia Márquez.

Por: Carlos Alfonso Victoria- Historiador y profesor universitario. 

La disputa por la presidencia tiene acento regional. Es allí donde las cargas se desequilibran o por el contrario marcan diferencias. La hegemonía uribista parece haber llegado a su fin. Las tendencias hacia lo harían indicar. En las legislativas del 13 de marzo se escuchó el primer campanazo. Su tañido había dejado por el suelo a varios de los aspirantes del CD, quienes se quedaron con las manos vacías y con un timonel cada vez más desvencijado tras veinte años de desgate político y judicial en su condición de jefe único.

La idea que, si Antioquia cambia, Colombia cambia, comenzó a pelechar en las huestes del Pacto Histórico. Hoy los datos nos muestran que Petro y Francia se abren a paso firme ante sus competidores. Cuatro años atrás era impensable que la diferencia entre el exalcalde de Bogotá y el de Medellín, en Antioquia, solo fuera de nueve puntos porcentuales, y menos que Fajardo en su tierra natal fuera desplazado por su homólogo de Bucaramanga. Llama la atención que en ese departamento Petro tenga, en el estrato uno, una intención de voto del 34 %, doblando prácticamente a Gutiérrez con el 18 %.

¿Esta intención electoral de los más problemas refleja el agotamiento de las políticas sociales del modelo agenciado por quienes hoy detentan el poder?

En el caso del Valle del Cauca, al occidente colombiano, las diferencias son más abismales. Petro se encarama como el 42 %, mientras que el exalcalde de Medellín se ve relegado con tan solo el 17 %. En esta encuesta ya no sorprende que don Rodolfo supere a un Fajardo enmohecido por una narrativa que nunca logró superar la nube de los acontecimientos en los que se debate la sociedad colombiana. Sus generalidades, más que su llamada tibieza, le están pasando factura, al tiempo que buena parte de la bancada verde en el Congreso y las regiones saltaron a tiempo de un barco que hace cuatro años atrás desafiaba las tempestades de la política nacional.

El otro caso es el del Atlántico, terruño de uno de los clanes históricos del bipartidismo, el comportamiento de Petro es prácticamente similar al del Valle del Cauca, reflejando que el voto de maquinaria y la compra de votos parecieran ir a tono con las debacles ambientales del cambio climático. Las fotos de multitudes agolpadas en torno al candidato del Pacto Histórico parecieran trepidar en las estadísticas de gabinete. Curioso que sean los últimos vestigios de la ola verde que favorezcan a Fajardo, con el 50%, en el estrato seis, aunque en la arena caribeña solo se apunte con menos del 5 % de intención de votos. Las ballenas del Pacífico suspiran.   

Cauca, territorio golpeado por sismos y masacres, estigmatizado y vilipendiado por las castas regionales, deja ver con más nitidez la radiografía de un cuerpo social que no quiere ser desahuciado. Allí, como ha venido ocurriendo en las últimas presidenciales, los candidatos del oficialismo tienen poco que hacer frente a un electorado fracturado por un aparato colonial que, aunque se vista de seda, poco tiene que ofrecer en materia de tierras y paz. Es tal vez el departamento donde Gutiérrez tiene menos acogida. Su 12 %, apenas es el reflejo de una candidatura racializada por narrativas montañeses que desdibujan el alma de la Nación interétnica. Es el trago amargo de la chicha de maíz.

En las tierras de Risaralda, erigido como el Vaticano del uribismo,  se nota que el incienso discursivo no le hace mella a las nuevas cofradías que visten otros hábitos: los del cambio. La diferencia entre Federico y Petro se reduce. Las campanas doblan y los feligreses se arremolinan para dar cristiana sepultura a un cuerpo político vulnerado por la esclerosis institucional. Los pactos con el diablo atribuidos al cordobés, poco asustan a una juventud desesperada y desesperanzada. Ahora le tienen miedo a seguir viviendo en medio de la pobreza y el no futuro. Lucas Villas y no el demonio los enardece, y serán las urnas las que hagan las veces del juicio final. Amén. 

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