repensar el derecho en colombia

La lucha de Arias

ÁLVARO RODRÍGUEZ ACOSTA

Presidente Revista Alternativa

Queridos lectores,

En días pasados, el país asistió a un nuevo capítulo en la convulsionada historia judicial de Colombia, en lo referente a la situación de Andrés Felipe Arias, exministro de Agricultura.

En este tema, es difícil encontrar a alguien que no tenga ya una innegociable postura tomada con respecto de la viabilidad o no, de la sentencia de la Corte. No vale la pena entonces tratar de debatir en un escenario, donde las posturas se adoptan, con la rigidez de las pasiones políticas, olvidando la importancia que en una verdadera democracia y en un Estado de Derecho, siempre es una buena noticia que exista una institucionalidad, que en contra de todas las presiones y pasiones que desprende el debate público, se decida a adoptar una decisión con la que garantiza algunos de los derechos humanos a una persona, que lleva luchando por muchos años, la creencia de que no tuvo, en algún momento de su vida, esa oportunidad.

Eso no puede ser cuestionable, pues Arias ha demostrado en este proceso, una capacidad de lucha, perseverancia y una fuerza espiritual indoblegable que hay que resaltar y admirar, más allá de la orilla política en que nos encontremos.

Hoy la Corte Constitucional le da la razón en algo, que todos veíamos improbable, no solo porque afectaba la fuerza de un fallo de la Corte Suprema de Justicia, sino que desafiaba a muchos sectores de los medios de comunicación que, seguramente tratarán de satanizar al que se atreviera a reconocer algún beneficio para el individuo, que ellos llevaban desacreditando por representar a un partido político y defender las ideas de un expresidente de la República.

La Corte con este amparo, no solo está mandando un mensaje jurídico específico del derecho humano a la doble conformidad, sino que está mandando el mensaje que todos tenemos la capacidad de luchar por una garantía legítima “como es la doble instancia”. Esto es muy importante. Es el espíritu auténtico de una democracia, de un estado liberal, de una sociedad civilizada y de una justicia fortalecida y despolitizada.

En Colombia hay mucho por luchar, por contar con una institucionalidad capaz de reconocer los derechos de los individuos y aceptar un instrumento vinculante, como la Convención Internacional sobre los Derechos Humanos y el Pacto Internacional de los Derechos Civiles y Políticos.

Este es el verdadero camino. Que Dios ilumine a la Corte.

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