Imagen: Amazon Prime Video

Las mayores atrocidades en la historia se han cometido bajo la luz de un bien común y en beneficio del orden bajo el cual se cobijan las sociedades “civilizadas”, aun cuando estas acciones impliquen el accionar de un aparato que cuenta con la fuerza de las armas y el respaldo de los estados que con beneplácito, no solo toleran y permiten el desmedido actuar de las instituciones que juraron servir en lugar de condenar.

Una historia que hizo ecos profundos y eternos en la memoria y el devenir de lo justo y lo decente.  La respuesta “feroz, clandestina y cobarde” jamás opacará la capacidad de lo humano por prevalecer y brillar ante la oscuridad, somos como especie, innatamente parte de un mundo que brille ante el imperio de la justicia.

“1985” relata en casi dos horas y 20 minutos, uno de los procesos más complejos y remarcables de la segunda mitad del siglo XX en torno a uno de los juicios que evidenciaron el actuar deleznable del exceso del poder en manos de hombres convertidos en monstruos, gracias al vigor que confieren las armas que fueron entregadas en pro de la defensa de las naciones y de las comunidades que representan. Es el juicio en contra de Videla y altos mandos de la jerarquía militar de la Argentina en dictadura que abrazó años de un oscurantismo casi medieval en el que justos y pecadores sucumbieron ante una “justicia” impuesta y absoluta, sobre ciudadanos que fueron torturados, violados y asesinados, sin mayor respeto por su condición humana, la más primaria de las concepciones sobre la existencia de un individuo.

Una película barnizada con un dorado más que perpetuo, elocuente, una metáfora del amanecer de un nuevo día. Un histrionismo no solo actoral sino interpretativo embarga las salas en las que se desarrollan los acontecimientos que pretende narrar con elementos históricos el actuar de acusados y defensores. La cámara navega en un formato casi documental que acerca al espectador a una suerte de cámara más allá de la subjetiva, es un vehículo en el cual se desprende no solo una velocidad narrativa, sino eficiente, modesta e impactante. Es una cinta que piensa en el detalle, en lo sutil y contundente, que usa los espacios y los planos en función de acercar emocionalmente al público, a un viaje íntimo y desolador, pero que compensa su dramatismo, con un halo de esperanza y brillantez.

podemos describir a “Argentina: 1985” como un intento honesto por develar aquello que a la vista de lo humano, es de forma categórica, trascendental y reconciliador. 

Protagonizada por un solemne Ricardo Darín, quizá el actor argentino más relevante de esta época,  como el Fiscal a cargo del juicio más importante contra una institución militar desde los juicios de Núremberg en la Alemania Nazi. Este, es un personaje con una brújula moral inquebrantable, un compromiso no con ganar, sino con la esencia misma de la justicia en un hecho de proporciones históricas que se convirtió en un referente mundial.

Como todas las historias de las cuales está construido el tejido de la “realidad”, esta no carece de pasiones, de ideologías y de subjetividades, aun cuando la condición de lo humano impere sobre cualquier forma de asimilar lo que se ha cimentado como “lo correcto”, ¿a los ojos de quién? y ¿qué poderes dieron esa respuesta?, es esta una película, una ficción, ¿lo es? , sobre quién recae la potestad de escribir la historia y las consecuencias de las decisiones que sobre esta categoría se realicen. No podemos observar los hechos históricos sin hacer preguntas, sin dar espacio a la duda, es pues trabajo de mentes más sabias determinar el destino del accionar humano, pero siempre habrá algo que está fuera de cualquier debate; nadie está por fuera del imperio de la ley, y podemos describir a “Argentina: 1985” como un intento honesto por develar aquello que a la vista de lo humano, es de forma categórica, trascendental y reconciliador. 

Si algo construye con maestría y excelencia esta película, es la necesidad de pertenecer a un bien mayor, provisto de alegorías que rindan tributo a la justicia y el bien común, alejando al alma humana del descenso hacia un mortuorio destino. Una historia que hizo ecos profundos y eternos en la memoria y el devenir de lo justo y lo decente.  La respuesta “feroz, clandestina y cobarde” jamás opacará la capacidad de lo humano por prevalecer y brillar ante la oscuridad, somos como especie, innatamente parte de un mundo que brille ante el imperio de la justicia.

Imagen: Amazon Prime Video

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