Desde hace tres semanas, emberas  -katíos y chamíes-, procedentes de la Amazonía, La Guajira, Chocó, Risaralda y otras partes del país están en ese lugar de Bogotá, en minga permanente.

Las comunidades indígenas quieren que la Alcaldía de Bogotá abra mesas de diálogo para buscar diversos acuerdos. Sin embargo, el secretario de Gobierno, Luis Ernesto Gómez, se mostró escéptico sobre la conveniencia de esas conversaciones porque estos grupos se habrían gastado recursos asignados anteriormente en “licor y fiesta”.

Los recursos que les habían dado, 1.900 millones desde el año pasado, iban expresamente para la salud de los bebés y niños, y no para que los tuvieran expuestos a las lluvias en el Parque Nacional, recalcó Gómez. 

Varios menores indígenas han resultado gravemente enfermos en este campamento, lo cual tiene en alerta a las autoridades distritales. Seis de ellos tuvieron que ser llevados a unidades de cuidados intensivos por bronconeumonía y otras dolencias.

A la intemperie del Parque Nacional se encuentran más de 1.200 personas, pertenecientes a 13 comunidades. Aproximadamente, 400 son menores de edad.

Líderes de las comunidades, como Sandra Rosado, han manifestado su preocupación por las madres que están en embarazo. “El frío y las lluvias no ayudan mucho. Cuatro madres tuvieron que ser sacadas por amenaza de aborto y cinco han dado a luz en el Parque Nacional”, expresó.

Sin embargo, los indígenas no planean moverse, porque -según ellos- no hay condiciones de seguridad en sus lugares de procedencia.