La violencia doméstica y el desempleo arrasó con sus vidas y cerró muchas de sus oportunidades. Pese a la relativa recuperación del país, las cifras para las mujeres continúan siendo desastrosas o van a un ritmo muy lento.

Por Ana Luz Castillo Barrios

Periodista Revista Alternativa

Andrea Paola Cotacio es una estilista bogotana de 39 años. Ha dedicado toda su vida laboral a hacer que las mujeres se vean bellas, sin importar la ocasión. 

Pero llegó la pandemia y todo su mundo se derrumbó. Apenas inició la cuarentena, el salón de belleza donde laboraba cerró. Su esposo estaba desempleado en ese momento, y para poder responder al menos por lo necesario para Silvana, la hija de cinco años de los dos, se vio obligada a arriesgar su vida prestando servicios a domicilio. Pero casi ninguna de sus clientas la llamaba por el simple miedo al contagio. 

Así las cosas, el panorama para ella y su familia se tornó oscuro, aterrador, desolador. No obstante, ella siguió haciendo la tarea todos los días, al menos para lograr llevar alimento a su casa, mientras su esposo consiguió un empleo informal como cuidador de perros. Por supuesto, tenía que permanecer la mayor parte del tiempo en la calle. Hace seis meses él falleció por culpa de la covid-19. Fue fulminante. 

Ahora Paola continúa la vida sola, mientras con desesperanza ve que aquí, en su país, no tiene opción de salir a flote. “Sin embargo, me siento más guerrera que nunca por tener que sacar adelante a Silvana. Eso sí, qué bien vendría un apoyo del gobierno o de alguien. Estamos pasando muchas necesidades. Que me den la oportunidad de trabajar sería una bendición”. 

Esto no es ficción. Es la narración de la realidad que hoy pueden estar padeciendo miles de mujeres en Colombia y en el mundo. 

Y no solo la cruda realidad, sino también las estadísticas evidencian que las ellas se han llevado la peor parte de los embates de la pandemia. Aunque se habían logrado avances importantes en el cierre de brechas de la equidad de género, este retrocedió alrededor de 10 años.

Como lo ha señalado Phumzile Mlambo-Ngcuka, directora ejecutiva de ONU Mujeres, en una intervención reciente, «los avances modestos logrados desde 1995 hoy están bajo amenaza”. En Colombia, por ejemplo, ha sido reconocido por el Estado, “que el retroceso que han tenido sus derechos durante la pandemia es dramático. Estos han sido recortados, restringidos, violentados”, tal y como lo describe la investigación Derechos de las mujeres y las niñas durante la pandemia de covid-19 en Colombia de la Corporación Sisma Mujer, publicado en noviembre de 2020. 

Andrea Paola Cotacio, víctima de los estragos sociales de la pandemia. Si desean ayudarla pueden comunicarse al 3117559765. 

Pese a los índices de recuperación del país que se han mostrado en todos los medios de comunicación, la realidad es que estos no se reflejan de manera positiva en el panorama del género femenino. 

Contrario a lo que registró en su momento el Instituto Nacional de Medicina Legal, la investigación de la ONG también describe cómo el impacto de la pandemia repercutió en la integridad de adultas y niñas, conforme con datos suministrados por la Fiscalía General de la Nación, la línea 155 (atención a mujeres víctimas de violencia), el Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE), artículos académicos y estudios de organismos regionales e internacionales. 

“El confinamiento impuso restricciones a la movilidad y redujo las posibilidades de que las víctimas pusieran sus casos de violencia en conocimiento de las autoridades”, puntualiza Linda Cabrera, directora de Sisma Mujer. 

La triangulación de datos que efectuó la Corporación reveló el incremento de las violencias contra las mujeres en el marco de la cuarentena por la “exacerbación de mandatos patriarcales” principalmente. 

Un estudio de la Cepal indica que el desempleo se duplicó en las mujeres de la región, entre 2019 y 2020, pasando del 12 % al 22 %.

A ello se suma que quienes más se vieron obligadas a enfrentar la situación derivada de la covid-19 en la infraestructura de los sistemas de salud, según el estudio de la ONG, fueron las mujeres; para el caso de Colombia, estas ocupan el 70 % de los cargos operativos del sector, mas no de liderazgo, y con salarios menores a los que reciben sus pares.   

Violencia en casa 

Según la Fiscalía, la violencia intrafamiliar ha sido el delito más denunciado durante la cuarentena después del hurto. De marzo a noviembre de 2020, la razón principal para comunicarse con la línea 122 la constituyeron las denuncias por delitos contra la familia (violencia intrafamiliar), las cuales representaron el 76 % del total de llamadas recibidas.

De enero a octubre de 2020 hubo:

  • 1.646 procesos por acoso sexual, lo que indica que cada 4 horas se registró un hecho de este tipo. 
  • 81.033 procesos por violencia intrafamiliar, es decir que cada 5 minutos se dio un suceso tipificado en este delito. 
  • 295 procesos por feminicidios, lo que tristemente revela que por cada día del confinamiento, una mujer fue víctima mortal del ataque de su pareja o cercano. 

En este sentido, y tras la declaratoria de Emergencia nacional por violencia machista, que la Consejería Presidencial para la Equidad de la Mujer notificó en 2020, esta dependencia gubernamental reveló que hubo un incremento del 11 % en las denuncias por violencia intrafamiliar entre enero y agosto de ese año, en comparación con las cifras del mismo periodo en 2019. 

Por su parte, el Sistema Integrado de Información sobre Violencia de Género20 (Sivige), del Ministerio de Salud y Protección Social, confirmó que entre el primero de enero y el 26 de octubre del año pasado, la Fiscalía le reportó 23.032 víctimas de violencia sexual; de ellas, el 85,53 % correspondió a mujeres; y 75.799 víctimas de violencia intrafamiliar, 79,15 % de ellas de género femenino.

En el 70,26 % de los casos el victimario fue la pareja o expareja; en el 29,48 % de los casos, un familiar; en el 0,22 %, un conocido; y en el 0,04 % de los casos no existía relación o vínculo.

Desde el inicio del confinamiento, Sisma Mujer habilitó la línea de atención para las mujeres que requiriesen acompañamiento psicojurídico; anteriormente prestaban el servicio de manera presencial. “Durante el aislamiento preventivo, el incremento en el número de atenciones respecto a 2019 ha sido de 153,7 %”, precisa la ONG en su informe. 

Preocupa, además, que se haya presentado un incremento del 300 % en el número de suicidios de mujeres, desde el inicio de la pandemia hasta el corte del primer semestre de 2021, cuya motivación, según datos del Instituto de Medicina Legal, fueron hechos de maltrato físico, sexual o psicológico.

Pese a que la violencia contra las mujeres se recrudeció durante el confinamiento, lo paradójico es que, por tener al victimario en casa, las denuncias se redujeron.  Informe de la Corporación Sisma Mujer

A estas alarmantes cifras se suma la identificación de que la amenaza se agudiza cuando las mujeres denuncian. “Paradójicamente, romper el silencio, acudir a una institución y dar a conocer la violencia de la cual son víctimas, resultan ser otros factores de riesgo”, precisa Linda Cabrera.

Linda Cabrera, directora de la Corporación Sisma Mujer.

Ni hablar del desempleo… 

La profundización de las brechas de género en el campo laboral fue más que evidente durante la cuarentena y aunque la tasa de desempleo de la población femenina históricamente ha sido mayor que la de los hombres, en julio de 2020 la cifra de desempleo en ese género se ubicó en 26,2 %, siendo el peor registro de la historia desde que existen datos comparables, de acuerdo con los informes del DANE. 

Aunque la recuperación del empleo se ha venido dando en el segundo y tercer trimestres de 2021, la cifras del organismo estadístico indican que esta va a un ritmo mucho más lento para ellas. Para el trimestre entre junio y agosto de este año la tasa de desempleo de las mujeres se ubicó en 18,1%, mientras que para los hombres fue del 10,6%. 

“Las mujeres jóvenes desocupadas de 14 a 28 años corresponden al 44,8% de las desocupadas”, indica el más reciente reporte del DANE. 

Por su parte, las cifras de la Consejería Presidencial para la Equidad de la Mujer destacan que de enero a agosto de 2020, 1’598.901 mujeres informales dejaron de trabajar, cifra que representa el 25 % de ellas anteriormente ocupadas en el renglón de la informalidad.

Asimismo, la pandemia ha impactado particularmente a aquellas de menor nivel educativo, con menores recursos y con empleos más precarios. Las mujeres que desempeñan actividades informales o son cabeza de hogar enfrentaron una reducción de sus ingresos del 93 % en comparación con los de los hombres. 

“Las mujeres pierden su estatus en el mercado laboral –disminución de salario–. Las trabajadoras formales cambian a trabajos informales. Las trabajadoras informales pasan a estar desempleadas. Las mujeres desempleadas pasan a estar inactivas, y las mujeres en ‘inactividad’ pasarán a realizar trabajo de cuidado no remunerado”, reflexiona la economista y especialista en políticas públicas Ana María Tribín. 

En el panorama regional, un estudio de la Cepal mostró que el desempleo en este grupo poblacional prácticamente se duplicó en los últimos años, pasando del 12 % en 2019 a 22 % al cierre de 2020, mientras que Naciones Unidas dice que hay 128 millones de mujeres en situación de pobreza en Latinoamérica, 23 millones más que en 2019. 

“En resumen, esto de la pandemia ha sido un desastre para ellas. Está claro que hay una amplia brecha de género que se profundizó con la crisis sanitaria. El cuidado del hogar en zonas urbanas en un 88 % está a cargo de las mujeres. Eso es algo muy revelador”, opina por su parte Claudia Varela, creadora de la iniciativa #MujeresSinEtiqueta y autora del libro DiversiQ, que se lanzará en el primer semestre de 2022. 

Claudia Varela, creadora de la iniciativa #MujeresSinEtiquetas.

En este sentido, la activista plantea que llegó el momento de que en Colombia se dé la discusión sobre la posibilidad que las amas de casa, quienes vieron multiplicadas sus obligaciones, responsabilidades y tareas en el hogar durante la pandemia y así continuarán por mucho tiempo –de acuerdo con las estimaciones de las expertas consultadas– reciban una remuneración o por lo menos un pago de su seguridad social que les permita garantizarles una pensión para su vejez. 

Al respecto, Varela nos comenta: “Es un debate que tendría todo el sentido de la lógica y la justicia en este país. Tenemos como ejemplo a Ecuador, país que en 2015 ratificó la Ley de Justicia Laboral, en la cual se establece que las mujeres que cumplen labores domésticas reciban una remuneración que les permita cotizar a su pensión, mediante aportes compartidos entre la familia y el gobierno. Si eso es ya una realidad allá por qué no podría serlo en Colombia. Creo que sería una excelente iniciativa”. 

“Llegó el momento de que en Colombia se dé el debate sobre una remuneración justa y lógica para las amas de casa”.  Claudia Varela

“El trabajo de cuidados, que recae principalmente sobre las mujeres de forma no remunerada, debería ser un bien público reconocido. Ellas son quienes están cuidando el legado –a las personas mayores–, el futuro –a los niños, niñas y adolescentes– y al planeta”, expresó en un discurso Alicia Bárcena, secretaria ejecutiva de la Cepal.

Cuando le preguntamos a Andrea Paola qué opina sobre esa posibilidad, se apresura a contestar: “Ver para creer… ¡Pero que se vea ya!”.