El exgobernador de Antioquia está entre la espada y la pared por las investigaciones que adelantan la Fiscalía y la Contraloría por el desastre de Hidroituango y por la sustitución de una deuda en pesos a dólares. Fajardo pierde el halo de profesor inmaculado y su futuro político está muy complicado

Sergio Fajardo enfrenta una encrucijada entre lo judicial y lo político. En lo primero, su situación está relacionada con las investigaciones que adelanta la Fiscalía General de la Nación en temas muy sensibles para la ciudad de Medellín y el departamento de Antioquia cuando ocupó el cargo de gobernador, una huella que marcará su destino político, de cara a las elecciones presidenciales del próximo año, cuando aspira a llegar a la Casa de Nariño. 

Los problemas judiciales que afronta no son de poca monta. El primero tiene que ver con el desastre de Hidroituango, que es de proporciones mayúsculas y del cual todavía falta mucha tela por cortar para conocer su verdadera dimensión, el impacto en las finanzas públicas y la responsabilidad del exgobernador. 

La Contraloría General de la Nación imputó cargos por responsabilidad fiscal a veintiocho funcionarios —entre ellos, Fajardo— por el descalabro del proyecto, que supera los 4 billones de pesos. Una serie de documentos deja al descubierto la negligencia del exgobernador, pues delegó y no controló el desarrollo de la megaobra.

El segundo, aún más delicado, está relacionado con las irregularidades denunciadas por la Fiscalía en un contrato de sustitución de deuda en 2013; los análisis técnicos, financieros y jurídicos adelantados por la Policía Judicial evidenciaron que “no se habría realizado un estudio sobre la necesidad de suscribir un contrato de empréstito en moneda extranjera”. El ente acusador también señaló que “no existió una proyección que advirtiera sobre la volatilidad del dólar, ni se blindó la contratación con un seguro de riesgo cambiario”. 

Ante la Corte

Este señalamiento, en plata blanca, significa que hubo un detrimento fiscal por la devaluación del peso colombiano frente al dólar y, a corte de 2020, alcanzaría un monto estimado de 320 000 millones de pesos. La Fiscalía General de la Nación imputó cargos a Fajardo por estas irregularidades y deberá responder ante la Corte Suprema de Justicia por peculado por apropiación en favor de terceros y contrato sin cumplimiento de requisitos legales. 

La decisión de la Fiscalía provocó un tsunami político en un país polarizado como nunca. Desde una orilla cayeron rayos y centellas contra la decisión del fiscal general Francisco Barbosa, quien fue señalado de ser amigo íntimo del presidente Duque y por ello habría actuado desde lo político y no desde lo jurídico. 

El principal argumento de este señalamiento se basa en que la Fiscalía no puede volver delito el movimiento no anticipado del dólar en un mercado tan volátil como la moneda estadounidense. Agregaron que, bajo esa modalidad, deberían ser imputados todos los servidores públicos que contrataron créditos en dólares antes de 2014. “Absurdo y peligroso”, fue uno de los centenares de juicios a la Fiscalía por cuenta de su decisión de acusar formalmente al exgobernador.

En este debate intervino el exfiscal Néstor Humberto Martínez y, en una de sus columnas en el diario El Tiempo, señaló: “Fajardo es incompetente para manejar los asuntos del Estado”. Agregó que, detrás de las investigaciones realizadas por la Fiscalía de Barbosa, no hay ninguna persecución política. 

Martínez, un abogado experto en temas económicos, deja claro que, en materia de contratación pública, por mandato de la Constitución y la ley, rige el principio de planeación, de conformidad con el cual “la Administración debe realizar estudios previos, para precisar el objeto del contrato, sus riesgos y las obligaciones de las partes”. Por eso, para el exfiscal es inexcusable que Fajardo hubiera sustituido una deuda por un empréstito en dólares, sin haber llevado a cabo los estudios que señala la ley.

En medio de la polarización, la acusación de la Fiscalía contra Fajardo no es de poca monta. El ente acusador no lo señala de ser responsable de la devaluación del peso frente al dólar, sino de su indolencia al no haber efectuado los estudios correspondientes y mitigar el impacto del valor de la deuda.

En lo político 

Serán los jueces quienes tendrán la responsabilidad de definir en el plano penal si Fajardo cometió un delito. Mas, en el plano político, la situación del exgobernador no será nada fácil de cara al debate político, que será a sangre y fuego en los próximos meses, en los cuales se definirá la suerte de quienes aspiran a reemplazar a Iván Duque en agosto de 2022. 

Fajardo ha demostrado una enorme ligereza para manejar los asuntos públicos y se ha victimizado frente a la imputación que adelanta la Fiscalía, al afirmar: “Los corruptos deben estar felices con lo que está ocurriendo, porque ellos saben de qué se trata todo esto. Ellos saben muy bien en qué se mueven”. 

Tanto en el caso de Hidroituango como en el del empréstito en dólares, Fajardo ha jugado a que “todo se hizo bien”, que “para eso se apoyó en su equipo de trabajo” y que esto no es más que una cacería de brujas porque es un firme aspirante para llegar a la Casa de Nariño y transformar el país. 

En el ajedrez político, en este momento Fajardo está de segundo en las encuestas de intención de voto. Su adversario político, Gustavo Petro, que venía enfilando baterías por el tema de Hidroituango, hizo una pausa frente a la imputación de la Fiscalía y en sus redes publicó: “A pesar de todo, espero que Fajardo salga bien librado de esta acusación”.

En política, estos mensajes de solidaridad son flor de un día. Con el paso de las semanas y cuando el jefe de la Colombia Humana vea que Fajardo se atraviesa en su camino, no ahorrará calificativo alguno para atacar su campaña. Además, aprovechará la división interna de la Alianza Verde, que todavía no ha dado el beneplácito para apoyar la candidatura presidencial de Fajardo. 

En el partidor

La imagen golpeada de Fajardo no solo se está mirando en el espejo de la Colombia Humana: también se observa en el lado de la coalición que se está formando entre Federico Gutiérrez, Enrique Peñalosa y Alex Char, ubicada en la centroderecha. Si ven que Fajardo se debilita frente a los verdes y su electorado, sin duda alguna aprovecharán para darle la estocada final. 

Paso a paso, Federico Gutiérrez se ha ido abriendo camino y sabe que, con Fajardo herido de muerte políticamente, podrá crecer en zonas como el Eje Cafetero y Antioquia, donde hoy tiene un terreno bien abonado, que representa casi el 20% de su apoyo electoral. En estas dos regiones, Fajardo registra un apoyo del 18% y el exalcalde Gutiérrez sabe que, con una buena estrategia, puede captar ese electorado y convertirse en un serio postulante a la Presidencia. 

El tsunami no solo será en los partidos adversarios: también podrá presentarse dentro de la misma centro-izquierda, donde hay más de uno dispuesto a tomar las riendas que hoy están sueltas en manos de Fajardo. En primera línea están Jorge Enrique Robledo, Humberto de la Calle y Juan Manuel Galán. Todos saben que tienen la fuerza y la experiencia suficientes para sucederlo y se avecina una interesante confrontación para tener un representante sólido que enfrente las otras dos orillas: la izquierda, representada por Petro, y la derecha, que todavía no ha encontrado quien garantice continuidad en la Casa de Nariño. 

No obstante, la suerte de Fajardo no solo está en salir a flote de sus líos con la Fiscalía y la Contraloría. A sus 64 años, ya no encarna la imagen de renovación, de profesor aplicado, que tantos réditos le dieron para alcanzar la Alcaldía de Medellín y la Gobernación de Antioquia. 

El Fajardo versión XXI es la de un exmandatario que dejó muchos cabos sueltos y actuó con frivolidad en el control del gasto público en megaobras. Hoy se enfrenta a dos graves problemas para un aspirante a candidato presidencial: las investigaciones de la Contraloría como uno de los responsables del detrimento patrimonial por la descomunal cifra de 4 billones de pesos, y ahora, el nuevo capítulo de la imputación de cargos por parte de la Fiscalía y su falta de planeación para un empréstito con moneda internacional. 

Fajardo ha perdido ese halo de seminarista, de buen administrador de los recursos públicos, y ha dejado la imagen de un mandatario que, a la hora responder por sus acciones, se va por las ramas y culpa a terceros. Y eso, en materia política, frente a contendores que golpean sin piedad, es arrancar con el pie izquierdo.