Por: Carlos valderrama

Con una tasa de desempleo de 9,6% y con uno de cada dos trabajadores en la informalidad, América Latina debe enfrentarse a la perspectiva de una prolongación de la crisis causada por el COVID-19 en el empleo, según el informe de Panorama Laboral de la OIT. En el caso de Colombia la situación es aún más difícil; sumada al desempleo regional, está la incertidumbre generada por la llegada al poder de una nueva corriente política, que sustenta su promesa básica en el asistencialismo social, como paliativo que contrarreste la falta de puestos de trabajo.

Es claro que el crecimiento económico registrado en 2021 de 10,7% y el proyectado para el 2022 (cercano al 6,5%) son insuficientes para recuperar el mercado laboral, acabar con la frustración y devolver el optimismo a la fuerza laboral hoy cesante.

Lamentablemente cerca del 70% de los empleos recuperados pospandemia corresponden al mercado informal haciendo que la tasa esté por encima del 43%, y esto, solo contando las áreas metropolitanas de las principales 13 ciudades, lo cual significa que en el global, claramente se supera el 50% de informalidad laboral en el país.

Los programas de ayuda social como Ingreso Solidario son la tentación del nuevo gobierno para satisfacer de forma inmediata a sus electores víctimas de la coyuntura pos-COVID; sin embargo son una trampa mortal para la economía, en la medida en que no existe una política clara que facilite el tránsito entre la recepción de los subsidios y la generación de ingresos en el mercado laboral formal. No hay modelo económico que aguante medidas asistencialistas generalizadas y permanentes, sobre todo dirigidas a población que aún es laboralmente activa, más aún si estas ayudas compiten con los posibles ingresos laborales.

La asistencia debe ser una política excepcional, dirigida a poblaciones que realmente no tienen opciones laborales por discapacidad, por edad (ancianos y niños) o condiciones especiales temporales (emergencias, o calamidades).

Históricamente es reconocido en América Latina que el 85% del nuevo empleo es generado por las pequeñas y medianas empresas, lo que hemos llamado “la era del emprendimiento” lo cual conlleva a pensar que es allí donde la sociedad y el nuevo gobierno deben poner su mayor énfasis, su voluntad política y su liderazgo.

El emprendimiento entendido como cualquier actividad nueva que hacen personas de forma individual o en grupo, generalmente con la finalidad de lograr ganancias económicas, y que cuentan con un conjunto de habilidades y destrezas como la creatividad, el liderazgo, el trabajo en equipo y la innovación. Emprender entonces incluye el proceso de diseñar, lanzar y administrar un nuevo negocio, que generalmente comienza como una pequeña empresa o un negocio emergente, ofreciendo a la venta un producto, servicio o proceso. Los emprendedores son individuos que dejan de trabajar como empleados, para administrar un pequeño negocio asumiendo todos los riesgos en búsqueda de una recompensa superior.

“La asistencia debe ser una política excepcional, dirigida a poblaciones que realmente no tienen opciones laborales”

El talento humano para desarrollar emprendimiento en Colombia no es realmente una dificultad, si hay algo que caracteriza a nuestros compatriotas es la férrea voluntad de salir adelante, su imaginación y creatividad, y el talante empresarial que históricamente el mundo reconoce.

Ahora hace falta el capital de riesgo «venture capital», se requiere de una política estatal que incentive, estimule y en ultimas obligue a los verdaderos tenedores del dinero en Colombia, es decir los fondos, para que se vinculen con porciones de sus portafolios en el apoyo, patrocinio y desarrollo de nuevos emprendimientos en todos los sectores de la economía. Se debe trabajar en un modelo, que incentive la creación de fondos especializados de capital de riesgo que le aporten al emprendimiento, los recursos necesarios para el desarrollo adecuado de todas las etapas previas que requiere una naciente compañía.

Generalmente cuando se habla de “venture capital”, o capital de riesgo, pensamos en empresas de base tecnológica, sin embargo, no todas las empresas en las que invierten los fondos de capital de riesgo son empresas de tecnología, aplicaciones o plataformas. Hay empresas que no necesariamente pertenecen a esta categoría y que bien podrían recibir inversión de capital de riesgo. Generalmente el emprendedor crea empresas que no son candidatas idóneas para acceder a capital de las formas tradicionales de financiación; a los bancos no les interesa financiar nuevas empresas, más aún, si no cuentan con flujos de caja positivos y no tienen una validación del mercado avanzada.

Lamentablemente por estos días, la reforma tributaria con el denominado impuesto al patrimonio intrínseco, (impuestos a la riqueza y los dividendos) lejos de estimular el emprendimiento y la creación de nuevas empresas, propone acabar con el próspero ecosistema de las startups en Colombia.

Esperemos que el Congreso de la República, consiente de su responsabilidad, evite que se profundice aún más esta crisis laboral que causaría despidos, y suspensión de nuevos emprendimientos.

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