Son 2.219 kilómetros de frontera entre Colombia y Venezuela. Una línea divisoria que no ha estado exenta de conflictos políticos, económicos y por supuesto de seguridad. Los últimos siete años han estado marcados por los altibajos de las relaciones entre Bogotá y Caracas. Mucho más álgidas a partir del 2019 cuando Nicolás Maduro rompió relaciones diplomáticas con el entonces presidente Iván Duque.

Pero desde el 19 de agosto del 2015, la frontera colombo-venezolana se ha convertido en un polvorín que le abrió las puertas a una migración masiva de venezolanos hacia Colombia, buena parte de ellos indocumentados, con antecedentes judiciales y que ha generado una delicada situación migratoria en el país.

También le abrió la puerta a las organizaciones ilegales tanto de guerrilla y narcotráfico. El Eln y las disidencias de las Farc campean a sus anchas a lo largo de esta enorme frontera, otrora prospera en el intercambio comercial y con sus debidos dolores de cabeza por el sueño de muchos colombianos de migrar en busca de nuevas oportunidades en una economía opulenta por el tema del petróleo. Eran otros tiempos.

Los nuevos tiempos son complejos y los expertos en política internacional han pedido prudencia en el restablecimiento de las relaciones con Maduro, señalado como un implacable dictador por buena parte de los gobiernos demócratas del mundo. Washington, sigue con atención y expectante a esta nueva relación, especialmente por las estrechas relaciones que existen entre Maduro y Putin; así como el gran aumento de rutas que utilizan las organizaciones del narcotráfico para el envío de coca hacia el mercado americano.

A la vanguardia

Narcotráfico, contrabando, delincuencia, migración ilegal, hacen parte del cóctel que se mueve a lo largo de la frontera entre los dos países.

Fundaredes, una organización no gubernamental que desarrolla su trabajo en Venezuela, realizó recientemente un diagnóstico sobre el tema de inseguridad que se vive en la frontera. De acuerdo con el estudio presentado a finales de agosto pasado, las desapariciones en el corredor fronterizo aumentaron en un 50% comparado con el mes de julio.

En este mismo mes, se presentaron 65 homicidios, 36 desapariciones o secuestros y seis enfrentamientos armados, cifras que muestran la magnitud del problema de inseguridad que se debe abordar ahora con el restablecimiento de relaciones entre los dos países y la apertura de la frontera.

Para analistas de inteligencia de las fuerzas militares, consultadas por la Revista Alternativa y que pidieron reserva de sus nombres, el asentamiento en territorio venezolano del Eln, las disidencias de las Farc, los grupos de la segunda Marquetalia y las organizaciones del narcotráfico, se convierten en el tema más neurálgico de esta nueva etapa de relaciones diplomáticas entre los dos países.

El espiral de violencia fronterizo llevó a que las fuerzas militares colombianas comenzaran a trabajar tanto en el tema de inteligencia como el operativo, en la doctrina “Amenazas Híbridas”.

Ese cambio para enfrentar los grupos que operan al otro lado de la frontera, ha permitido que inteligencia del Ejército haya podido detectar cómo las pequeñas organizaciones dedicadas tanto a la delincuencia como al narcotráfico, terminaron arropadas tanto por la guerrilla como por las organizaciones de narcotráfico.

En ese contexto, el trabajo de inteligencia ha permitido reorientar las acciones militares que permitan del lado colombiano de la frontera, un mayor control en la movilidad de estos grupos, además de la desarticulación de varias bandas y cabecillas dadas de baja.

No obstante, no ha sido una tarea fácil porque en el lado venezolano están guerrilleros del peso de “Romaña”, “el Paisa”, “Santrich”, que ayudaron a fortalecer las estructuras ya existentes que estaban bajo las órdenes de John 40, considerado hoy por inteligencia militar, el mandamás en el manejo de los negocios de la droga.

Pero la ley del fusil entre las mismas organizaciones ha dado cuenta de la muerte de varios de estos cabecillas, así como el ataque realizado por un comando armado al campamento de Iván Márquez, cuya verdadera suerte hoy todavía no es muy clara.

“El espiral de violencia fronterizo llevó a que las fuerzas militares colombianas comenzaran a trabajar tanto en el tema de inteligencia como el operativo, en la doctrina “Amenazas Híbridas””

El garante

Los expertos señalan en esta apertura de frontera será aún más complejo el manejo de seguridad. Los grupos guerrilleros se movilizan como pez en el agua en territorio venezolano y se tiene información muy sustentada que da cuenta de la participación de jefes de la Guardia Nacional en esa corrupción rampante y ahora con una movilidad oficial a lo largo de los más de dos mil kilómetros, se les facilitará aún más el negocio de la droga.

Este será uno de los grandes retos que tendrán Petro y Maduro en la relación bilateral. La convivencia abierta entre grupos ilegales y miembros de la Guardia Nacional, se convierte en un tema no menor, que requiere de una posición firme por parte del gobierno colombiano y una actuación de gobierno por parte de maduro para poner en cintura a miembros de la seguridad de su país.

Pero no solo será el tema de un mayor control de seguridad que requiere la frontera por parte de las fuerzas armadas de Venezuela. Ahora, está sobre la mesa que el gobierno de Maduro sea uno de los garantes de las negociaciones de paz que se van adelantar con el Eln.

Si bien la historia del conflicto armado en Colombia ha mostrado que Venezuela ha jugado un papel importante en los procesos de paz, también es claro que hoy no es lo mismo que ayer y la comunidad internacional, especialmente Estados Unidos tiene los ojos puestos sobre Maduro al que considera un dictador en toda la dimensión de la palabra.

En la reciente reunión de la ONU, fue señalado directamente de utilizar sus organismos de inteligencia para violar los derechos humanos y cometer crímenes de lesa humanidad. Por ende, su participación como garante del proceso con el Eln y posiblemente con las disidencias de las Farc no va a ser fácil y le podrá traer serios problemas a Petro.

El comercio

Quizás uno de los mayores alivios que reciben los dos países con la apertura formal de la frontera será el comercial. Para el ministro de Comercio Exterior, Germán Umaña, la frontera entre los dos países es “la más viva de Latinoamérica”.

Las cifras lo respaldan: en el 2008 el comercio bilateral movía más de siete mil millones de dólares. En el 2020 cayó a la fría cifra de 222 millones de dólares y el año pasado se logró cerrar ese otrora fructífero intercambio comercial por apenas 394 millones de dólares.

El embajador de Colombia Armando Benedetti ha señalado que ese será uno de sus grandes retos: lograr una mejor balanza comercial. Los más optimistas como él, señalan que puede llegar a los 10  millones de dólares. Desde Caracas señalan que los nuevos vientos diplomáticos que soplan van aumentar ese intercambio comercial. Por lo pronto, el primer vuelo directo Caracas-Bogotá, ya despegó.

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